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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1991

En suma


Examinar los componentes de una sugerida -y acaso sugerente- sociología de la ignorancia es el propósito cardinal de estos señalamientos. Muchas preguntas quedan latentes, o arrinconadas. Serán asunto de otro ensayo. Lo que pretendí establecer en este marco consiente una tesis acaso mordaz: la ignorancia no es únicamente una ausencia cultural, o una conspiración de clase, o una artimaña del imperialismo. Es una estructura social. Se preserva y se disemina porque actores y víctimas obtienen gratificaciones de diferente jaez o soslayan los pánicos de la verdad, sin que este autor ignore la inmanente transitoridad de esta voz. Concluyo: la ignorancia es poder y es alivio emocional y cognitivo. Los analistas sociales deberán lidiar con sus múltiples aspectos y mecanismos, si en verdad procuran interpretar, con razonable lucidez, las irracionalidades que emanan de la desinformación estructurada y estructural. Así, la sociología de la ignorancia debería obtener un estatuto teórico e institucional como la añeja sociología del saber, que aún constituye la vanidad de vanidades de los que creen en la influencia benevolente de las altas ideas.


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