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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1990

III. Leibniz


En los Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano Leibniz señala que el alma en sí misma no está enteramente vacía como tablillas en las que todavía no se ha escrito nada, esto es, como una tabula rasa, tal como podrían pensar Aristóteles o Locke en su Essays concerning human understanding.

Hay, pues, ideas y principios que no provienen de los sentidos, con los cuales nos encontramos dentro de nosotros mismos sin que los hayamos formado, aunque los sentidos nos proporcionen la ocasión de apercibirnos de su existencia.

Mas Leibniz considera que en este punto se debe distinguir entre las ideas puras que son innatas, las cuales se contraponen a las imágenes de los sentidos, y también las verdades necesarias o de razón, las cuales opone a las verdades de hecho (cfr. Nuevos ensayos, G., V, 73s).

Las ideas de razón, que constituyen el origen de las verdades necesarias, no provienen de los sentidos (cfr. NE. G.,V,77). En cambio, las ideas que vienen de los sentidos son confusas y las verdades que dependen de ellas son contingentes.

En este sentido las ideas intelectuales, tienen el privilegio de producir proposiciones a las que infaliblemente hay que asentir, desde el momento en que se las oye. Se trata de ideas idénticas o inmediatas, que no requieren prueba.

Para entender a fondo qué son las proposiciones idénticas es necesario examinar qué es el conocimiento para Leibniz. El conocimiento no es más que la percepción de la relación y adecuación, o de la oposición e inadecuación, existente entre dos de nuestras ideas. Si se toma al conocimiento en un sentido estricto, es decir como conocimiento de la verdad entonces se debe decir que la verdad, siempre está fundada en la adecuación o inadecuación de las ideas, pero en cambio por lo general no es cierto que nuestro conocimiento de la verdad sea una percepción de dicha adecuación. Pues cuando sólo conocemos la verdad empíricamente, por haberla experimentado sin saber la conexión entre las cosas y la causa actuante en lo que hemos experimentado, no poseemos percepción de dicha adecuación o inadecuación, a no ser que entendamos que la sentimos sin apercibirnos de ella (cfr. NE. G.,V,338).

En cambio, cuando el espíritu se da cuenta de la conveniencia que existe entre dos ideas de manera inmediata y por sí mismas, sin intervención de ninguna otra, el conocimiento es intuitivo. En tal caso el espíritu no se toma ningún trabajo en probar o examinar la verdad. Este conocimiento es el más claro y seguro que pueda poseer la debilidad humana; actúa de manera irresistible, sin permitir al espíritu tener dudas (cfr.N.E. G.,V, 342).

Las verdades primitivas conocidas por intuición son de dos clases, pueden ser verdades de razón o verdades de hecho. Las verdades de razón son necesarias, y las verdades de hecho contingentes:

1) Las verdades primitivas de razón son las que se denominan con el apelativo general de idénticas, pues parece que lo único que hacen es repetir lo mismo, sin enseñarnos nada. Estas pueden ser afirmativas o negativas (cfr. N.E. G.,V, 343s.)

a) Las afirmativas son como las siguientes: "cada cosa es lo que es" o en tantos ejemplos como se quiera, "A es A", S es B", etc.

b) Las idénticas negativas, surgen del Principio de Contradicción o de Disparates.

b') El Principio de Contradicción, nos dice Leibniz, es por lo general "una proposición, o es verdadera o es falsa"; lo cual supone dos enunciaciones verdaderas, la primera que lo verdadero y lo falso no son compatibles en una misma proposición, es decir, que una proposición no puede ser verdadera y falsa a la vez, y la segunda que los opuestos o negaciones de lo verdadero y de lo falso tampoco son compatibles, es decir, que no hay mediación entre lo verdadero y lo falso, o también que no puede ocurrir que una proposición no sea ni verdadera ni falsa.

b") En cuanto al Principio de los Disparates, son proposiciones que afirman que el objeto de una idea no es el objeto de otra idea, como por ejemplo "el calor no es lo mismo que el color" o también "El hombre y el animal no son lo mismo, aunque todo hombre sea animal". Todo esto puede ser afirmado independientemente de cualquier prueba o de reducirlo a la oposición o al Principio de Contradicción, siempre que dichas ideas se entiendan lo suficiente como para que no haya necesidad de análisis.

Recapitulando, entonces se puede decir que para Leibniz el Principio de Contradicción es una verdad primitiva de razón, esto es, una verdad idéntica primitiva.

El Principio de Contradicción es uno de los dos principios sobre los que se fundan nuestros razonamientos. Los dos grandes principios son: el Principio de Contradicción y de Razón Suficiente (cfr. Monadología, G., VI, 612).

Ambos principios se dan no sólo en las verdades necesarias sino en las contingentes. Se puede decir, según Leibniz, que los dos principios se encierran dentro de la definición de lo verdadero y lo falso (cfr.Essais de Théodicee G., VI, 414). Esto es así puesto que según Leibniz es común a toda proposición verdadera afirmativa, universal o singular, necesaria o contingente, que el predicado esté contenido (insit) en el sujeto (ut praedicatum insit subjecti), o que la noción del predicado esté encerrada, bajo algún aspecto, dentro de la noción de sujeto (cfr. G.I. (132) p. 388).

Así el Principio de Razón Suficiente significa que es necesario poder dar razón de toda verdad, es decir, que hay que demostrarla por el simple análisis de los términos. Dicho de otro modo, lo que Leibniz está diciendo es que dar una razón de la verdad, probar que una proposición es verdadera, es mostrar que el concepto del predicado está incluido en el sujeto.

El Principio de Identidad afirma que toda proposición idéntica es verdadera; y falsa es aquélla que implica contradicción.

Esto es, el Principio de Razón Suficiente, con el de Identidad o el de Contradicción, está incluido dentro de la definición de lo verdadero y lo falso.

En cuanto a la definición de contradicción, Leibniz piensa que no-A' es contradictorio (cfr. G.I p. 396). Leibniz califica un concepto de contradictorio si su descomposición contiene dos conceptos de los cuales uno es el opuesto del otro, o contradictorio del otro. En estas condiciones una proposición es dicha contradictoria si contiene un término contradictorio, y esto tiene lugar cuando se realiza una de las dos condiciones siguientes:

a) Cuando la proposición afirma la identidad de dos conceptos de los cuales uno contiene el opuesto del otro.

b) Cuando el predicado contiene un concepto y al mismo tiempo su opuesto (cfr. G.I. (3) p. 365).

De este modo, para Leibniz las contradicciones a nivel de las proposiciones surgen necesariamente de la presencia de contradicciones a nivel de los términos. La contradicción finalmente es entre términos.

También Leibniz formula de diversas maneras el principio de contradicción:

(a) El principio de contradicción es por lo general: una proposición, o es verdadera o es falsa (NE. G.,V,343).

(b) Es imposible que una cosa sea y no sea al mismo tiempo (NE. G.,V,403).

(c) El principio de contradicción, en virtud del cual juzgamos falso lo que implica contradicción, y verdadero lo que es opuesto o contradictorio a lo falso (Mon., G.,VI,612).

Así Leibniz sostiene que este principio es una verdad innata, de la misma manera que cada uno de los términos que lo componen son ideas innatas como la idea de 'ser', 'posible', 'mismo', etc.

Por último, me parece que se debe señalar que para Leibniz entre las ideas de razón la primera es el Principio de Contradicción o de Identidad y piensa que en este punto retorna a Aristóteles (cfr. Animadversiones in partem generalem Píincipiorum Castesianorum, Prima Pars Ad artic (7) G.,VI,357).


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