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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1990

HANS-GEORG GADAMER, LA HERENCIA DE EUROPA,

Author: Alberto Sauret[Nota 1]


Hans-Georg Gadamer, la herencia de Europa1990, Barcelona, Ed. Península, 160 p. ISBN 84-297-3061-3.

La ciencia debería ocuparse de ahuyentar a todos Ios charlatanes y prestar oídos a los verdaderos profesionales... como planificadores del futuro.

(Platón, Charmides)

Con la serie de conferencias agrupadas en este volumen, HansGeorg Gadamer se propone una "inspección" de este siglo del que con sus 85 años se dice"un hijo mayor". Adoptando una actitud afín con la del fenomenólogo, investigador del mundo vital, pero sobretodo con la del Husserl de Ia Krisis, preocupado por la incidencia del conocimiento sobre el futuro del hombre, este pilar de la moderna hermenéutica intenta mostrar relaciones de la filosofía con nuestros temores, esperanzas y expectativas, para lo cual recapacita: "miraré hacia atrás para poder mirar hacia adelante".

El tema central de sus meditaciones es la advertencia del creciente predominio de la pericia con respecto a las decisiones político-sociales.

En primer lugar dice, debemos entender que un teórico, un hombre que dedica su vida al conocimiento puro, necesariamente depende de la situación social y de la práctica política. "Es la sociedad la que hace posible la distancia que se nos impone como deber profesiona." Y esta condición involucra tanto a quien se dedica a la ciencias filosóficas, como al que lo hace en el ámbito de la ciencia experimental, nombre éste que en todo humanista habrá de provocar una desagradable inquietud, pues de los griegos hemos aprendido que "cuando se necesita experiencia, no se posee la forma más elevada del saber, el conocimiento de las formas racionales de la realidad".

Con la irrupción de esta nueva idea del saber -cuyo arranque decisivo significativamente lo inaugurará la insólita abstracción del vacío experimental- la facultad imaginativa del hombre, hasta entonces aplicada para completar la explicación de los aspectos menos evidentes de la realidad al conocimiento natural, ahora servirá al ingenio para fabricar productos artificiales con la naturaleza y convertir al mundo en un taller, que progresivamente nos conducirá ante fronteras de mayor peligro. Pero la disolución de la sabidurfa implícita bajo el nombre tradicional genérico de filosofía no habría de manifestársenos en sus consecuencias más terribles sino hasta nuestro siglo.

Hijo también de la Escuela de Marburgo, Gadamer insiste en la exigencia de la mejor comprensión de Kant contenida en la consigna de revisar cuánto pesa el hecho de la ciencia, que remite a la elemental distinción entre el imperativo hipotético de la inteligencia y el imperativo categórico del juicio moral. Por cierto, esta prudencia que buscara restablecer Kant subordinando la actividad científica a la instancia rectora de la razón práctica, no se vería amenazada por Newton ni por Leibniz, quienes conservan una concepción integrada de¡ conocimiento, ni siquiera por Descartes, que, respetuoso de la tradición filosófica, nunca publicará las Reglas para la dirección del entendimiento, donde la moderna metodología es presentada de¡ modo más radical. No obstante, la desintegración será característica principal de la nueva y arrolladora modalidad de inteligencia (que abrirá una brecha en las conciencias, fácilmente ganada por las ideologías). "Pero sobre todo las ciencias naturales modernas están determinadas por una renuncia a la integración con respecto a la sociedad."

Siempre que llega a este punto, insiste Gadamer en que en su sentido griego original, la filosofía práctica no será entendida como simple aplicación de la teoría, sino que implicará un sentido de adecuación con la circunstancia concreta; es decir, no consistiría en un obrar conforme a reglas del conocimiento teórico sino en virtud de una primordial intención de sensatez con respecto al entorno social y natural.

Este criterio de racionalidad, orientado por la búsqueda de una equilibrada adecuación con la vida, resulta completamente extraño a nuestra cultura, cuando una supersticiosa fe en la ciencia nos sume en un sueño tecnológico donde confiamos toda la planificación de la sociedad aljuicio del especialista, como si éste fuese poseedor de la verdad, sin reparar en que un experto es, precisamente, depositario de la experiencia o, mejor dicho, alguien que ha recogido resultados de pruebas experimentales, pero que está muy lejos de conocer la última palabra. Más aún, se trata un hombre al que, estrictamente por profesión, las cuestiones útlimas le tienen sin cuidado; por simples motivos de deslinde laboral su quehacer se reduce a la elección de medios apropiados para alcanzar determinada finalidad. Pero, como atinadamente destaca Gadamer, mientras que se ejecuta un meticuloso análisis para escoger instrumentos conforme a criterios de eficacia, "ya no es tan claro que el fin al que deben corresponder los medios haya nacido de una elección".

"A fin de determinar la verdadera función legítima del experto en la sociedad, es necesaria una reflexión de mayor alcance", inspirada en el espíritu de aquella implacable pregunta acerca del bien que hiciera de Sócrates un personaje incómodo para con sus conciudadanos, porque rebasaba el dominio de sus hábitos particulares.

La crítica al pretencioso concepto de hecho del que suelen hacer alarde los especialistas, entronizado en medio de la opinión pública por la manipulación "científica" de propaganda y estadísticas bajo la apariencia de información, es imprescindible práctica que exige una ciencia crítica, Y en la medida en que esta cardinal exigencia de rigor se consume, contribuirá a la necesaria recuperación del acercamiento entre las ciencias naturales y las filosóficas, por su parte llamadas a procurar que nadie siga creyendo a ciegas en cuanto es objeto de la orquestación periodística.

Seguramente un defecto, cuando no está secundado del reflujo integrador, y una dificultad para encauzar la razón social, sea el excesivo interés por buscar y destacar diferencias, característico de nuestro comportamiento público. Al cabo de tres siglos de adormecimiento de la conciencia de nuestra responsabilidad ciudadana y tras el debilitamiento de la cohesión religiosa, otra misión que se impone a la filosofía es entonces reflexionar sobre ¡as solidaridades, sobre las notas que nos aproximan e igualan entre los hombres; "elevar en nuestra conciencia aquello que nos une" es eminente actividad política.

Tal vez sobrevivamos como humanidad, piensa Gadamer, si aprendemos a detenernos ante el Otro y su diferencia. Las ciencias filosóficas, que se basan en el reconocimiento de la diversidad de tradiciones transmitidas por la lengua, nos permiten reconocer al Otro, y con él mejor a nosotros mismos. El reencuentro con el Otro es lo que nos habilita para integrar auténticas comunidades. "Tenemos que aprender a respetar al Otro y a lo Otro (vgr. la naturaleza). O lo que es lo mismo, tenemos que aprender a no tener razón." "Debemos aprender a escuchar", si no lo hacemos por respeto, curiosidad o deleite, porque es de urgencia vital.

"Vivir como el Otro del Otro es una obligación humana fundamental." Y recrearse en la razonable confrontación de razones constituye el alma misma de la hermenéutica.

ALBERTO SAURET

Departamento Académico de Estudios Generales, ITAM.


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