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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1990

Nuestro payaso local


"Antonioni es uno de esos Augustos silenciosos, mudos, tristes... ¿Picasso? Un Augusto triunfante, majestuoso, sin complejo y que sabe hacerlo todo: es él quien vence finalmente en su combate con el Payaso blanco. Hitler: un Payaso Blanco." (Federico Fellini, Los payasos)

¡Blanco! Y Charlot el imitador (o el intérprete) es probablemente, como lo indican su papel y su vestimenta de vagabundo, un Augusto, un bufón involuntario, con el sombrero al través, el pantalón demasiado ancho y demasiado largo y el cómico bastón nobiliario.

La máscara del Payaso blanco responde a esta tipología del cuento de hadas, con sus buenos y sus malos, de la que tanta necesidad tenemos: "El rostro es bello, espectral, con acentos circunflejos sobre cejas altivas; la boca está marcada de un solo trazo, dura y desagradable, distante, fríd, llamadora, dice Fellig con "la autoridad glacial de algunas religiosas directoras de escuelas de párvulos", y sobre todo de "esos fascistas ataviados con brillantes cintas negras, con hombreras doradas, con fusta, con órdenes ásperas y militares-"

Difícil aprehender lo que separa definitivamente al Augusto del Payaso blanco: "Existen ciertos Payasos que tienen un pasado de Augusto, pero ningún Augusto ha comenzado siendo Payaso. Tal vez es más fácil para un ser tolerante simular la autoridad que a la inversa", escribe Ornella Volta en el Bref Dictionnaire encyclopédique des clowns.

Nuestro lamentable payaso local rumano... Todos sus ridículos títulos sobre columnas enteras; sus "obras", de una enorme simpleza; sus discursos, invariables, interminables, con su énfasis cascado, el ritmo solemne de sus invectivas y sus faltas gramaticales; su miedo aguijoneando su fanatismo y su fanatismo recubriéndose de astucia; su tartamudeo y sus gestos de guiñol; la perseverancia maníaca M trabajo esquizofrénico; su perplejidad ante todo lo que ose todavía mantenerse espontáneo y vivo.

Cuántos han comenzado siendo pobres Augustos, mediocres embadurnadores de papel, humildes seminaristas de provincia, aprendices perdidos en talleres de zapateros suburbanos. ¿La fascinación lunar, la elegancia nocturna, espectral el Payaso blanco? "Asusta a los niños -dice también Fellini- porque él representa el deber, o, para emplear un término de moda, la represión." ¿La represión un término de moda? Yo habría podido sonreír con un aire de superioridad o estallar en sollozos enfermizos. La represión es la realidad inmediata, lo que se percibe en la respiración, de la calle, en la atmósfera de las oficinas y de los restaurantes. Los niños se burlan del tirano, no pueden comprender que él pueda dominar así la vida de las personas grandes que los rodean. Constituye una paradoja, una más, que el pequeño guiñol sea el único que mande, él que, al contrario de Hitler o Stalin, no inspira sino risa...

Lo ridículo tiene una fuerza secreta: divierte; y se venga de ello. Fellini habla repetidas veces del ciudadano anónimo, "el, niño lanzado a la condición de Augusto" y de su relación con la madre (el Estado, la policía, la autoridad) que le prohibe siempre algo: "no esto", "no aquello".

Nuestro tirano decreta que el país debe ser un inmenso país de niños militarizados y dedicados al trabajo, pero él no puede soportar a sus "niños", sus "súbditos": sí ellos lo han satisfecho, los escupe y les da una paliza; si están demasiado alegres,, les corta una oreja; si lo contradicen, les cose los labios; si caen enfermos, les manda un ataúd de regalo acompañado de una factura de las pompas fúnebres. "El orden y la disciplina" son las únicas virtudes que admite en los otros, los anónimos. El contacto con los humildes, medio de origen de él, "el más amado, el más estimado y el más revolucionario de los hijos del pueblo", es asunto del Servicio del orden: quienes se atreven a saltar delante del automóvil presidencial para entregar una queja desaparecen después sin dejar rastros. La capa, el cetro, el palacio, el himno nacional, las condecoraciones ... : "los Payasos blancos siempre han rivalizado por tener el vestuario más magnífico", dice Fellini. Uno de los más renombrados se llamaba Teodoro y "tenía un traje para cada día del año". Nuestro Payaso nacional dispone también de un traje por día. La ropa ya usada se marca, al final de cada jornada, con tinta roja y verde (colores de la extrema izquierda y de la extrema derecha), luego es enviada al Crematorio presidencial, que forma parte, lo mimo que la Casa especial de moda y que el Laboratorio especial, del inmenso y omnipresente Servicio de seguridad del circo.

"El Payaso blanco da bofetada?, dice Fellini. Nuestro sádico Bufón nacional ha prohibido el alimento, la luz y el calor, los viajes, ha destruido las iglesias y los archivos.

Orden, mucho orden y disciplina, todavía más disciplina y vigilancia: un verdadero récord mundial, un policía cada 15 ciudadanos, 15 "soplones voluntarios" por policía. Esta enorme masa de delatores tiene la función de vigilar que el indigno resto de la población no traicione secretos de Estado tales como: el nombre de su empresa, el formato de las latas de conserva, la fórmula de la bomba atómica y la ubicación de los urinarios públicos en el territorio nacional, el apodo del Presidente, la capacidad de recepción de los manicomios, el mapa del país y la tecnología de la fabricación del hilo de coser. ¡Y que los extranjeros ignoren los secretos del paraíso del circo! Evitar todo contacto con ellos: es un deber de honor, y un derecho natural para los que quieren sobrevivir.

Todo (su palabra preferida: Todo) conduce a él. Nosotros haremos todo, Todo, TODO, porque eso es lo que él escande sin cesar, con su voz ronca y monocorde... Orden, orden, disciplina, más disciplina.. el crecimiento continuo del papel dirigiente del Conductor.

Y el fotógrafo y el peinador y el masajista y el cosmetólogo y la guardia personal y los suplentes y los traductores en los 364 idiomas de la tierra que él ignora y él servicio de información y los servicios de desinformación y el servicio de radiaciones y antirradiaciones y el inodoro móvil y la ducha invisible y el revólver silencioso -todo está dirigido a la única institución productiva del país: el culto del Payaso. Y ¡oh, sí! ¡desde luego! ¡También está la gata!

"El único payaso mujer que se ha mantenido célebre es Miss Lulú. Gelsomina y Cabiria, ellas, en mis filmes, son dos Augustos. No son mujeres, son asexuales, dice Fellini. Naturalmente, Charlot, el Augusto, no tiene sexo. Es un gato feliz que estornuda y se pasea donde le apetece. Laurel y Hardy duermen juntos, como dos Augustos llenos de inocencia, en ausencia completa de caracterización sexual. Causan risa, además, por esta razón."

¿Y la mujer Payaso blanco? ¿La gata? ¿La amante desdentada, la sabia analfabeta, el Comisario Enaguas, la vieja histérica, la Tata Porno?

Miss Lulú, Lulette, Lena, ¿Leanza? es un payaso duro, que domina a su pareja y aterroriza a su comitiva. ¿Complejo sexual? ¿Timidez? ¿Frustración? Todo ello a la vez. ¡Y la fidelidad de la pareja! ¡Oh la la! ¡el pobre Hitler! Pero se le reconoce, es hermafrodita. Sigue siendo hermafrodita incluso si una mujer lo ha utilizado para tener hijos. A él es difícil imaginarlo en ese instante, pero a ella sí, es posible verla, desenfrenada, riendo burlonamente, colmándolo, excitándolo... La unión suprema, el hermafrodita furioso y tartamudo se acerca, en su pijama rojo con galones y sus condecoraciones, a Miss Honoris Causa, la viejecita lúbrica. El Comandante supremo que nunca hizo una guerra, y la Eminencia suprema que nunca terminó sus estudios secundarios. Sobre el escritorio presidencial se contonea obscenamente el inestimable retrato de la fealdad, dentro de un marco de platino, con florecillas y estrellitas: Miss Lulena, sobrecargada de joyas, medallas y falsos títulos, que no ocultan ni la impostura, ni la gata, Plantada sobre sus piernas abiertas, incluso en sus poses festivo-presidenciales, Lulena tiene siempre su bolso delante de "su pajarito" (como le llama el pueblo rumano con un infatigable humor), el lugar impúdico y primordial.


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