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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1991

¿Todo conocimiento es pertinente?


Esta pregunta no es sencilla. Piénsese por ejemplo en los miembros de un jurado en los países que hacen justicia por este medio. Los participantes escogidos como tribunal deben abstenerse de asimilar información que podría sesgar o trizar el sentido común y la apreciación llana, desprejuiciada de los alegatos de las partes. La ignorancia aquí es prescrita, obligatoria. Se supone -parafraseando a Adam Smith-- que la suma de desconocimientos parciales lleva al conocimiento perfecto.

Asimismo, novelas policiales o dramas teatrales consiguen el necesario suspenso manipulando sabiamente el despiste, la confusión, el extravío. Quien sabe el desenlace de un tenso guión pierde interés; la obra detona antes de tiempo. Aborta.

Por otra parte, hay que considerar un género de saber esotérico que cultiva la ignorancia de los demás para vigorizar la solidaridad de los iniciados. La astrología o la literatura en torno a "las fuerzas ocultas de la mente" son casos ilustrativos. La ignorancia -o el escepticismo- de la mayoría probaría la verdad del misterio. Dialéctica extraña pero efectiva.

Epistemológicamente, el cultivo de la ignorancia se podría justificar con el dictamen popperiano o con el principio de Göedel: ninguna afirmación es absolutamente verdadera o engañosa. A lo sumo es refutable. Por lo tanto, cualquier aserto en torno al mundo es materia de fe o de convención. Así las cosas, la ignorancia alcanzaría la misma altura epistemológica del saber.


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