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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1990

V. Sufragio y soberanía popular


"Los pueblos escogen mejor que los príncipes."

Maquiavelo consideraba que buena parte de la fortaleza que alcanzó la república de Roma debe explicarse a partir de la costumbre de permitir al pueblo elegir a sus magistrados y dar a estos puestos una duración limitada, de modo que quienes los ocuparan no se engolosinarían con el poder, olvidando el mandato que se les confería por esa vía. De tal manera, se podían conseguir dos objetivos sumamente necesarios para el buen gobierno; por un lado disminuirían las posiblidades de hacer una mala elección, en términos de la aptitud para el gobierno y el compromiso con el interés colectivo. En segundo, por ese medio se obligaba a los gobernantes a rendir cuentas de su gestión al término de su período. Al mismo tiempo, se estimulaba a los aspirantes a ocupar puestos de gobierno, a realizar actos benéficos a la colectividad, de modo de obtener fama pública, y por esa vía resultar triunfadores en la justa electoral. Todo ello evidentemente se traduce en mayor beneficio para la colectividad y en estabilidad del Estado.

Maquiavelo opina que el pueblo, en su conjunto, está más capacitado para hacer la elección de sus gobernantes más acertada, pues a pesar de su ignorancia sobre los pormenores de la política, sabe juzgar, en términos generales, aquello que más le conviene y qué hombres pueden reportarle mayores beneficios. Ello no lo exime de la posibilidad de equivocarse; pero la probablidad de ello es menor que si se deja al príncipe realizar tal elección:

Sus elecciones de magistrados... son mejores que las de los príncipes, pues jamás se persuadirá a un pueblo de que es bueno elevar a estas dignidades a hombres infames y de corrompidas costumbres, y por mil vías se persuade de ello a un príncipe.[Nota 22]

En realidad, la ciudadanía cuenta, según el florentino, con una percepción más aguda para detectar lo que le conviene, ya que los príncipes tienden a dar prioridad a sus propios problemas e intereses, que por lo general son antagónicos a los de la colectividad, en algún grado. Si se deja pues a la población elegir a sus gobernantes, habrá mayor probabilidad de que se tome una decisión correcta:

No sin razón se compara la voz del pueblo a la de Dios, porque los pronósticos de la opinión pública son a veces tan maravillosos, que parece dotada de oculta virtud para prever sus males y sus bienes. [Nota 23]

Por supuesto, Maquiavelo no soslaya el riesgo de que la multitud tome decisiones equivocadas, a raíz de que se le engañe con demagogia y propaganda. Pero ese riesgo se aminora si se da absoluta libertad de publicitar cada una de las opciones a la ciudadanía, con el objeto de que cuente con mayores elementos de juicio, al emitir su sufragio:

Y como pudiera suceder que los pueblos se engañaran respecto de la fama, reputación o acciones de un hombre, estimándole más meritorio de lo que es en realidad, (debe organizarse la república de tal modo que)... sea lícito y hasta honroso a culquier ciudadano dar a conocer en público, discursos con los defectos del candidato para que sabiéndolos el pueblo, pueda elegir mejor. [Nota 24]

Esta última idea concuerda perfectamene con la definición contemporánea de la opinión pública autónoma.[Nota 25] En todo caso, Maquiavelo sostiene que debe haber restricciones legales lo mismo para el pueblo que para los gobernantes, pues resulta falaz la afirmación -muy difundida- de que los príncipes, por su ilustración y educación, pueden perfectamente conducirse sin frenos externos que los obliguen a no rebasar ciertos límites. En suma, el argumento frecuentemente esgrimido en contra de la democracia, a partir de la ignorancia, torpeza o la brutalidad del pueblo, no tiene fundamento alguno para el florentino.

Digo pues, que del mismo defecto que achacan los escritores a la multitud, se puede acusar a todos los hombres individualmente y en particular a los príncipes, porque cuantos no necesiten ajustar su conducta a las leyes cometerán los mismos errores que la multitud sin freno. No se debe, pues, culpar a la multitud más que a los príncipes, porque todos cometen demasías cuando nada hay que los contenga... Afirmo, por tanto, y aseguro contra la común opinión de que los pueblos cuando dominan con ser veleidosos, inconstantes e ingratos, no son mayores sus faltas que la de los reyes. [Nota 26]

Las elecciones, según Maquiavelo deben organizarse de tal manera que no sean posibles los fraudes, pues con ello se anula su eficacia en la consecusión de las metas para las cuales fueron diseñadas. Es la facilidad y la frecuencia del fraude electoral lo que en buena parte explica el fracaso de las reformas de Maso de Albizzi en la república de Florencia, años atrás, según Maquiavelo: "Sus defectos fueron entre otros, hacer los escrutinios para largos plazos, en los que eran fáciles los fraudes..."[Nota 27]

La periodización y rotación de los puestos públicos es también una condición para la salud de la república. Prolongarse demasiado tiempo en el poder corrompe necesaria e inevitablemente a los gobernantes, quienes en tal caso no se sienten en la necesidad de rendir cuentas a la ciudadanía o de tomar en cuenta sus demandas. Sin embargo, Maquiavelo no era ajeno a la conveniencia de brindar tiempo suficiente a los gobiernos para completar sus proyectos respectivos. De nuevo, en Florencia la ruina de la república había sobrevenido en parte "...porque los señores lo eran por tan poco tiempo que no lo tenían para realizar las grandes empresas que dan crédito y fama".[Nota 28] Es ésta, de nueva cuenta, una forma de conciliar las necesidades de un gobierno eficaz con la conveniencia de establecer controles sobre los gobernantes.

Así pues, el concepto de soberanía popular, aunque no llamado de esa manera, aparece claramente en el pensamiento de Maquiavelo, pero más como un instrumento racional para la toma de decisiones colectivas, que como un ideal abstracto de justicia. La idea del sufragio ciudadano, libre y eficaz, es de hecho un corolario de aquel concepto, pero también se constituye como un mecanismo más que permite fortalecer la repsonsabilidad pública de los gobernantes, principio sin el cual el abuso del poder en detrimento del interés colectivo será algo menos que seguro.


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