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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1990

MILENARISMO Y MESIANISMO EN LA GUERRA DE CASTAS DE CHIAPAS, 1867-1870* *

Author: Bertha Domínguez, Ángel Cerutti[Nota 1]



* *Ponencia presentada al Primer Congreso Internacional de Etnohistoria, realizado en la Universidad Nacional de Buenos Aires; julio de 1989.

I

Cuando, en pleno siglo XVI, España inicia la conquista, colonización y evangelización de los mayas, se encuentra con que los centros ceremoniales ya estaban en decadencia y muchos de los famosos templos habían sido abandonados; la religión maya se hallaba entonces ampliamente diseminada en pueblitos, generalmente a buen resguardo de conquistadores y sacerdotes católicos.

La cultura maya estaba basada en la agricultura y su religión enfocada a la adoración de la lluvia, el viento y los dioses del cielo, cuya ayuda era necesaria para una buena cosecha. Entre éstos se destacaban los Chac (dioses de la lluvia), los Pauathun (dioses del viento) y los Bacab (portadores del cielo). Cada una de estas categorías estaba integrada por cuatro deidades individuales que habitaban los cuatro puntos cardinales, marcados por cuatro árboles sagrados que serían representados por cruces. (Los mayas oraban ante la cruz, símbolo de un dios de la lluvia.[Nota 1])

La persistencia de la religión maya acompañada del rechazo al cristianismo estuvo casualmente relacionada con: 1) La larga duración del intento español de conquistar a los mayas; 2) El aislamiento y la descentralización de los mayas; 3) La naturaleza hostil de las relaciones interpersonales entre mayas y españoles durante y después de la conquista; y 4) La sobrevivencia de valores mayas. [Nota 2]

El colonizador, a pesar de la heroica resistencia, pudo vencerlos, acaparar sus tierras y riquezas, y a través de la encomienda y el corregimiento, explotarlos y diezmar considerablemente la población. Al mismo tiempo, las órdenes religiosas se lanzan desaforadamente para convertirlos al catolicismo por todos los medios: desde enseñarles oraciones en el propio idioma vernáculo, hasta autos de fe, tortura y asesinatos, previa acusación de idolatría, además de la sistemática destrucción de códices, ídolos y otros objetos de culto, considerados paganos.

A pesar del rechazo inicial del cristianismo por parte de los mayas, éste será incorporado en un sincretismo de fondo decididamente pagano. [Nota 3] Este sincretismo generó distintas respuestas milenaristas mesiánicas, [Nota 4] en la época colonial y en gran parte de la época independiente.

La ruptura del vínculo colonial por parte de México y América Central con respecto a España no significó una mejoría para los Mayas, que continuaron padeciendo las prácticas impuestas: discriminación étnica, dependencia política, inferioridad social, segregación residencial, sujeción económica e incapacidad jurídica.[Nota 5]

Estas generalizaciones nos permiten recrear en términos generales el origen de las respuestas milenaristas-mesiánicas en Chiapas. Tal es el caso de la llamada Guerra de Castas, que tuvo lugar entre 1867 y 1870.

II

En el paraje de Tzajalemel del pueblo de San Juan Chamula, del Estado de Chiapas, una mujer indígena tzotzil, de nombre Agustina Gómez Checheb, que pastoreaba un rebaño de ovejas, recogió tres piedras redondeadas, de color verde oscuro y dijo a su madre que habían bajado del cielo. Ésta las guardó 19 días hasta la llegada del fiscal chamula Pedro Díaz Cuscat, a quien se le narró el acontecimiento. El fiscal las tomó y guardó en una caja; al otro día dijo a la población que las piedras golpeaban la caja queriendo salir; y las piedras comenzaron a ser adoradas.

Posteriormente Cuscat y Agustina fabricaron tres muñecos con las piedras. Ella, instruida por el fiscal se escondía en un baúl sobre el cual se colocaba a los muñecos y desde allí respondía a preguntas hechas a los mismos por gente que se congregaba en el lugar. Cuscat dijo que Agustina había dado a luz a los muñecos, y a partir de ese momento, fue considerada "Madre de los dioses".

La noticia del nuevo culto se fue extendiendo lentamente hasta abarcar una amplia zona de los Altos de Chiapas. El acontecimiento llamó la atención del cura chamula Miguel Martínez, quién se trasladó a Tzajalemel acompañado por el profesor José Justo Luna, que prestaba servicios en la escuela del lugar.

El cura reprendió a los indígenas por sus prácticas de idolatría y éstos le escucharon sin protestar. Creyendo haber logrado la abolición de aquellas prácticas, sacerdote y profesor abandonaron el lugar.

El jefe político de San Cristóbal, José María Robles, prohibió aquellas reuniones que se hacían muy numerosas, temiendo un levantamiento violento, dado el fanatismo y los rumores de que la gente estaba haciéndose de armamento y diariamente concurría a la ciudad para comprar pólvora y plomo.[Nota 6]

Ante tales sucesos el jefe político dió órdenes para aprehender a Cuscat, que fue apresado en compañía de otros indígenas y todos trasladados a Chiapas, donde radicaban los poderes del Estado, con el fin de que fuesen juzgados.

Cuscat supo defenderse inteligentemente apoyándose en la libertad de cultos que estaba ya en vigor, alegando que todo ciudadano era libre de creer y cultivar la religión que quisiera.

Una vez libre retornó a Tzajalemel y, próxima la Semana Santa, habló a los indígenas relatando que mucho tiempo atrás, blancos y ladinos habían crucificado a uno de sus compañeros, Jesucristo, quien los protegía y ayudaba, pero en cambio, no favorecía a los chamulas por ser de otra raza y otra sangre. Para obtener beneficios semajantes, proponía crucificar a un niño indígena, que sería su Cristo y los protegería.

Para tal efecto se eligió a un niño de 10 años llamado Domingo Gómez Checheb, al que se decidió crucificar el Viernes Santo. Llegado ese día el niño fue conducido al lugar del sacrificio y muerto en la cruz. Su sangre fue bebida por Agustina ("Madre de los dioses") y por doce mujeres consideradas santas, que siempre la acompañaban.

La noticia de la crucifixión se propagó rápidamente y Cuscat, temeroso de ser aprehendido, intentó huir, pero fue atrapado y encarcelado junto con Agustina y Manuela Pérez Jocolton, una de las santas.

Con esto se creyó extinguido el movimiento, pero reverdecerá con el surgimiento de una nueva figura, Ignacio Fernández de Galindo, quien al igual que su esposa había abrevado en el ideal anarquista. Durante la Guerra de Castas Fernández de Galindo participará militarmente en el bando del Gobierno, lo que no será obstáculo para que se sienta atraído por la acción de un ladino apellidado Barrera, que luchaba a lado de los indígenas.

En mayo de 1869, el líder Pedro Díaz Cuscat, fiscal de San Juan, depositario de las piedras y protector de Agustina, acababa de ser apresado junto con la joven sacerdotisa. Dos años habían pasado desde el encuentro con las piedras prodigiosas, dos años en que éstas aconsejaban la expulsión de los ladinos desde la oscuridad de un cajón; sin embargo el movimiento se había estancado y decaía por el encarcelamiento de sus cabecillas. En ese momento, tres ladinos aparecieron en Tzajalemel, donde los disidentes seguían manteniendo vivo el culto oracular y el mercado igualitario. Descendieron del cerro vestidos a la usanza indígena. Estaban allí las santas vestales ayudantes de la Madre Agustina, reencarnación de la ya mitológica María Candelaria. En la Noche del Mundo, los profetas fueron recibidos "con plácemes, con sahumerio de incienso, con tambores y pitos, con guitarrillas, con arpas, con violines y seis o siete mil individuos con luces en la mano".

Galindo se convirtió en San Mateo, advocación del Cristo-Sol, perseguido por los "judíos" en un tiempo inmemorial; su esposa en Santa María y Trejo en San Bartolomé, uniendo sus esfuerzos -y los prodigios de prestidigitación que hoy se atribuyen al Profeta- a los de todo un cortejo de santos y santas que salieron de la oscuridad de las reuniones nocturnas a la luz del día, recorriendo los parajes y recreando con sus hazañas y consejos la antigua creación del mundo. Entonces, San Mateo habló a los sublevados de la eterna guerra de castas yucateca, de la forma como los mayas rebeldes habían logrado casi extirpar a los ladinos y criollos de la península, de "que todas las tierras que existían en el Estado y fuera de él les pertenecían", de la posibilidad de un reino igualitario sobre la tierra. [Nota 7]

Es digno de tomar en cuenta que los planteos igualitarios de Fernández de Galindo encontraron rápida aceptación entre los habitantes de San Juan Chamula, por la puesta en marcha de toda una organización eclesiástica paralela, cuyo centro de irradiación era un gran mercado de "intercambio mercantil simple", regido por el trueque, en el paraje chamula convertido en eje de la rebelión, alrededor del culto a las piedras oraculares y los ídolos de terracota.

Este mercado aldeano de "anarquistas místicos en rebeldía" se consideraba algo así como el embrión, el primer brote de una sociedad igualitaria que poco a poco se extendería sobre la tierra. El dinero, considerado como una imposición herética de los españoles -llamado desde el siglo XVI "excremento solar": (tak'in) había sido totalmente abolido por los rebeldes. En el mercado igualitario de Tzajalemel se trocaba valor de uso contra valor de uso, tomando como medida de comparación el trabajo socialmente necesario. Es decir, que si un productor poseía una carga de cacao o de maíz que socialmente costaba N días de trabajo, y necesitaba un par de huaraches, se establecía un precio justo en base al trabajo empleado en la fabricación del calzado. Todo un "cuaderno de cuentas había sido establecido para determinar el número de jornadas que socialmente se requerían para que los productores tzotziles y tzeltales llevaran al mercado de San Cristóbal maíz, frijol, verduras, chamarras de lana, camisas y vestimentas diversas; sandalias, bolsas de cuero, utensilios de barro, flores e instrumentos musicales; y que entregarían ahora al "mercado igualitario" de productores iguales de mercancías. 8[Nota 8]

Fernández de Galindo se dedicará a preparar militarmente a los indígenas para rescatar a Cuscat, Agustina y Manuela, situando su cuartel general en el cerro Tzontewits -cercano a la ciudad de San Cristóbal- que se convierte en el eje de la resistencia nativa entre 1869 y 1870.

La violencia se desata cuando nuevamente aparece en escena el cura Miguel Martínez, quien con otros tres, se apodera de uno de los ídolos. El hecho irrita enormemente a los indígenas, que persiguen a los cuatro y les dan muerte.

Posteriormente Fernández de Galindo llega hasta los límites de la ciudad de San Cristóbal con 7000 indígenas armados y exige la libertad de los prisioneros. Por su parte el Gobernador del Estado, Pantaleón Domínguez, envía al General Cresencio Rosas con un ejército de 90 hombres, quien firmará el "Convenio de Esquipulas" con Fernández de Galindo, en el cual se asienta que Luisa Quevedo, Benigno Trejo y el propio Fernández de Galindo quedarían detenidos en lugar de Cuscat, Agustina y Manuela, que, efectivamente, serían puestos en libertad. Fernández de Galindo antes de entrar en prisión prometió a sus aliados que a los tres días regresaría con ellos, pero no lo pudo hacer. Poco tiempo después, luego de un juicio sumario, fue fusilado junto con Trejo, y su esposa condenada a cinco años de prisión.

Esto, lejos de ser el fin del movimiento, provocó constantes enfrentamientos entre ambas fuerzas. Los chamulas aprovechando la debilidad militar del Gobierno del Estado ganaron muchas batallas, pero perdieron la guerra. No contaron con la dirección adecuada en el plano político ni en el militar.

Para concluir, es importante recalcar que estos movimientos surgen en sociedades que atraviesan por situaciones de crisis. Los datos sobre estos tipos de movimientos parecen confirmar su aparición cuando una sociedad se encuentra perturbada a consecuencia del contacto con otras sociedades que intentan dominarla, provocando cambios desfavorables en sus condiciones económicas y sociales.


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