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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1990

I. Realismo político y democracia


"La maldad de un príncipe no se corrige con palabras, sino con la fuerza."

Como es de sobra conocido, el realismo político que propugna Maquiavelo parte de una concepción más bien negativa de la naturaleza humana, según la cual el hombre es a tal grado egoísta que en general estará dispuesto a hacer lo que sea, incluso perjudicar a su prójimo en grado variable, con tal de satisfacer sus deseos y procurar su bienestar. Los hombres honestos y bien intencionados, que los hay, no son sin embargo tantos como para que de su comportamiento puedan extraerse conclusiones válidas para el común de los mortales. Constituyen más bien la excepción que la norma.

Y en el ámbito político con mayor razón, toda vez que una actividad que promete riquezas, poder y fama sin límites resulta sumamente atractiva a los hombres ambiciosos, aquéllos que no repararán en consideraciones de tipo moral y ético para conseguir su cometido. Por lo que las reglas de la sociedad en general, y de la política en particular, establecen la necesidad de soslayar la conducta moral y humanista, si se desean obtener los resultados proyectados.

Esto hace que la moral sea un pobre instrumento de interpretación de la realidad política, y mal consejera en la práctica de quienes luchan por acceder al poder, lo mismo si éste se busca con fines estrictamente personales que si se le ve como un medio imprescindible para la realización de ciertos ideales colectivos. Si todos los hombres -o la mayoría- fueran honestos, señala Maquiavelo, la moral sería la mejor guía de la acción política. En la mayoría de los casos, sin embargo:

Los hombres hacen el bien por fuerza; pero cuando gozan de los medios y libertad para ejecutrar el mal, todo lo llenan de confusión y desorden. ( ... ) Si dicha propensión está oculta algún tiempo, es por razones desconocidas y por falta de motivo para mostrarse; pero el tiempo, maestro de todas las verdades, la pone pronto de manifiesto.[Nota 3]

Maquiavelo previene que si alguien no desea infringir la moral al grado requerido en las lides políticas, mejor hará en no ingresar en la lucha por el poder. Si insiste en una y otra cosa, su fracaso será seguro, y sin poder realizar sus proyectos, en cambio pondrá en riesgo su seguridad y hasta su propia vida. Si se quiere tener éxito en la política, se deberá estar dispuesto a recurrir, cuando la situación lo exija, a la mentira, la traición, la tortura y el asesinato:

Son estos medios cruelísimos, no sólo anticristianos, sino inhumanos; todos deben evitarlos prefiriendo la vida de ciudadano a ser rey a costa de tanta destrucción de hombres. Quien no quiera seguir este buen camino y desee conservar la dominación, necesita ejecutar dichas maldades.[Nota 4]

¿Cómo se relaciona esta percepción con la democracia política? Muy fácil; si el objetivo es promover el bien colectivo, y los hombres por tendencia natural intentarán abusar del poder, las instituciones democráticas se constituyen como el medio más propicio para obligar a los gobernantes a mantener su poder dentro de ciertos límites tolerables a la ciudadanía, lo que tiene un efecto positivo en términos del interés común.

Por ello Maquiavelo alaba las instituciones democráticas del reino de Francia antes de que se consolidara el absolutismo, en particular el Parlamento: "Conocían los que organizaron en el reino (de Francia) la ambición yla audacia de los poderosos y juzgaron necesario establecer algo que las refrenara.[Nota 5] De tal manera que, desde la, perspectiva realista la democracia representa precisamente la respuesta más racional y pragmática que puede dar la colectividad frente a la naturaleza malévola de los hombres y a la desmedida ambición de los gobernantes.

El despotismo ilustrado, en el cual se combina un poder centralizado con un gobierno justo y benévolo, sólo sería posible si honestídad y templanza fueran cualidades comunes entre los gobernantes. Pero en el mejor de los casos esa realidad sólo será excepcional. No es recomendable por tanto confiar en las cualidades humanas de los gobernantes para establecer un régimen político, sino en la consistencia de las instituciones, en particular las que permiten refrenar el abuso de poder. De modo que:

... el reino cuya existencia depende de la virtud de quien lo rige, pronto desaparece. Consecuencia de ello es que los reinos que subsisten por las condiciones personales de un hombre son poco estables, pues las virtudes de quien los gobierna acaban cuando éste muere, y rara vez ocurre que renazcan en su sucesor. [Nota 6]

Conociendo esto, más que un buen gobierno aislado, lo que la sociedad requiere es la construcción de un régimen que permita prevenir los malos gobiernos. La tarea de un estadista comprometido con su comunidad estaría orientada, en ese sentido, hacia el futuro, no quedando restringida al presente:

No consiste, pues, la salud de una república o de un reino en tener un príncipe que prudentemente gobierne mientras viva, sino en uno que organice de suerte que esta organización subsista aún después de muerto el fundador. [Nota 7]

Maquiavelo en estos pasajes, hace referencia precisamente a uno de los procesos más importantes del desarrollo político que sobrevendría durante la modernización de las sociedades que siguió a su propia época; la institucionalización política de la democracia, único régimen capaz de refrenar la natural e inagotable ambición de los hombres, y cuyo medio más adecuado para darle satisfacción es el poder. De ahí la fascinación que éste ejerce sobre los hombres más ávidos de fama y riqueza.


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