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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1990

VI. Democracia y cambio político


"Conviene variar con los tiempos, si se quiere tener siempre buena fortuna."

Si bien el poder centralizado puede resultar sumamente eficaz en la acción gubernamental, presenta también algunas desventajas desde el punto de vista técnico, aparte de que propicia el abuso del poder. Se trata de la dificultad y rigidez que puede mostrar un régimen así organizado para reaccionar ante desafíos nuevos y condiciones cambiantes. Si el peligro es concreto o inmediato, lo mejor para encararlo es un poder concentrado, como ya se vio.

Pero si se trata de un reto de más larga duración, y no puede ser enfrentado de manera directa, un régimen centralizado puede simplemente paralizarse y tomar demasiado tiempo para reaccionar según aconsejen las circunstancias. Ello se debe en gran parte a que sólo unos cuantos están facultados para tomar la inciativa de las políticas a seguir. Si por alguna razón esa élite no lo puede o no lo quiere hacer, nadie más podrá proponer las salidas adecuadas. La inercia y la parálisis ante ese tipo de situaciones son características de los sistemas altamente burocratizados y centralizados. Nada puede moverse sin una orden previa que provenga de arriba. La iniciativa y flexibilidad llegan a atrofiarse en tales regímenes

En cambio, en un sistema más descentralizado existen numerosos organismos e instancias que pueden reaccionar o lanzar propuestas sobre cómo encarar el problema. La posibilidad de encontrar alguna solución aumenta en esa proporción. Si la cúpula se embota, en otros niveles intermedios puede surgir la respuesta adecuada. Por tanto, es más probable que un régimen relativamente descentralizado pueda adaptarse más fácilmente y con éxito a los grandes desafíos que implican la necesidad de cambiar sustancialmente el sistema político, social o económico. [Nota 29]

Maquiavelo registró ese mismo principio en la experiencia de la república romana, parte de cuyo éxito atribuye a su capacidad de responder adecuadamente a distintas circunstancias, por tener la flexibilidad necesaria para ello. Lo cual lo llevó a concluir que:

Las repúblicas tienen más vida y mejor, y más duradera fortuna que las monarquías, pues pueden acomodarse, a causa de la variedad de genios de sus ciudadanos, a la diversidad de los tiempos, cosa imposible para un príncipe. [Nota 30]

Los monarcas y sus cortes, acostumbrados a ciertas formas de proceder y aferrados a sus propios intereses (los cuales en ocasiones es menester sacrificar en aras de la reforma) tienden a responder mal y tarde ante semejantes desafios:

Dos cosas impiden esos cambios; la imposibilidad de resistir a nuestras inclinaciones naturales, y la dificultad de convencerse, cuando se ha tenido buen éxito con un procedimiento determinado, de la conveniencia de variarlo ... Las repúblicas perecen también por no ajustar sus institutciones a los tiempos... pero más tarde que las monarquías, porque a éstas les apena más variar, siendo preciso que el cambio de tiempos quebrante todas las instituciones ... [Nota 31]

Ésta es una razón más, según Maquiavelo, por la cual resulta más conveniente, en términos de estabilidad y continuidad, organizar un Estado según el modelo republicano. A la larga, puede superar más fácilmente los diversos retos que se le presentan y adecuarse con mayor agilidad a los cambios de las condiciones, que a veces pueden darse de manera vertiginosa. Los acontecimientos actuales, en que los regímenes autoritarios y centralizados van cayendo uno a uno frente a los cambios en la arena internacional, en comparación con algunos regímenes democráticos que tienen más de dos siglos de vida, parecen confirmar ese antiguo principio comprendido perfectamente por el filósofo e historiador florentino.


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