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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1990

5. Efectos perversos de la modernidad


La fuerza ideológica de la modernidad legitimada por el mito del progreso indefinido hace que sólo se vean los aspectos positivos de este proceso (en particular el desarrollo técnico) y se olviden sus efectos negativos: el carácter despótico que reviste la imposición del mercado mundial (cuyos efectos padecen de manera dramática los pueblos del tercer mundo), el emprobrecimiento de las relaciones humanas que conlleva, donde priva el aislamiento, la soledad, la sensación de malestar difuso, de miedo, de inseguridad. El ser humano vive enajenado (el poder de lo económec), de lo político, de lo técnico se autonomiza, se fetichiza y aplasta al individuo). El desarrollo se vuelve también destructivo (armamento nuclear, devastación ecológica), Las estrategias que organizan, modelan (manipulan) lo social y lo cotidiano, restringen la libertad individual y la participación democrática (autónoma y consciente).

Junto a Lefebvre otros autores advierten también sobre los efectos negativos que se desprenden de esta nueva realidad. Jean Chesnaux --que define a la estructura general de la sociedad contemporánea, como "sistema" que se caracteriza por "la original combinación de dos globalidades, aquella que denunciaba Sartre y aquélla con la que sollaba Saint-Simon. Por un lado la 'serialización' de los seres ( ... ) la reducción a un modelo único de vida mediocre. Por el otro, el planeta 'cableado', la interdependencia unviersal de las economías, de las redes de comunicación y de las estructuras político-sociales, el despotismo del mercado mundial".[Nota 10] señala como, de los elementos que conforman a la modernidad, se derivan 13 efectos perversos:

Las normas: Cada producto, cada situación, cada comportamiento está determinado por normas que son definidas de acuerdo a datos cuantitativos y, por ende, controlables; mediante ellas terminan por imponerse modelos homogeneizantes que reducen a su mínima expresión las diferencias; en consecuencia, lo que se singulariza, lo que es diferente se vuelve molesto o incluso sospechoso.

Los flujos y circuitos: Hay flujos de productos, circuitos comerciales, "cableado" de las relaciones sociales; en ellos los itinerarios son previamente programados y obligatorios (por ejemplo, la organización de circuitos turísticos, mediante la cual se aplasta la realidad profunda de lugares, pesonas, objetos), La programación hace desaparecer lo espontáneo, lo inesperado.

Los códigos sociales: No constituyen solamente un sistema de signos sociales precisos y directos sino que poco a poco han ido reemplazando a la realidad, transformándose en intermediaciones oblígatorias para toda actividad social y personal.

Prótesis: Intermediarios (instrumentos técnicos) que terminan por eliminar el contacto humano, además operan mediante una reducción funcional que suprime toda apertura hacia lo imaginario.

Lo efímero e instantáneo: Los productos se vuelven rápidamente obsoletos, desechables; de igual manera el saber, antes acumulable, se recicla constantemente.

Capilaridad: El tejido social se vuelve cada vez más poroso, las innovaciones técnicas se difunden en él de manera vertiginosa, ejerciendo un poder anestesiante; la mediocridad impera sobre la vida cotidiana.

La desterritorialización: Cuanto más moderna es una actividad, más se disocia de su contexto natural y social (ejecutivos de transnacionales, profesores, asistentes técnicos e incluso la fuerza de trabajo se "deslocalizan"; a través de la maquila sucede lo mismo con el producto fabricado).

Gigantismo tecnológico: Grandes centros urbanos, emporios petroleros, imperios económicos (IBM), supermercados, centrales atómicas, etc., se imponen tanto al trabajador como al usuario. Si por una parte el gigantismo no sólo obedece a lasexigencias de una economía de escala sino que también sirve para afirmar el poder M Estado y de lo económico, por otra ofrece riesgos mayores por su desmesura; en caso de "disfunción" los daños son más grandes, lo que obliga a acrecentar controles y restricciones.

La violencia: Ominipresente, amenaza a los individuos; por su parte los medios de comunicación masiva la difunden con placer; el miedo y la inseguridad se vuelven fenómenos de masa.

La opacidad: Cuanto más invaden el tejido social los flujos y circuitos, más se busca disimularlos; la opacidad y el secreto provienen de la sofisticación extrema de la técnica. Poco se sabe de los puestos y estructuras de observación, análisis, control, decisión existentes en sectores clavew. industrias de punta, energéticos, transporte. Frente a esto los usuarios se encuentran en una relación de dependencia pasiva, reducidos a la impotencia ante la complejidad de tales mecanismos.

La programación dirigida: La organización de los procesos colectivos y de las actividades sociales reducen (restringen) a modelos determinados hasta las opciones más personales. Esta operación no se lleva a cabo al estilo "Gulag" (coerción directa), sino por incitación sutil, a través dell efecto que ejerce el modelo, la inercia social; su resultado es una alienación de las conductas colectivas.

La mercantilización: Todo so compra, todo se vende, hay que pagar por todo. La esfera de llas actividades personales (libres y responsables) se reduce a medida que se ampifa la esfera de la mercantilización.

La contraproductividad regresiva: Cuanto más eficaces son un equipo y una técnica dentro de un sector específico, más efectos negativos produce sobre el conjunto que actúa. Surgen problemas por la complejdad de su mantenimiento; además coacciones y restricciones en cadena que vuelven gravosa la gestión.

Para terminar podemosseñallar quea partir dell siglo XVIII el racionalismo ha sido el elemento básico de la modernidad: conocer racionalmente la realidad y modelarla conforme al racíocionio ha servido de punto de partida a la sociedad y civilizaicón modernas, a la conquistas científicas y téncicas. Desde entonces el logos occidental curocentrista ha propuesto al racionalismo como fundamento universal de la ciencia, de la moral, del derecho, del Estado.

La racionalidad, surgida de la práctica burguesa, acompaña a ésta en su ascenso y apogeo. Aunque constituye un pensamiento subversivo en los siglos XVI y XVII, a partir dell siglo XVIII es aceptado e integrado, sirve de base al desarrollo técnico y científico de la civilización moderna y a la creencia en el permanente ascenso del género humano (ideología del progreso).

Los enciclopedistas presintieron que la conexión entre la industria y la ciencia por medio de la técnica iba a fortalecer la actividad productiva. Sin embargo, lo que no pudieron advertir es que el hombre se iba a enajenar posteriormente a su productos técnicos racionales y que datos terminarían incluso por amenazar con destruirlo. El racionalismo devenido, realizado como razón capitalista, puede volverse irracional. A partir de una racionalidad técnica, lo irracional amaga con someter al hombre, con dominarlo: los proyectos de dirección cibernética de la sociedad, las ideologías consumistas, la amenaza nuclear, la destrucción ecológica, el control que el Estado y los poderes supranacionales ejercen sobre la sociedad son, entre otros, productos de esa racionalidad que se vuelve contra el hombre. La modernidad y lo mundial se debaten en medio de estos problemas.


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