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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1991

HACIA UNA SOCIOLOGÍA DE LA IGNORANCIA

Author: Joseph Hodara [Nota 1]

Las virtudes de la ignorancia
La inocente perversidad de los expertos
La desinformación sistémica
Relieves del conocimiento
Los tipos de ignorancia
¿Todo conocimiento es pertinente?
Apertura y hermetismo
La sociedad como productora y consumidora de ignorancias
En suma

Las virtudes de la ignorancia


La observación convergente de varios hechos empíricos, tanto en países industrializados como en sociedades de menor especialización estructural e ingreso, justifica un nuevo género de indagación que diversificaría el campo de las ciencias sociales. Se trata de la sociología de la ignorancia.

En su momento, Bacon acuñó la memorable sentencia: "Saber es Poder." La tesis que hilará mis argumentos es, en gran medida, su rival: "Ignorancia es Poder." Hasta la fecha, el conveniente desliz, el celebrado "acto fallido" la torcedura de los datos, se han percibido como puntual escapismo, acertado olvido o excusable disculpa en el espacio interno de los individuos y en los canjes que se verifican en la sociedad. Pero la ignorancia que aquí refiero es un artefacto estructural, inteligentemente montado, que sólo en parte acentúa y difunde "la falsa conciencia" señalada por el marxismo. Porque este dispositivo apareja efectos más amplios: institucionaliza un régimen de desinformación que deforma o sesga decisiones en la cúspide del poder, disimula y entorpece el conocimiento público, y engaña sin malicia impugnable a los ciudadanos, que a su turno se autoengañan.

Presentaré con este curso de ideas un surtido de reflexiones exploratorias en torno a la ignorancia como estructura social y algunas de sus ramificaciones. Deseo parir un tema que tiene por objeto dilucidar la lógica de la oscuridad cognitiva, a veces inocente y a veces deliberada, pero siempre funcional, con el propósito de identificar mecanismos sutiles de opacamiento del saber, que actores encumbrados y la propia sociedad administran y consumen, padecen y aprovechan. Confienso que, por timidez o por miedo a provocar el convencional ridículo, o a manumitir los demonios que protegen a los enunciados engañosos que calan hondo en cualquier sociedad, sólo me atrevo a sugerir ideas e hipótesis. Nada más, nada menos.


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