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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1990

IV. Legalidad y responsabilidad política


"Lo de peor ejemplo en una república es hacer una ley y no cumplirla, sobre todo si la inobservancia es por parte de quien la ha hecho."

Una característica fundamental de la democracia política, que en lo fundamental constituye su esencia distintiva, es la responsabilidad pública de los gobernantes; es decir, el complejo institucional que permite establecer consecuencias negativas a los gobernantes por el abuso de autoridad, por negligencia o torpeza en la administración pública. Tales consecuencias pueden ir desde el desalojo del poder, hasta la sanción legal correspondiente.

Sin tales dispositivos, será raro el gobernante que se abstenga de utilizar su privilegiada situación en su propio provecho, pasando por alto el interés colectivo. [Nota 17] Más allá de la injusticia inherente a tal situación, Maquiavelo enfatiza el peligro que la impunidad gubernamental supone para la estabilidad y continuidad del Estado. Resulta por tanto juicioso para los soberanos castigar cualquier abuso de parte de sus subordinados para con la ciudadanía.

Y si se trata de institucionalizar un orden político de largo plazo, lo mejor que se puede hacer es establecer un mecanismo permanente que dé libertad a cualquiera de acusar los desvaríos y excesos de todo ciudadano, incluyendo los que ocupan las magistraturas más elevadas, ante tribunal competente para ello:

Esta organización tiene dos resultados utilísimos para la república; consiste el primero en que los ciudadanos, por miedo a que los acusen, nada intentan contra el Estado, y si lo intentan, sufren inmediato e inevitable castigo; y el segundo en abrir camino para el desahogo de la animadversión por cualquier causa ( ... ) si no existen estos recursos legítimos, se acude a los extralegales, los cuales ocasionan, sin duda, peores resultados de aquéllos. [Nota 18]

Por lo mismo, recomienda Maquiavelo no extender a nadie un derecho de impunidad ante las infracciones al orden legal y al bien público; ni siquiera a aquéllos que hubieren reportado antes un beneficio a la comunidad. El costo de no aplicar sistemáticamente y con criterios de universalidad la legislación vigente es que ésta pierda todo su poder regulatorio de las relaciones sociales. indudablemente es ésta la condición necesaria de un auténtico Estado de Derecho.

En efecto, si a la fama que un ciudadano logra por haber hecho un servicio eminente a la república se agrega la audaz confianza de poder hacer algo malo sin temor a la pena, llegará a ser en breve tan insolente que anulará la eficacia de las leyes. [Nota 19]

Desde luego, no son consideraciones de tipo moral las que mueven a Maquiavelo a recomendar semejante organización. Por encima de los ideales de justicia hay razones de estabilidad y de orden, pero éstas son lo suficientemente poderosas como para reflexionar seriamente sobre la conveniencia de instaurar un régimen de responsabilidad política eficaz. De nueva cuenta, detrás de la proposición democrática se encuentran bases realistas, y por tanto racionales, de acción pública:

Los príncipes y las repúblicas deben, pues, procurar que no se cometan tales ofensas, ni contra los pueblos ni contra los particulares; porque si un hombre es gravemente ofendido por un Estado o individuo, y no obtiene la reparación que juzgue necesaria... no quedará satisfecho hasta que de algún modo se haya vengado de él, aun a costa de su propia vida.[Nota 20]

Se trata pues de establecer uno más de los equilibrios propios de la democracia; el que debe imperar entre la ciudadanía y el poder. Sólo a través de éste es posible conseguir un mínimo de armonía social duradera, y que cree las condiciones a través de las cuales puede una sociedad progresar significativamente; preocupación que está presente en el pensamiento de Maquiavelo, pensando no sólo en el futuro de Florencia, sino en el de Italia, pero cuyas fórmulas pueden llegar a tener una validez general para todos los pueblos, pues "el que estudia las cosas de ahora y las antiguas, conoce fácilmente que en todas las ciudades y en todos los pueblos han existido y existen los mismos deseos y las mismas pasiones"; [Nota 21] pasiones que sólo pueden ser refrenadas por la acción eficaz de un sistema legal coercitivo, tanto para los ciudadanos como para los gobernantes.


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