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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1990

"Calavera de la nada"


¿El mal está realmente encarnado por mensajeros tan mezquinos y ridículos? ¿La señal grandiosa de¡ infierno no se manifiesta más que en esos risibles (aunque terribles) pantomimos?

Él no merece siquiera que se le maldiga. Porque este infortunio se llama "nadá" y "nunca" y "nadie". Una vida, por consiguiente, más o menos buena, más o menos mala. En los años serenos como a la hora del ocaso, en el extravío amoroso y los fantasmas de la poesía, en rebeldes esperanza y desprecios dolorosos. ¿Más o menos buena? ¿Más o menos mala? Nunca libre, en todo caso. Pero ella no se ha vuelto infernal más que una vez aparecido el espectro de la peste, proyectado contra un cielo incendiado. Grotesco carnaval que exalta el porvenir y celebra la muerte. Su pequeño Payaso blanco. Una pequeña rata blanca, el mensajero de la peste, Calavera de la nada.

La vida allá no habrá sido más que, espera, preparación constante para algo oscuro y eternamente diferido. La vida de vuestro Augusto. Una vida en desfase permanente, señalando, como una llaga crónica, toda marcha futura. "El recorrido del hombre es como el filo de una hoja: de un lado, el infierno, del otro el infierno, entre ambos lados, el camino de la vida", nos enseña Rabbi Moshe Loeb, Un triple salto en el vacío, la nada de otras mascaradas acechando, en el momento de la vejez, la frágil pubertad del exiliado, extranjero entre los extranjeros. Estas grandes palabras desusadas, tales como libertad, conciencia, dignidad del rechazo, entereza del sacrificio, estas palabras caras a los niños y a los viejos mimados por la poesía. Sí, son los dones de uno mismo los que ennoblecen las lápidas sepulcrales.

¿Qué es la soledad el poeta? preguntaba un cuestionario al que era afecto, a comienzos de la posguerra, un grupo de escritores aficionados a los aforismos y los retruécanos. "Un número de circo no anunciado", respondió, antes de exiliarse en el Oeste, hace más de 40 años, el joven Paul Celan.


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