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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1990

HACIA UNA NUEVA ECONOMÍA EN EUROPA ORIENTAL*

Author: Jan Patula[Nota 1]


* El presente trabajo ha sido posible gracias al apoyo generoso de¡ Social Science Research Council y la hospitalidad de la Universidad de Berkeley.

Hoy en día nadie puede defender el modelo económico soviético, creado en la URSS a finales de los años 20 e impuesto en los países de Europa central en la década de los 40. La principal razón del rechazo de este modelo radica en su ineficiencia, en la incapacidad estructural para proporcionar cantidad y calidad de bienes de consumo y productos manufacturados. Conforme a la teoría del economista húngaro J.Kornai, compartida tanto por el medio académico occidental como oriental, la economía de tipo soviético se caracteriza por una escasez crónica de todos los insumos de la producción (materias primas, medios financieros, mano de obra, etc.), así como de las mercancías y servícios.[Nota 1] Tal situación afecta al productor y al consumidor -ya que el primero es también el consumidor de los bienes producidos por otros. En opinión de Kornai, "se trata de una reacción en cadena. La poca oferta de materiales provoca un cuello de botella en la esfera de producción, que, a su vez crea déficits en otros lugares. La falta deperspectivas de salir de esta difícil situación conduce a almacenar los materiales. Por consiguiente, la escasez produce la escasez [Nota 2]

¿Qué condiciones deben cumplirse para que un sistema económico sea eficiente? El mismo Kornai, basándose en la experiencia de más de 20 años de la reforma económica en su país, enumera cinco prerrequisitos:

1. Es necesario contar con un sistema de incentivos morales y materiales, capaz de estimular el mejor desenvolvimiento de todos los individuos involucrados en el proceso de producción, tanto de los directores como de los obreros.

2. Debe existir un cuidadoso cálculo económico entre los beneficios y los costos, con el fin de asegurar el uso adecuado de los escasos recursos y prevenir la producción ineficiente.

3. Deben, existir mecanismos de ajuste flexibles a. los cambios coyunturales internos y externos a escala micro y macro económica.

4. Los responsables de la toma de decisiones deben desplegar una actitud empresarial mediante la iniciativa: disposición para la innovación y para correr riesgos.

5. Toda persona que tome una decisión deberá asumir responsabilidad personal por los asuntos de su incumbencia y por sus consecuencias[Nota 3] (el subrayado de los tópicos en el original).

Según el autor, esas cinco condiciones no tienen ningún contenido "socialista", ni "capitalista" en sí, sino que constituyen principios de validez universal para con la gestión y administración eficientes. Más aún, esos principios reconocidos tanto por responsables políticos como por economistas a lo largo de los últimos 35 años, período en el que han tenido lugar diferentes intentos reformistas en varios países de Europa central y oriental.

¿Por qué esos principios no pudieron aplicarse, pese al reconocimiento de su validez? Kornai responde que ellos fueron bloqueados por un conjunto de diversos valores a los que denomina, principios éticos de la economía socialista, entre los que incluye:

1. El principio de fijación socialista de salarios, conforme a la norma" a cada uno según su trabajo", independientemente de la condición económica de una empresa.

2. El principio de solidaridad, que se propuso eliminar la cruel competencia capitalista con el resultado de que los débiles (individuos, grupos sociales, unidades económicas) sucumben bajo la presión de los más fuertes.

3. El principio de seguridad -consecuencia del punto anterior- que debe garantizar el pleno empleo y las condiciones para su desenvolvimiento.

4. El principio de prioridad del interés general sobre los intereses parciales e individuales debe abarcar también la prioridad de los intereses a largo plazo, para cuya realización deben sacrificarse las generaciones actuales y futuras (por la meta de construir el comunismo).[Nota 4]

Independientemente de la posibilidad real de compatibilizar los dos conjuntos de principios -lo que ha sido objeto de disputas intelectuales desde, al menos 50 años-[Nota 5] con la reforzada convicción en los años recientes de su incompatiblidad, 6[Nota 6] cabe hacer hincapié en que los llamados principios éticos de la economía socialista han sido continuamente violados, al grado de convertirse en su opuesto, en un discurso ideológico vacío de contenido.[Nota 7] La búsqueda de los determinantes de la ineficiencia económica del modelo soviético debe conducir a la naturaleza del sistema político -como responsabledirecto de su creación y reproducción. Basándose en el partido único, centralizado, el sistema político anuló los intereses materiales de los miembros de la sociedad, al establecer lo que J. Staniszkis, socióloga polaca, llama "el Estado prerrogativo", con la institucionalización del poder fuera del control de la ley y, mucho más, del control por parte de la sociedad.[Nota 8] Para tal sistema político resultó imperioso dominar todos los aspectos de la vida económica, desde la propiedad de los medios de producción hasta el nombramiento de los directores de las fábricas, pasando por la meticulosa regulación de los procesos de producción y comercialización.

La experiencia de más de 30 años de reformas económicas en Europa del Este evidenció el límite de los cambios institucionales: el Estado prerrogativo, con el partido único como su sostén. [Nota 9] Se trató de una experiencia acumulativa, impulsada por numerosas crisis políticas y protestas sociales, que desembocaron en la revolución democrática del último semestre de 1989, que puso fin al sistema de dominación de los partidos comunistas en todos los países de Europa central. Merece enfatizarse la reacción en cadena de este proceso que logró sucumbir los regímenes aparentemente más sólidos y represivos de la RDA, Checoslovaquia y Rumania. El caso de la URSS difiere sólo en la forma más oculta y compleja de la misma tendencia que aún no se cristalizó, pese a que el Congreso de los Diputados del Pueblo abrogó la prerrogativa constitucional de la hegemonía del partido comunista. Este carácter indefinido del poder en la URSS mantiene en suspenso la marcha de las reformas económicas -de lo que hablaremos más adelante- así como ensombrece las perspectivas políticas de las relaciones internacionales -la solución de la cuestión de nacionalidades, entre otras.

Sostenemos la tesis de que el cambio político, que ocurrió el año pasado y se está institucionalizando mediante las elecciones libres en el transcurso del primer semestre de 1990, representa el prerrequisito para una reforma económica radical del sistema, pero no garantiza por sí mismo el éxito de ella. En algunos casos puede incluso bloquear o impedir los cambios estructurales de la economía. Por el momento, huelga decir que la evolución político-económica dependerá de muchos factores en constante cambio y de variables imprevisibles que excluyen la posibilidad de pronósticos probables.

La tarea inmediata inmediata para los nuevos gobiernos constituidos o por construirse en los próximos meses radica en lograr un consenso en torno al perfil, ritmo y forma para las reformas económicas. Aquí ya podemos observar diferencias sustanciales entre los países. Por ejemplo, en Polonia se pudo crear el año pasado, por una combinación venturosa, un gobierno de unidad nacional patrocinado por Solidaridad, símbolo de lucha por la emancipación individual, social y nacional durante 10 años. En cambio, en la URSS aún no se produce un consenso en este sentido, incluso entre la élite política del país. A pesar de los 5 años de la Perestroika de Gorbachov, la actitud hacia la reforma económica se polarizó tal grado que existe un vacío de poder o un doble poder, situación análoga a la que se presentó después de la ecolución de febrero de 1917.10[Nota 10] El mismo Gorbachov, inspirador y motor de la Perestroika, enfrenta actualmente acusaciones en el seno del partido y del parlamento tanto por parte de los "radicales" como de los "conservadores", de haber defraudado la confianza, arruinado la economía y sumido al país en una profunda crisis política. Obviamente, las distintas críticas proceden de diferentes motivos y de proyectos opuestos para el futuro. La otra, crisis de legitimidad surge de la oposición de los soviets locales y regionales, electos este año en votaciones democráticas, contra el Congreso de los Diputaldos y el Soviet Supremo, constituidos en 1989 por elecciones indirectas, con nombramientos y asignaciones de las organizaciones políticas y sociales. Nótese bien: Gorhachov, nunca fue electo por votación popular, ni como diputado ni como Presidente de la Unión Soviética. La dificultad de constituir el consenso social se plasmó también en la coalición de fuerzas democráticas aglutinadas en el Bloque Democrático de Rusia, en las elecciones de los soviets locales y regionales. Para combatir la amenaza de las fuerzas conservadoras y nacionalistas, aglutinadas en torno al llamado Bloque Patriótico, se unieron en un frente de más de 100 organizaciones sociales, pero apenas ganadas las elecciones en las principales ciudades de la República Rusa, la coalición se derrumbó.[Nota 11]

En la década de los 80, a la luz de las experiencias de las reformas económicas pasadas arraigó la convicción de que no basta sustituir unos parámetros del sistema por otros más eficientes y más racionales en el cálculo económico, sino que debe cambiarse el modo de regulación de la vida económica. En lugar de la regulación burocrática debe implantarse la regulación del mercado. A nuestro parecer, es el punto crucial en la conceptualización del proceso de las reformas económicas. Durante, las décadas de los años 60 y 70 la discusión sobre las reformas económicas giró en torno a la elación entre la planificación y el mercado: ¿Qué proporción del plan puede ser cedido a Ias fuerzas del mercado?, ¿en qué esferas esto es posible y en cuáles no?, ¿cómo perfeccionar los métodos de la planificación a fin de asegurar su opitiminización?, etc.[Nota 12] Se aceptó comúnmente que la planificación del desarrollo económico es (¿fue?) el rasgo distintivo del socialismo, mientras que en realidad la planificación, tal como fue practicada en Europa central y oriental, no era otra cosa que la forma mal camuflada de la injerencia administrativa burocrática del partido vía aparatos estatales (comisiones de planificación, ministerios por ramas, asociaciones. direcciones de las fábricas) en todos los aspectos de la vida económica.

Conforme al esquema elaborado por el ya varias veces citado J. Kornai, la regulación burocrática se caracteriza por:

1. Una clacim vertical, de subordinación entre los individuos y organizaciones reguladas por múltiples niveles, todos jerarquizados, que tienen la función de coordinar y regular.

2. Los individuos y organizaciones están inducidos a aceptar las órdenes y prohibiciones del coordinador mediante la coerción administrativa, reforzada por las sanciones legales. Se trata de relaciones duraderas e institucionalizadas, mutuamente aceptadas entre "los de arriba" y los de abajo".

3. Las relaciones no siempre adoptan formas monetarizadas, pero si tal es el uso, los individuos y las organizaciones subordinadas dependen finacieramente de sus superiores.

En cambio, la regulación del mercado se basa en:

1. Las relaciones horizontales entre los compradores y vendedores individuales y colectivos, los dos iguales desde el punto de vista legal.

2. Los individuos y las organizaciones están motivados en sus intenciones y comportamientos a producir ganancias en términos monetarios. En su forma pura, la regulación mercantil se realiza por el acuerdo entre vendedor y comprador mediante el precio negociado.

3. Las transacciones adoptan siempre la forma monetarizada.[Nota 13]

El autor está consciente de que sería ilusorio considerar la regulación del mercado como un instrumento perfecto para coordinar los procesos socio-económicos. Pero se inclina por la tesis de que "hay muchos campos en los cuales el mecanismo del mercado puede proporcionar más ventajas que desventajas. Por esta razón, es necesario trabajar en las supresión sustancial de la regulación burocrática y en la expansión de la coordinación de las fuerzas del mercado". [Nota 14] Kornai, quien presentó sus observaciones en el discurso inaugural de la Academia de Ciencias de Hungría en 1983, no ahondó en las recomendaciones específicas de cómo introducir los mecanismos del mercado y qué proporción debe conservar la regulación burocrática frente a la regulación del mercado. Se limitó a decir que sería recomendable, desde el punto de vista normativo, distinguir claramente las dos esferas de acción, cada una con su propia regulación. En los casos en que los dos mecanismos deban, intervenir, debe procederse con mucha cautela, ya que "en términos globales, la proporción de 50-50% no siempre constituye un compromiso ideal. Una de las formas debe prevalecer claramente y la otra debe cumplir el papel correctivo y complementario",[Nota 15]

Cómo introducir los mecanismos de regulación de mercado donde durante décadas prevaleció la regulación burocrática es la tarea que hoy se plantean las sociedades de la región. Se trata de un desafío gigantesco para el cual no hay antecedentes históricos ni teorías elaboradas, muchos menos recetas a copiar. En el mejor de los casos sólo encontramos ciertas sugerencias, algunas recomendaciones y pautas a seguir. Lo decisivo es y seguirá siendo la práctica; es decir la línea política adoptada por un gobierno. Por eso resulta tan imperioso el consenso y la legitimidad del gobierno para poder elaborar e implementar un programa de "mercatización". Pero nadie puede asegurar el concenso duradero para un programa que conlleva altos costos sociales y no garantiza el éxito en términos de mejorar la vida para amplios sectores de la población. Y la legitimación, ganada en unas elecciones democráticas, en una perspectiva óptima (que tampoco es cierta para el conjunto de los países de esta parte del mundo), puede ceder lugar a las corrientes nacionalpopulistas, las que aprovechando el descontento social lancen proyectos económicamente demagógicos y políticamente aventureros. [Nota 16]

Así pues, si bien entre los economistas prevalece la opinión de que la meta de la transformación de las economías debería ser el modo de regulación de las fuerzas del mercado, no existe consenso en torno al concepto mismo, ni mucho menos a las vías para alcanzarlo. La situación en la URSS al respecto es quizá la más dramática de todas y empeora a un ritmo vertiginoso. Las previsiones de la Perestroika en cuanto a la producción mercantil están muy lejos de cumplirse. Por ejemplo, el 1986 se estimó que el 40% de la producción industrial de 1990 se obtendría según el principio de la oferta y la demanda entre productores y consumidores, pero esta proporción alcanza 90%.[Nota 17] En opinión del académico N. Tijanov, uno de los mejores especialistas en la agricultura soviética, el gobierno ha perdido el control sobre la economía, tal como se muestra con los siguientes datos: la población posee alrededor de 600 mil millones de rublos, mientras que el total de la masa mercantil se estima en 360 mil millones; los aumentos salariales sobrepasan en dos veces Ias previsiones del gobierno y el aumento de la productividad; el déficit presupuestario crece como una bola de nieve y alcanza actualmente a 160 mil millones de rublos (gran parte destinada a subvencionar los productos de consumo popular) y se incrementa peligrosamente el nivel de pobreza, abarcando en 1989 al 25% de la población. [Nota 18]

Los partidarios de la reforma radical consideran que el empeoramiento de la economía soviética se debe a la indecisión de los gremios dirigentes de introducir la transformación fundamental del mecanismo económico, empezando por desmantelar los monopolios y privatizar la industria y la agricultura y terminando por modificar la estructura territorial al otorgar autonomía y soberanía a las regiones y las repúblicas federativas (a fin de impedir el estallido de los nacionalismos y movimientos separatistas) y pasando por una vigorosa política de apoyo al desarrollo intensivo de pequeñas empresas individuales, familiares y cooperativas, avocadas a producir, los bienes de consumo y servicios. Tal tipo de reforma debería haberse hecho en 1985 cuando Gorbachov gozó de un amplio apoyo popular. [Nota 19]

Los estudiosos más neutrales de la economía soviética subrayan el conjunto de los factores que favorecen el bloqueo: las razones ideológicas de la reticencia de Ia élite política (la cúpula del partido, incluyendo al mismo Gorbachov, el gobierno, el parlamento) de implantar el mercado; la obstrucción de la burocracia económica y política que sabotea las nuevas leyes sobre la actividad económica (arriendo de la tierra, cooperativas, autonomía de las empresas etc.) y la falta de preparación social pura aceptar los costos de la reforma radical (desempleo a gran escala, consecuencia del cierre de fábricas deficitarias, y alza de los precios al entregarlos al libre juego de la oferta y la demanda).[Nota 20] Las encuestas de la opinión pública demuestran que prevalece el temor por la "mercatización" de la economía y la inclinación por los bonos de racionamiento de los productos de la canasta básica.[Nota 21] Este último punto parece el más neurálgico en los últimos meses, tal como se plasma en la ola de huelgas en 1989 y en los primeros meses del presente año. La combinación de todos esos factores explica el carácter indefinido de las reformas económicas en la URSS, la dimensión parcial y la línea zigzagueante de las propuestas reformistas. Por ejemplo, en el transcurso de un mes, entre marzo y abril de este año, se hicieron circular dos proyectos oficiales de encarar los cambios en la Unión Soviética: uno, de tipo radical, que preveía liberar los precios, cortar los subsidios y reducir compensaciones por la disminución del nivel de vida, junto con un paquete de transformaciones institucionales (desestatización), fiscales y monetarias.[Nota 22] La otra posición contempla una transición mucho más larga hacia la economía de mercado, con una reforma previa del sistema bancario, fiscal y monetario, así como la preparación más cuidadosa del programa global de los cambios estructurales. [Nota 23]

Actualmente en la URSS no opera ni el modo de regulación burocrático ni el mercado, lo que crea una tensión social y política muy explosiva, Las tímidas medidas reformistas emprendidas, hasta ahora, como son la legalización del arriendo de la tierra, comercio y fábricas, junto con la autorización de la actividad privada y cooperativa, no constituyen los fundamentos para una economía de mercado, ya que se mantienen vigentes los pilares de la regulación burocrática encargos estatales de producción; distribución selectiva de las materias primas y otros factores de producción; fijación de precios; y control estricto sobre el comercio exterior. Muchos actos legales quedan como letra muerta por la oposición; si no el sabotaje de la burocracia central y local.

Al igual que en el plano político no puede coexistir por un largo tiempo el doble poder o el vacío de poder, tampoco puede mantenerse en el campo económico una combinación híbrida entre los modos de regulación, sin que uno prevalezca sobre el otro a aún prematuro predecir hacia qué lado va a evolucionar el cambio en la URSS. Atrás de cada uno de los polos se aglutinan las fuerzas sociales y políticas con los correspondientes argumentos económicos e intereses acumulados o por conseguir en el futuro. Si persiste la tendencia al empeoramiento de la condición económica y el descontento social, la élite política de la Unión Soviética se sentirá tentada a imponer una solución autoritaria, un estado de emergencia que facultaría el uso de la fuerza para hacer valer Ias reglamentaciones estatales.[Nota 24] Incluso, hay economistas soviéticos que temen el retorno en gran escala del modelo estalinista en la conducción económica y política del país para detener la crisis.[Nota 25] Tal perspectiva se deriva -en opinión del autor- del hecho de que hoy en día las fuerzas del mercado son demasiado débiles en comparación con el sistema burocrático, además de que predominan las tendencias conservadoras en los aparatos coercitivos y del partido. Sea como fuese, aun no está definido el perfil del modelo económico ni las vías para alcanzarlo.

En cambio, Polonia se sitúa en la avanzada del proceso de "mercatización" de la economía y forma una especie, de laboratorio de transformación del sistema impositivo-distritibutivo burocrático al sistema de regulación mediante Ias fuerzas del mercado. La descomposición generalizada del antiguo modelo se aceleró en los tres últimos años a tal grado que el gobierno no pudo controlar más el descontento social ni la inflación, que en 1989 llegó al 800%. Al mismo tiempo, se hizo evidente que los cambios cosméticos en la gestión y administración económica, junto de los precios, sólo agravan la situación. Así se formó un amplio consenso social, capitaneado por el movimiento Solidaridad, sobre la necesidad de sustituir tanto el viejo mecanismo económico como las prácticas políticas que lo sostenían, de "marcar una raya gruesa con respecto a la época pasada", tal como lo enfatisó el nuevo primer Ministro de Polonia, T. Mazowiecki, en su toma de -posesión el 12 de septiembre de 1989.[Nota 26]

Según el ministro del Imperio y el coordinador del proyecto de saneamiento de la economía polaca L. Balcerowicz, la meta de su gobierno es poner fundamentos para "una economía basada sobre los mecanismos del mercado, con una estructura de propiedad análoga a la de los países; desarrollados, abierta al mudo, con reglas claras para todos los actores y lo que premia: la habilidad, el conocimieno, el talento, las actividades eficientes y la voluntad de trabajar".[Nota 27]

Las intenciones del gobierno se materializaron en un paquete de once proyectos de leyes presentados al parlamento para su aprobación a finales de diciembre, de 1989. Se trató de un conjunto de medidas financiero-fiscales tendientes a detener la inflación (pago de dividendos por parte de Ias empresas estatales, altas tasas de impuestos de ingresos y de circulación, congelamiento de les salarios, tasas de intereses bancarios por encima de la tasa de inflación, reducción de Ios subsidios estatales que hasta la fecha consumían hasta 40% del presupuesto estatal, limitación del gasto público), así como nuevas regulaciones sobre importaciones y exportaciones (aranceles para todos los sectores de la economía), convertibilidad interna de la moneda nacional, despido de personal y nuevas formas de intermediación de trabajo. En opinión generalizada, dentro y fuera del país, el programa de estabilidad económica fue recibido como una "curación por electrochoques".[Nota 28]

En efecto el programa de estabilidad económica del viceprimer ministro Balcerovwicz logró sus propósitos ya en los primeros, tres meses de 1990. La tasa de 78.6% en enero bajó a sólo 6% en marzo, el presupuesto estatal incrementó sus reservas al pasar de 5 mil millones de zloty de déficit en diciembre del año pasado a 2 mil millones de superavit a finales del primer trimestre de 1990. Igualmente se mejoró el balance de pagos al registrar el excedente de casi 1000 millones de rublos por el comercio con los países del Comecón y 300 millones de dólares con los países capitalistas. El curso de la moneda nacional pasó la prueba de la devaluación e incluso aumentó su valor relativo en casas de cambio debido al excedente de venta de divisas por parte de la población. Los bancos otorgaron créditos por abajo de la captura de depósitos y de este modo se rompió una de los principales barreras del crecimiento económico: la limitación blanda utilizando el término de Kornai para denominar la tendencia al derroche de finanzas públicas.[Nota 29] Tanto Ios partidarios del programa de Balcerowicz como sus críticos reconocen el éxito espectacular en cuanto a aspectos técnicos de controlar la inflación, sencillamente, de "ahogarla". Surgen las dudas y aparecen las controversias sobre el costo socio-económico y sobre las perspectivas para el futuro.

Así, los ingresos reales de la población sufrieron una caída de 30 a 40%, según diferentes estimaciones, como consecuencia liberar los precios, disminuir drásticamente los subsidios y congelar los salarios por abajo de la tasa de inflación. Por primera vez en la historia contemporánea de Polonia apareció el peligro real del desempleo abierto a escala masiva, peligro que se incrementa en la medida de la quiebra de empresas y de la reestructuración económica. A finales de marzo fueron registrados 300 mil desempleados y se calcula un millón para diciembre del presente año (cerca del 10% de la sector Estatal). Hasta ahora las empreas su adotaron una posición de defensa al disminuir el horario de trabajo o anticipar las vacaciones de su personal. El programa de austeridad financiera de Balcerowicz provocó también la recesión generalizada, ya que redujo la demanda de los consumidores individual y colectivo (industria, comercio, servicios) en 30% en los tres primeros meses del año 1990.[Nota 30] Tal nivel de disminución de la actividad económica sobrepasó las previsiones de los gremios difigentes, que esperaban una recesión del orden del 5-10% anualmente Lo preocupante para el futuro es que la recesión afectó en mayor grado a los sectores de producción para el consumo ciudadano (agricultura, industria de transformación agrícola, construcción).

En el momento de escribir el presente artículo, (mayo de 1990), el proceso de "mercatización" de la economía polaca se encuentra en punto muerto. El equipo económico en el gobierno se obstina en mantener una política "monetarista" para control de la inflación, hasta no estar seguro de que sus fuentes no estén erradicadas. Por esta razón se niega a liberar los salarios W. Kuczynski, consejero económico del Primer Ministro, lo dijo abiertamente: "hay presiones para aumentar los salarios, pero no podemos ceder, al menos en algunos meses, hasta no estar seguros de que la inflación no despegará en el futuro."[Nota 31] El mismo Balcerowicz admitió que el gobierno no posee un plan detallado de cómo reactivar la economía,[Nota 32] aparte de utilizar algunos elementos del "repertorio financiero": abaratar el crédito y disminuir el control sobre salarios en el momento oportuno. En el fondo, cree que los rigores financieros obligarán por sí solos a los actores económicos a los requerimientos del mercado. En boca del citado Kuczynski, "muchas empresas siguen esperando, en lugar de adaptarse a la nueva situación, a reaccionar a los impulsos del mercado, a cambiar el perfil productivo, a usar racionalmente las reservas, a utilizar nuevas tecnologías. La recesión dependerá de cómo los directivos reducirán los costos, cómo promoverán la exportación, etc". [Nota 33]

El quid del asunto del proceso de "mercatización" en Polonia radica en una política consciente y consecuente con la transfornación de las estructuras económicas heredadas del socialismo real. Sobre este punto no hay desacuerdos, e incluso los ex-comunistas apoyan tal tesis. El problema se sitúa en cómo se logra tal reestructuración, en el ritmo de tal transformación y en el papel del Estado en este proceso, así como la política económica a seguir. El primer paso en la transformación de las estructuras económicas debe ser el cambio de las relaciones de propiedad, a fin de establecer una red de derechos y obligaciones, de asegurar la eficiencia, la competitividad, el espíritu empresarial y la búsqueda de ganancias concebido como la fuerza motriz de la nueva economía polaca. En su discurso inaugural, el Primer Ministro T. Mazowiecki anunció que el núcleo central del nuevo modelo económico lo deben constituir las empresas pequeñas y medianas, muchas veces apoyándose en los miembros de una familia, empresas que emplean mayor número de personas y que producen la mayor parte de la riqueza nacional.[Nota 34] Paralelamente al desarrollo del sector privado debe seguir el proceso de desestatización mediante la venta de acciones, accesible a todo ciudadano y bajo el escrutinio público, para no continuar prácticas de la llamada "apropiación de la nomenclatura", fenómeno observado en Polonia (igual que en Hungría) desde 1988.

Sin embargo, el programa de Balcerowicz está muy lejos de favorecer al sector privado, que actualmente contribuye con 20% en el PNB y que el año pasado registró un crecimiento de 12%, en comparación con una caída de 2% en el sector estatal. Así, en enero y febrero de 1990 se crearon 50 mil nuevas empresas privadas, mientras que 100 mil cerraron o suspendieron sus actividades. Aún más trágica es la situación de la agricultura, que tiene que enfrentar los precios de los productos agrícolas a nivel del Tercer Mundo con los precios monopolistas de los insumos de producción en el nivel mundial, además del pago de altos impuestos y contribuciones diversas. A su vez, los créditos muy caros imposibilitan cualquier inversión e innovación tecnológica.[Nota 35] Por otro lado, la reducción de los ingresos reales de la población disminuyó la demanda de los productos agropecuarios en 25% en los últimos seis meses, lo que hizo aparecer un cuantioso excedente de estos productos antes nunca visto. Tal fenómeno refuerza la confianza de los medios gubernamentales en el progreso de los mecanismos del mercado, mientras que para las organizaciones campesinas y una parte de la opinión pública no es más que una prueba de la política antiagrícola.

El punto crucial de la transformación de las estructuras económicas que constituye la privatización del sector estatal se encuentra en suspenso. El plan gubernamental, preparado por la oficina de transformación de propiedad, fue rechazado en la primera lectura de la Dieta y enviado a la comisión legislativa para mayores modificaciones. Al mismo tiempo, un grupo de diputados anunció la intención de presentar un proyecto sobre la materia por separado. El fondo de la discrepancia radica en que el gobierno pretende favorecer el llamado "accionato ciudadano", mientras que el lobby autogestionario y los diputados de tendencias socialdemócratas defiendan la preponderancia del accionato para los trabajadores como una solución más justa desde el punto de vista social y económicamente más prometedora. En un país empobrecido, como lo es Polonia, el plan gubernamental entregaría así la propiedad estatal en manos de la nomenklatura y los especuladores, únicos grupos que poseen los medios financieros. Además, todo el proceso de privatización estaría hipercentralizado, fuera del control de la sociedad y del parlamento, propicio a malversaciones y abusos por parte de la oficina responsable y sus ramificaciones. Los críticos del plan gubernamental destacaron también la falta de precisión sobre la participación del capital extranjero en la futura economía polaca, concretamente en las empresas formadas mediante la privatización. [Nota 36]

El futuro de la reforma económica en Polonia no es nada promisorio. Pese a que la sociedad polaca respondió solidariamente a la necesidad de sacrificios como precio necesario a la introducción de una economía de mercado (nótese la ausencia de huelgas en los primeros seis meses del gobierno de Mazowiecki), existe un límite en la tolerancia ciudadana, cuando el 60% de las familias se encuentran al borde la pobreza. Tanto por parte de organizaciones sociopolíticas como de economistas profesionales, se multiplican las voces sobre la urgencia de restituir la demanda, promover una política de apoyo a los sectores productivos y abandonar la creencia en que "la mano invisible del mercado" resolverá los problemas estructurales de la economía polaca. [Nota 37] En esencia, todas esas voces claman por un intervencionismo estatal selectivo para activar la oferta de producción de bienes de consumo y por el incremento de la demanda interna como motor del crecimiento económico. En caso contrario, "no es de excluirse que la economía poscomunista, sujeta a la terapia monetaria del libre mercado, se encuentre pronto en una situación típica de la economía capitalista en su fase inicial: equilibrio mediante utilización parcial de sus recursos, fábricas inactivas, desempleo, caída de producción y consumo, y almacenamiento de mercancías que el mercado no puede adquirir".[Nota 38] Otros analistas de la economía de Europa central evocan el espectro del Tercer Mundo como probabilidad para el futuro inmediato de transición a la economía del libre mercado: una élite opulenta y la masa de población empobrecida, dependencia financiera y económica del extranjero, agobio por deuda externa e interna, envejecimiento del aparato productivo, y contaminación ambiental catastrófica. [Nota 39]

El curso de la reforma económica, e incluso la sobrevivencia del gobierno de T. Mazowiecki, dependerá de la actitud asumida por el movimiento Solidaridad, única organización socio-política que posee capacidad de movilización y que ha prestado apoyo desde el momento de su formación. Dada la enorme pluralidad ideológica y política en el seno de Solidaridad, el programa adoptado durante el Segundo Congreso en abril de 1990 resulta muy general, por no decir escueto, en cuestiones de la transición a la economía de mercado. Dice literalmente:

La reestructuración de la economía polaca debe tender hacia la economía de mercado, la que unifica mediante la ley la libertad de acumulación del capital, la libertad de la iniciativa económica y la libertad de empleo con la libertad de asociarse de los trabajadores en organizaciones que defiendan sus intereses, así como la posibilidad de intervención estatal para corregir las imperfecciones del mecanismo del mercado. [Nota 40]

Se trata de los principios básicos a los que se pueden adherir todas las facciones, sin perder su identidad.

Mucho más específico sobre la posición de Solidaridad frente al proceso de las reformas era W. Arkuszewsk, presidente de la comisión programática del II Congreso, cuando, en una entrevista realizada al concluir el mismo, afirmó:

Solidaridad ha optado por un apoyo tácito, mas bien por no oponerse abiertamente al programa de Balcerowicz, porque resulta indispensable para los beneficios futuros, aunque daña los intereses de los trabajadores a corto plazo. No estoy diciendo de que ésta es la posición del sindicato, sino que tal línea toman los principales militantes de él.[Nota 41]

Y más adelante explicitará que entre los sindicalistas de base prevalece la opinión de que no se ha dado oportunidad a la gente de participar en el proceso de reformas. La política de reformas se halla cerrada en un círculo estrecho de funcionarios gubernamentales. En este clima de malestar y frustación, agravado por el deterioro del nivel de vida, se inscriben las amonestaciones de L. Walesa, indudablemente el "hombre fuerte" de Polonia, en el sentido de acelerar el paso de transformaciones en el país y de depurar los aparatos del poder estatal de todos los elementos corruptos. Falta aún conocer cómo se materializará la reciente declaración de Walesa de "guerra política total" al gobierno, la desaprobación del programa de Balcerowicz al calificarlo "adecuado para los Estados Unidos" y la amenaza de "sacudir" al gobierno de la autocomplacencia, por un lado, y de negligencia ante los problemas reales del país por el otro. [Nota 42]

El proceso de la reforma económica de Polonia, el primer laboratorio de "mercatización" radical en toda Europa del Este, evidencia al cúmulo de problemas a vencer, que van desde el saneamiento de las finanzas públicas (operación altamente costosa y socialmente explosiva) hasta el cambio de las caducas estructuras económicas por otras, más modernas y eficientes, pasando por una modificación de las mentalidades colectivas, las habilidades profesionales y las expectativas sociales. Todo ello en un ambiente de incertidumbre ante los resultados. El ya citado consejero del primer ministro W. Kuczynsk, comparó metafóricamente la tarea del actual gobierno polaco con la de intentar sustituir el motor de un autómovil en plena marcha y con los frenos desajustados ... [Nota 43]

En resumen, la transición de las economías de una regulación burocrática a la regulación por las fuerzas del mercado es y seguirá siendo un enorme desafío socio-político, mucho más complejo que el proceso de industrialización del pasado. Sobre todo tomará un tiempo que nadie pude prever. Los pronósticos al respecto estipulan desde 10 años a... 100. También quedan abiertas las vías para alcanzar tal meta, la que, a su vez, no puede considerarse como un objetivo fijo, inmutable y plenamente armonioso. Si bien el viejo sistema está completamente desacreditado socialmente por sus fracasos inocultables, no existen hasta ahora una teoría económica ni recetas comprobadas de cómo transitar de una economía estatízada a una de mercado. El profesor polaco K. Laski, a una pregunta sobre el particular, comentó:

Sabemos como tansformar una economía plural y de mercado en una socialista. Lo hemos comprobado, y sabemos cómo hacer de un huevo fresco un omelette. Pero usted -y no sólo usted- me pregunta cómo hacer de nuevo de un omelette un huevo fresco. Ésta es la plena dimensión del dilema, y no sólo en Polonia. [Nota 44]


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