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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1990

II. Democracia y gobernabilidad


"Las repúblicas que para peligros urgentes no tienen el recurso de la dictadura, siempre las arruinará cualquier grave accidente."

Desde los griegos se ha reconocido como un principio fundamental de la ciencia política que el poder centralizado en algún grado es necesario para poder gobernar toda sociedad de cierta magnitud. La toma de decisiones debe ser ágil para poder enfrentar el sinnúmero de asechanzas y dificultades por las que atraviesa una comunidad determinada. El poder descentralizado puede en cambio causar la ineficiencia política y, en grado extremo, la ingobernabilidad social. [Nota 8]

Este principio no podía pasar desapercibido por Maquiavelo, quien comprendió perfectamente el dilema M poder en términos del interés colectivo; el poder descentralizado es ineficaz para la acción rápida, aunque contribuye a evitar o prevenir el abuso por parte de los gobernantes; el poder centralizado es un cambio eficaz en la toma de decisiones, pero propicia los excesos de los líderes en perjuicio de la colectividad. La comuniad se ve en la necesidad de elegir entre anarquía y despotismo.

Maquiavelo extrajo de la experiencia republicana de Roma la posible salida ante este dilema; la combinación de instituciones que concentren el poder en algún grado, de modo que permitan una acción gubernamental ágil y eficaz, con otras que refrenen y contengan la ambición de quienes han sido designados para aquella tarea.

Se trata de la esencia de la democracia política, concebida ésta como punto de equilibrio entre un polo de anarquía, ineficaz en la acción pero justa, y otro de despotismo, eficaz pero injusto. La división de poderes permite conciliar las dos metas aparentemente antagónicas en la acción política; gobernabilidad y control sobre el poder.

Debe pues un gobierno edificar instituciones centralizadas que procuren la gobernabilidad suficiente y permitan superar la inacción y la parálisis, sobre todo en aquellas situaciones de extrema urgencia. Maquiavelo toma de la república romana el ejemplo de concentrar todos los poderes en un grupo reducido frente a una emergencia, por acuerdo de los órganos representativos, cuya dilación habitual en deliberar y tomar decisiones resultaría perjudicial para la sociedad en tales circunstancias.

Los procedimientos de gobierno en las repúblicas son lentos. No pueden hacer nada por sí los consejos ni los magistrados, necesitando en muchos casos los unos de los otros para tomar resolución, y como en el acuerdo de las voluntades se emplea tiempo, las determinaciones son tardías, y a veces peligrosas cuando tienen por objeto remediar lo que no admite espera. Todas las repúblicas deben, por tanto, establecer entre sus instituciones una semejante a la dictuadura. [Nota 9]

Evidentemente, existe el riesgo de que la concesión de poder en tales circunstancias derive en lo que se desea evitar; un régimen dictatorial, una vez que el peligro ha sido superado. Pero esa posibilidad disminuye, según Maquiavelo, precisamente si se le reglamenta detalladamente, de modo que se establezcan con claridad las facultades y límites al poder que se otorga a través de esa vía. De no existir esa disposición legal, la presión de las circunstancias orillarían como quiera a la centralización política, pero sin límites en el tiempo ni en el espacio; de modo que "la costumbre de quebrantar la Constitución para hacer el bien conducirá a quebrantarla con tal pretexto, para en realidad hacer el mal".[Nota 10]

La única salida lógica que Maquiavelo ve ante ello es permitir legalmente la concentración temporal del poder cuando las condiciones así lo justifiquen, pero imponiendo al mismo tiempo restricciones de tipo institucional, según el ejemplo romano:

(En Roma) ... la dictadura era un cargo temporal; nombrábase dictador para resolver determinado conflicto y hasta que desapareciera; ... pero no podía hacer cosa alguna que alterase las instituciones del estado, como lo sería privar de su autoridad al senado o al pueblo o derogar la antigua constitución política para establecer otra nueva.[Nota 11]

Es éste un dispositivo propio de la democracia política, que permite dar cauce adecuado a las situaciones de emergencia sin poner en riesgo la continuidad de las instituciones republicanas y la libertad de la sociedad frente a sus gobernantes. Para Maquiavelo queda clara la conveniencia de adoptar este mecanismo como medio adecuado, y por tanto racional, para conciliar la gobernabilidad con la prevención al abuso del poder gubernamental, tal y como lo reflejan prácticamente todas las constituciones liberales de nuestra época.


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