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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1991

La sociedad como productora y consumidora de ignorancias


Los señalamientos que se han presentado hasta aquí pueden conducir a pensar que esta propuesta sociología de la ignorancia condensa, al final de cuentas, las estratagemas y las manipulaciones de la desinformación, que los jerárquicos estamentos de la sociedad y del poder fabulan y practican. No es así. La propia sociedad civil (descartaré variedades para beneficio del argumento) procrea y multiplica las fuentes de la ignorancia. Se darán dos ejemplos ilustrativos por cortesía a la inteligente brevedad.

En algunas circunstancias, los ciudadanos mienten con deliberación. Las encuestas fiscales y censales, para mencionar un espécimen del engaño, jamás traducen con fidelidad "rankiana" a la realidad. La tergiversación es más rentable. Rebajar o aumentar el número de hijos por familia; subestimar ingresos; simular creencias: éstas son formas convencionales de la mentira social. Su beneficio intrínseco es obvio: pagar menos impuestos, recibir más auxilio del Estado benefactor, evitar penalidades.

Esta producción de desfiguraciones se reproduce. Queda inscrita en registros; se la sacraliza a través del cómputo electrónico; y reaparece en informes de conspicuas autoridades y de graves investigadores. A su turno, la sociedad consumirá, en términos agregados y con brillante mercadoctenia, lo que gestó en su modesta cápsula.

Aparte de la mentira agregada y alambicada, oriunda de la propia sociedad, hay que mencionar -siempre con intención ilustrativa- a los estereotipos, es decir, formas ahorrativas de enjuiciar sin justicia, de singularizar un rasgo individual y generalizarlo sin precisiones ni matices, de elogiar y de estigmatizar, con ingratitud a y con despecho de los hechos verificabas. El estereotipo, que abre cauce a los prejuicios y a actitudes mutiladas, disemina y legitima la ignorancia compacta o la verdad fracturada, forma inocente y excusable de la mentira. Así la sociedad se enjaula en una celda destemplada que modela por propia mano.

Porque el miedo a la verdad abruma al quehacer social. Pero lo propaga. Y lo goza. La información certera espanta: es un diluvio que subvierte nuestra capacidad de discernir; inyecta inquietud emocional por las temibles consecuencias que apareja una Revelación atinada; obliga a manumitir creencias convenientes que dispensan significado existencial, o una identidad singularizante, al colectivo y a los individuos.


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