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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1991

La dinámica de cambio


La dinámica que se identifica con el ascenso de la Cuenca del Pacífico a un decisivo papel histórico, fue posibilitada por una serie de cambios políticos y militares y las cristalizaciones a las que dieron lugar. Unos y otras contribuyen a desencadenar desarrollos económicos y tecnológicos que, a su vez, producen impactos en las estructuras sociales, los sistemas políticos, los poderes militares y las posiciones de los Estados e Imperios.

Ante todo, los países de la Cuenca han experimentado dramáticos cambios sociales y políticos. Las potencias coloniales se retiran. Surgen nuevos Estados independientes. Los ocupantes norteamericanos imponen al Japón la reforma constitucional y la desmilitarización. Se aplican reformas agrarias en Corea del Sur, en Japón y en Taiwan. China comunista se aísla y reconcentra para intentar un camino de desarrollo específico.

Los Estados Unidos imponen su hegemonía en una buena parte del Asia y del Pacífico, reemplazando a Gran Bretaña como principal potencia occidental. Hacia los Estados Unidos, que los preservó de la ocupación japonesa, se vuelven en adelante, en lo militar y en lo comercial, los antiguos dominios británicos de Australia y Nueva Zelandia.

La Guerra del Pacífico ha dejado una marca duradera en la conciencia y en la opinión pública de los Estados Unidos, manifiesta sobre todo en la decisión de impedir toda nueva hegemonía de un país asiático en el Pacífico. De allí que hasta fines de la década de 1960 tengan una actitud hostil respecto a China, y se comprometan en la Guerra de Corea y en la de Vietnam. Más tarde, si bien renuncian a todo nuevo compromiso militar en Asia, no dejan de mantener un importante dispositivo de fuerzas marítimas, tropas y armas nucleares en el Pacífico.

A partir de 1945 se abre una fase de hegemonía de los Estados Unidos, en lo militar, lo político, lo económico, lo financiero y lo ideológico. Ya durante la Segunda Guerra Mundial, el centro de gravedad del capitalismo norteamericano se desplaza hacia la costa occidental de Norteamérica. El proceso continúa con la enorme expansión económica del Japón en los años de 1960, y su creciente conversión en dínamo económico de la Cuenca del Pacífico. Le sigue el extraordinario despegue industrial de los cuatro Nuevos Países Industriales de Asia: Corea del Sur, Taiwan, Hong-Kong, Singapur, y la más lenta y azarosa industrialización de Tailandia, Malasia, Indonesia y Filipinas.

De este modo, en 1960, el Producto Interno Bruto combinado de los países asiático-pacíficos -con la exclusión de los Estados Unidos, es solamente de un 7.8% del P.I.B. mundial. Pero hacia 1982, la participación se ha duplicado hasta un 16.4%. Desde entonces, las tasas de crecimiento del área han excedido las de Europa, Estados Unidos y la Unión Soviética, por márgenes aún mayores. Es probable que hacia el año 2000 se alcance más del 20% del P.I.B. mundial, igual que Europa o los Estados Unidos. Entre 1973 y 1981, el crecimiento de estos países-taller junto con el de Japón rompe todos los records históricos, con una tasa anual promedio de 8% (en el mismo lapso Estados Unidos tiene el 2.7%, y los países de la Comunidad Económica Europea el 1.9%).

Durante el mismo período, los Estados Unidos ven modificadas sus relaciones con Asia y el Pacífico, y sus equilibrios económicos internos. El comercio con Asia y el Pacífico es en 1960 sólo de 48% del comercio con Europa (países miembros de la OECD), pero sube para 1983 a un 122% del comercio norteamericano-europeo. En 1980, por primera vez, el comercio de Estados Unidos con la Cuenca del Pacífico superó en monto al comercio de los primeros con Europa Occidental. Ya desde los años de 1970 se ve crecer la participación del comercio transpacífico en el comercio mundial, y declinar relativamente la del comercio transatlántico. Estos cambios van acompañados por una redistribución interna de población, empleo, ingreso personal, niveles de vida y servicios, inversiones, recursos humanos, cuyos desplazamientos se refuerzan mutuamente para producir efectos multiplicadores. La redistribución se hace desde el Norte y el Este hacia el Oeste y el Sudoeste, y se traduce en la emergencia de macro-estados como California, Florida y Texas.

Una gigantesca y profunda reorganización de los intercambios mundiales se va produciendo, fundamentalmente en dirección del Pacífico y alrededor del Japón, de sus relaciones económicas con los Estados Unidos y con los nuevos países industrializados en la zona. Así, las participaciones de productos manufacturados en las importaciones norteamericanas se modifican espectacularmente. Entre 1966 y 1983, la parte de Europa cae de 43 a 24%, la de Canadá, de 23.4 a 19%, mientras la de Japón aumenta de 20.8 a 25.6%, y la de los "países-talleres" de Asia se triplica casi de 10.6 a 28%.

Desde hace años, "los Estados Unidos y el Japón han tejido una verdadera red de relaciones industriales, financieras y de investigación que puede hacer pensar en la constitución de un 'bloque' tecnológico coherente". Diferentes factores van confluyendo para impulsar a "esta intensificación de las relaciones nipo-americana", que "es sin duda uno de los factores que contribuye más a la constitución de una 'Zona Pacífica..."[Nota 7]

El ascenso de la Cuenca del Pacífico se identifica con el desarrollo de un nuevo eje económico, tecnológico, cultural y político, que articula a Estados Unidos, Japón y los principales países pacíficos. Ello es a la vez uno de los principales factores, una de las partes integrantes y uno de los resultados del proceso general de concentración del poder mundial, de la nueva división mundial del trabajo y del aprovechamiento de la tercera revolución industrial y científico-tecnológica.

En el contexto de la concentración del poder a escala planetaria el punto de partida contemporáneo de la Cuenca del Pacífico es la imposición de la hegemonía norteamericana desde 1945, hasta los primeros síntomas de su declinación relativa unas tres décadas después. Ello ha expresado fuerzas prexistentes y operantes en los decenios anteriores a 1945, y también el usufructo de un crecimiento sin precedentes de la producción y el comercio mundiales después de 1945, sobre todo el de manufacturas, que por primera vez excede el de productos primarios.

La concentración del poder a escala planetaria y la modificación de su correspondiente jerarquización de países y regiones, se definen por factores, mecanismos e indicadores, referentes a la desigualdad del desarrollo histórico precedente, y a aspectos y niveles económicos, tecnológicos, militares, culturales, sociales y políticos. La dimensión económica debe ubicarse en la perspectiva más amplia de la nueva división mundial del trabajo, su naturaleza e implicaciones. Ella es presupuesto, componente y resultado de la gigantesca mutación del capitalismo, en marcha desde hace décadas. Se manifiesta y avanza desde y a través de la aceleración y profundización de las transformaciones estructurales en los países capitalistas desarrollados; de los avances en la transnacionalización del capital; de la difusión de un modelo específico de crecimiento y modernización neocapitalistas-tardíos y dependientes, o periférico, en especial el redespliegue, la industrialización sustitutiva de importaciones y para la exportación en un número considerable de países del "Tercer Mundo"; el proyecto de restructuración integradora de una parte de la economía mundial y, con ello, de las políticas nacionales, del Estado-Nación y de las relaciones internacionales.

Decisivos cambios estructurales se aceleran y profundizan en los centros capitalistas desarrollados, en Estados Unidos, Japón, Europa Occidental. La concentración y centralización del capital alcanzan dimensiones y grados sin precedentes, vgr. bajo la forma de conglomerados. Los procesos y resultados de la tercera revolución industrial y científico-tecnológica (energía nuclear, informática, autonomación, comunicaciones, telemática, biotecnología) van logrando un uso creciente en el proceso productivo, la sociedad y la cultura, la política y el Estado.

La elevación de la productividad y la racionalización de la producción van de la mano con la tendencia a la creación de población redundante o excedente, y con dificultades para la continuidad y avance de la acumulación y la rentabilidad del capital en los centros desarrollados. [Nota 8]

Una creciente tendencia a la transnacionalización se encarna y realiza en las empresas multinacionales, convertidas en fenómenos centrales del capitalismo contemporáneo y del sistema mundial.

El surgimiento y progreso impositivo de la nueva división mundial del trabajo se explica por los factores y procesos indicados: surgimiento de un mercado mundial del trabajo en el cual compiten trabajadores de todos los países (capitalistas desarrollados o en desarrollo, y de economías centralmente planificadas). El progreso de la división del trabajo descompone el proceso productivo en operaciones simples y unidades elementales, y permite la sustitución de la mano de obra calificada por la semi o no-calificada, rápida y fácilmente preparable, más barata, controlable y sustituible. Progresan también los medios cada vez más eficientes de transporte y, sobre todo, de comunicación.

De esta manera, las inversiones, los flujos de recursos (financieros, tecnológicos, físicos, humanos), las unidades de producción, se expanden y desplazan, se dispersan y reintegran de diferentes modos. Un vasto movimiento mundial de redespliegue y relevo reordena y redistribuye papeles, funciones y posibilidades de regiones, países, ramas productivas, clases, grupos, instituciones y Estados.

En las economías capitalistas centrales -sobre todo Estados Unidos, Japón, Alemania Federal- se conservan y refuerzan los controles mundiales de los grandes fluios financieros y comerciales, que mantienen y desarrollan las industrial más capital-intensivas, sobre todo en los sectores dinámicos y de avanzada (electrónica, informática, química, nuclear, espacial, genética).

Desde los países capitalistas centrales se exportan a los países subdesarrollados y dependientes más dinámicos, recientemente industrializados o en camino de industrialización acelerada, con bajos costos salariales y sociales y considerables mercados (actuales y potenciales), las industrias trabajo-intensivas y polucionantes, y algunas industrias básicas (textiles, automóvil, química, electrónica, astilleros, siderurgia, ciertos bienes de capital).

Al mercado mundial del trabajo corresponde así un mercado mundial de emplazamientos industriales; en ambos, los países desarrollados de economía de mercado, los países en desarrollo, e incluso algunos países de economía centralmente planificada, compiten para atraer, mantener o ampliar la producción industrial, mediante estímulos varios. (Estos son básicamente, la dotación en condiciones excepcionalmente favorables de capital, créditos, exenciones fiscales, tierras, instalaciones industriales, energía, transporte, agua y electricidad; fuerza de trabajo barata y bajo control; condiciones políticas de orden contra perturbaciones sindicales y de hostilidad a la inversión extranjera.)

Este gigantesco movimiento de redespliegue, deslocalización y relevo, se da por impulso, bajo el control y en beneficio de las empresas transnacionales y sus Estados. Las nuevas implantaciones industriales se expanden como inversiones privadas, bajo la forma de sociedades financieras, comerciales, industriales y de ingeniería, y con la contribución de la gran banca internacional.

El capitalismo mundial responde así a las exigencias de industrialización del "Tercer Mundo", -sobre todo los países de éste que evidencian deseo y capacidad de incorporación al proceso- con nuevas especializaciones deformantes y subordinantes, y convirtiéndolos en relevos para la restructuración de la economía mundial bajo la hegemonía y en la órbita de algunos de los países centrales. Al mismo tiempo y en el mismo proceso, el capitalismo mundial valoriza sus capitales de origen, se reproduce y desarrolla al menor costo y con el mayor beneficio posibles.

Los países sometidos a esta especialización restructurante asumen la provisión de productos primarios e industriales, a bajos costos y precios, y son inducidos a la importación de bienes de capital, equipos y tecnología y a financiamientos externos, o a confiar los proyectos a inversiones extranjeras. Las empresas transnacionales y sus Estados presentan a los países en desarrollo estrategias de crecimiento y modernización y ofertas globales que interrelacionan equipos, tecnología, financiamiento, inversiones compartidas -con frecuencia todo integrado en un paquete único. Este proceso permite a veces rápidos resultados en ciertos indicadores de crecimiento cuantitativo, pero también aumenta las necesidades de importación y de divisas de los países en desarrollo, de exportaciones especializadas y de nuevos financiamientos. Ello realimenta y refuerza la tendencia a las nuevas importaciones de quipos y tecnologías, de nuevas inversiones directas y de mayor endeudamiento externo. La misma dinámica contribuye a reducir o destruir las capacidades de innovación tecnológica y de investigación científica, de producción de bienes de capital y equipamiento de los países en desarrollo.

Dentro de este proceso general adquieren características especiales los Nuevos Países Industriales (Taiwan, Hong-Kong, Corea del Norte, Singapur), que logran avances notables bajo un común patrón de industrialización. Este abarca: la planificación centralizada por una tecnoburocracia militar/civil; el control autoritario del mercado del trabajo y la explotación sistemática de la mano de obra barata; la inyección de capital extranjero; la creciente especialización que los aleja del énfasis en la producción de bienes de consumo, hacia la industria básica y la alta tecnología (semiconductores, computadores, telecomunicaciones).

De manera más general, el crecimiento económico en la Cuenca del Pacífico se ha beneficiado con la concurrencia de una constelación de factores interrelacionados. El ascenso espectacular en la productividad industrial se ha dado en sociedades orientadas a la exportación. Ello a su vez lleva al fuerte movimiento hacia los servicios de comercio exterior, marítimos, financieros, hacia nuevas tecnologías y manufacturas trabajo intensivas más baratas. El aumento de la producción agropecuaria ha superado el crecimiento total de la población. Cada éxito ha interactuado con los otros, para producir una tasa de expansión que eclipsa la de los poderes occidentales tradicionales, y la de los países del COMECON.


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