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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1990

Conclusiones


A partir de lo anterior, no puede afirmarse, como tradicionalmente se ha hecho, que Maquiavelo sea un ideólogo M absolutismo, o al menos no únicamente. Es difícil sostener, por el contrario, que lo sea del régimen democrático, o al menos exclusivamente de él. La aparente contradicción se resuelve si se plantea el problema en términos de fortaleza del Estado y estabilidad política.

Bajo el enfoque realista, en ciertas circunstancias el centralismo político será lo más conveniente, como es el fundar un Estado o reformarlo, dada la eficacia que en ese sentido acompaña a un poder dictatorial. Pero una vez puestas las bases para ello, la racionalidad aconseja abrir el régimen de modo que se establezca institucionalmente un firme control sobre los gobernantes, sobre la base de un régimen de Derecho.

La mayor justicia y el mayor beneficio colectivo que de ahí puedan derivarse no serían necesariamente vistos como fines en sí mismos, desde la perspectiva de Maquiavelo, o al menos no únicamente; simultáneamente se constituyen como medios eficaces y adecuados para permitir y prolongar la estabilidad política y la paz social, las cuales, en regímenes centralizados, terminarán por desaparecer tarde o temprano, pues presentan límites naturales de continuidad, lo que en el caso de los sistemas democráticos no ncesariamente ocurre de la misma manera.

Es pues la democracia política la que puede traducirse en un Estado que goce de firmeza, continuidad y capacidad de gobernar en favor de toda la comunidad, lo que en realidad constituye la finalidad última en el pensamiento de Maquiavelo. Que los gobernantes deban limitar su poder y, por ende, los privilegios asociados a éste, en ningún momento se percibe como necesariamente perjudicial para ellos. Ésa sería la conclusión de un análisis de cortas miras. A largo plazo, la estabilidad se traduce en beneficio para la clase gobernante, lo mismo que para el conjunto de la ciudadanía. Puede decirse en ese sentido que así como los ciudadanos sacrifican parte de su libertad en aras de su seguridad y bienestar, al aceptar la creación de un Estado poderoso, de igual manera los gobernantes ganan en seguridad y continuidad política al ceder parte del poder que se les ha conferido.

Es éste el sentido del equilibrio democrático que percibe Maquiavelo, pese a que la época de la democracia moderna se encontraba aún lejana cuando escribió su obra. Se estaba en pleno umbral del absolutismo, y por ello el florentino cede ante su imperiosa necesidad histórica. Pero más allá de ello presiente y propone un régimen inspirado en las antiguas repúblicas para imprimir mayor eficacia y continuidad al quehacer estatal. En esa medida, podría decirse que Maquiavelo no sólo es precursor de Hobbes, como se reconoce habitualmente, sino también de Locke, teórico realista por excelencia de la democracia política moderna.


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