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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1990

Introducción


En términos generales, Nicolás Maquiavelo es reconocido como el fundador, o al menos el precursor más sistemático del realismo político, corriente que toma las cosas como son en lugar de como deben ser, para de ello inferir los medios más adecuados a la consecusión de ciertos fines específicos dentro del quehacer político. Pero también es identificado como uno de los ideólogos más importantes del absolutismo moderno, pues proporciona sobre todo en su obra más conocida, El Príncipe, elementos filosóficos de legitimación de esa forma de gobierno, a partir de argumentos racionales y totalmente seculares, prescindiendo por lo mismo de todo razonamiento religioso o sobrenatural.

Es mucho menos difundido el hecho de que Maquiavelo en realidad apoya y prefiere, cuando las condiciones lo permiten, un régimen republicano, que fundamenta también sobre bases enteramente racionales, y no ideales; por lo que no se puede decir que exista contradicción con los principios del realismo político, que muchas personas conciben como solamente compatible con regímenes centralizados y despóticos.

Ello no aparece claramente en El Príncipe (aunque también allí hay indicios de esto), sino sobre todo en sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio, en donde compara los tiempos de la República de Roma y el Imperio con los contemporáneos, para extraer de aquéllos sus virtudes y evitar los vicios de su propia época:

... para que los jóvenes lectores de mis escritos puedan abominar los actuales y disponerse a imitar los antiguos, si las viscisitudes de la fortuna les dan ocasión a ello porque es deber de hombre honrado enseñar a los demás el bien que por la malignidad de los tiempos y de su suerte no ha podido realizar. Acaso, siendo muchos los capaces de hacerlo, alguno más amado del cielo pueda ejecutarlo.[Nota 1]

La imagen que de Maquiavelo se ha difundido a partir de El Príncipe no sólo es incompleta, sino más bien distorsionada. Y ello no tanto por haber una aparente contradicción entre el absolutismo pregonado en esa obra y su claro republicanismo de los Discursos, sino porque se le ha concebido como ideólogo únicamente del absolutismo moderno, cuando en realidad lo es del desarrollo político, por la vía que las condiciones concretas de cada pueblo lo permitan. En todo caso, como lo señala George Sabine, es lamentable que la mayor parte de los lectores haya conocido a Maquiavelo únicamente a través de El Príncipe, pues fácilmente se puede llegar a conclusiones erróneas sobre su filosofia política. [Nota 2]

En realidad, como se pretenderá demostrar, no hay contradicción entre el realismo político de Maquiavelo y su pensamiento democrático; tampoco lo hay entre sus Discursos y El Príncipe, es decir, entre su promoción de la democracia como forma más adecuada de gobierno en el largo plazo y los consejos que porporciona a los gobernantes para hacer eficaz y duradera su gestión política, según las condiciones imperantes. Lo que Maquiavelo busca es precisamente aquello que distingue a la democracia como régimen político; la armónica conjunción de la eficacia gubernamental y la responsabilidad pública de los gobernantes, combinación que cuando se logra se traduce, según Maquiavelo, en el bienestar de la colectividad con estabilidad política y social, valores que aparecen insistentemente en la tradición filosófica de Occidente.


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