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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1990

2. La razón como fundamento de la modernidad


En el terreno de las ideas, la razón va a presidir el nacimiento del mundo moderno y a constituir su elemento de base. En la efervescente sociedad del siglo XVII, una racionalidad en un primer tiempo difusa y confusa -que se ha ido desprendiendo de la práctica capitalista desde sus inicios y que va a servir de fundamento a su pensamiento- se propaga, emerge de las urbes, de los diversos sectores de la burguesía. Nace del mundo de la mercancía que comienza a expandirse, del valor de cambio que sustiuye poco a poco al valor de uso, del dinero que reemplaza con su poder a la propiedad y renta de la tierra.

Para actuar y obtener ganancia, el comercio y la industria necesitan de la razón y de la racionalidad. La racionalidad es inmanente a la realidad de los nuevos tiempos y los filósofos formulan y sistematizan sus principios teóricos. En todos los dominios, ya se trate de la ciencia, de las creencias, de la moral o de la organización política y social, el principio de la razón va a sustituir a los principios que regían hasta ese momento, a saber, los de autoridad y tradición fundamentados religiosamente. El individuo quiere servirsede la razón en todo, desea examinar y conocer por medio de la razón.

Al referirse a las características del pensamiento de esa época, que abandona las preocupaciones teológicas para ocuparse de las terrenas, escribe Hegel:

El hombre adquiere confianza en sí mismo y en su pensamiento, en la naturaleza sensible fuera y dentro de él; encuentra interés y alegría en hacer descubrimientos en el campo de la naturaleza y en el de las artes. La inteligencia despierta para lo temporal; el hombre cobra conciencia de su voluntad y de su capacidad, mira con alegría a la tierra, a su suelo, a sus ocupaciones, viendo en ello algo justo e inteligente. ( ... ) Lo mundano quiere ser juzgado mundanamente y su juez es la razón pensante.[Nota 4]

En sus inicios, durante los siglos XVI y XVII, el racionalismo es casi tan herético, en términos políticos, como la herejía religiosa representada por Pascal y el jansenismo. Se persigue a ambos: Tomás Moro es decapitado en 1533, Galileo (1564-1642) es condenado por la Inquisición, Descartes, en busca de más libertad, prefiere emigrar a Holanda. En esa época, las matemáticas y, sobre todo, la física al impugnar las concepciones teológicas tienen también un carácter subversivo.

El siglo XVIII, heredero del pensamiento de Descartes, marca con la Ilustración el triunfo del racionalismo, de la razón propagando sus luces, de la creencia en la evolución y el progreso. Los filósofos de este siglo exponen los principios del nuevo orden que se está gestando y que se encuentra en abierta oposición al ideal autoritario que habían impuesto la Iglesia y el Estado en el siglo XVII. La crítica de la religión y del régimen absolutista se hacen en nombre de la razón. De igual manera, para señalar la autonomía de la naciente sociedad burguesa respecto a la feudal -religiosa y dividida en estamentos- se difunde la noción de sociedad civil regida por el derecho civil. Este término sirve también para designar al tejido de relaciones que brotan alrededor de la práctica capitalista naciente y que tiene como base el intercambio, tanto material (objetos) como espiritual (ideas). La sociedad civil, contrapuesta a la sociedad religiosa, implica ya la existencia de una clase burguesa que se caracteriza tanto por la participación activa en la reivindicación de sus derechos y la preservación de sus intereses, como por la capacidad de organizarse sin la intromisión del Estado y de la religión.

De la crítica política que privilegia a lo civil frente a lo estatal brota un proyecto social de corte democrático-liberal. Para esta doctrina el Estado es un medio, no un fin, que sirve de marco al ordenamiento jurídico; por otro lado, la esfera de la vida privada y las libertades individuales deben permanecer inaccesibles al Estado.

De hecho, el racionalismo teórico dio forma conceptual a una realidad ya existente que luchaba por romper las trabas que impedían su pleno desarrollo. Es obvio que este pensamiento tenía sus limites, ya que el proyecto "universal" que defendía, se reducía en realidad al proyecto e intereses de una clase concreta, la burguesía. Sin embargo, las ideas aportadas por los filósofos de la Ilustración no pueden ser vistas simplemente como la expresión ideológica de las fuerzas nuevas que luchaban por emanciparse: su actitud crítica, su rechazo del absolutismo político y de la intolerancia tienen un contenido que sigue vigente.

Al impugnar el orden existente, propusieron ideas y proyectos que eran el condensado de luchas sociales e ideológicas de varios siglos, y en muchos casos rebasaron el marco de las demandas burguesas para volverse reivindicaciones simplemente humanas --como son el caso de los Derechos del Hombre, la democracia o el espíritu crítico- que deben ser defendidas y hacerse más extensas. En nuestros días, frente a la enorme concentración del poder, esas ideas cobran un nuevo valor y se vuelve preciso rescatarlas y vindicarlas como proyecto social.


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