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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1991

Balance y perspectivas


Este proceso no ha podido menos que producir cambios trascendentales en los equilibrios económicos, políticos y estratégicos del mundo. Los principales países de la Cuenca y ésta en su conjunto logran niveles históricos de crecimiento; aumentan su participación en el producto bruto mundial, en el comercio internacional, en las cifras globales de producción manufacturera, de innovación tecnológica. Los centros industriales y tecnológicos de la sociedad mundial se desplazan hacia la llamada Comunidad telectrónica del Pacífico Norte. La Tercera Revolución Industrial y Tecnológica es la primera que ya no se origina en la costa atlántica de Europa. En Tokio, Hong-Kong, Singapur, se constituyen los nuevos centros financieros de interés mundial, que van desplazando a los tradicionales de Amsterdam, Londres y New York. Importantes centros de operaciones antes radicados en New York, trabajan ahora en California.

Todo ello se identifica con cambios en la división mundial del trabajo, en los grandes patrones y flujos de producción y comercio, y en las relaciones internacionales. Se da una creciente interdependencia económica entre los países asiáticos del Pacífico, en un contexto más global de desarrollo desigual con una mayor concentración del crecimiento en la parte septentrional y occidental de la Cuenca, y una desaceleración en el Este, relativa en Estados Unidos, absoluta en América Latina.

La Cuenca del Pacífico forma parte del proceso de continuos cambios en el sistema internacional, en términos de riqueza, poder, fuerza económica, capacidad militar, y en la situación relativa de las grandes potencias, de los países desarrollados y de los pertenecientes al "Tercer Mundo". El dinamismo económico modifica el ambiente político mundial, crea nuevas correlaciones de fuerzas, produce cambios políticos y militares y se entrelaza con ellos. Es previsible el ascenso de cinco constelaciones de poder económico-político mundial, la pentarquía integrada por Estados Unidos, Japón, China, Unión Soviética y la Comunidad Económica Europea. China y Japón están ascendiendo como potencias regionales. La Comunidad Económica tiende a reforzarse en la estructura del poder mundial y puede llegar a ser el mayor bloque económico. Es compleja y ambigua la presencia de la Unión Soviética, que combina la estabilización con la tendencia a la lenta baja. Es relativamente rápida la baja de Estados Unidos, aunque conserve una gran fuerza económica, militar y política. A esta constelación debe agregarse la presencia relativamente menor pero significativa de los principales Nuevos Países Industriales.

En una dialéctica de la hegemonía, la interdependencia y la multipolaridad, las nuevas constelaciones de poder y las nuevas correlaciones de fuerza coexisten con una situación y proceso en que las superpotencias no se replantean hasta el momento los criterios políticos y militares aplicables a la Cuenca del Pacífico y continúan aferrados a los esquemas de la bipolaridad. Al mismo tiempo se constituye e impone una estratificación productiva-tecnológica, que separa a las potencias y países industrializados de los países en desarrollo. La estratificación coexiste y se entrelaza con las competencias de intereses y poderes, y con los cuestionamientos y replanteos de las tendencias multipolarizantes. Los polos de poder y las constelaciones de intereses de los países emergentes no aceptan la supeditación a los intereses globales de las superpotencias.

Así, los Estados Unidos mantienen su predominio en un contexto de estratificación/multipolaridad. Se enfrentan, sin embargo, a una relación compleja y contradictoria con Japón. Se trata de una relación de interdependencia más o menos asimétrica y de alta complejidad, con entrelazamiento, coincidencia y oposición de intereses, que ha sido motor del proceso de la Cuenca del Pacífico, con la incorporación creciente de otros países. Las corrientes comerciales, financieras y tecnológicas de Estados Unidos y Japón, y la estabilización política de la Cuenca del Pacífico, han ido produciendo desarrollos complementarios, interdependencias, cambios productivos, tecnológicos y una división regional del trabajo. Ello coexiste y se interrelaciona con la competencia intercapitalista entre Estados Unidos, Japón y los Nuevos Países Industriales. A ello se agregó, hasta hace poco tiempo, la rivalidad Oeste-Este; la competencia intersocialista entre la Unión Soviética, China, Vietnam, Campuchea. Mercados y espacios políticomilitares son disputados también por todos aquellos actores, además de Australia, Surcorea, Singapur, Taiwan y Hong-Kong, con lo que se van esbozando bloques sub-regionales, con variable peso político-colectivo. En cuanto al predicamento y tendencias de los principales actores en el escenario histórico de la Cuenca del Pacífico, deben anotarse algunas referencias.

Los intereses económicos, políticos y militares de los Estados Unidos en la Cuenca del Pacífico, sin carecer de especificidad, se subsumen en la globalidad de intereses y el liderazgo general de aquéllos. La hegemonía impuesta desde 1945 por las altas participaciones relativas en los indicadores fundamentales del poder mundial, ha ido sufriendo una progresiva erosión en las últimas décadas, enmascarada al principio por la impresionante expansión de la posición hegemónica y competitiva en las décadas de 1950 y 1960. La erosión ha expresado la convergencia de fenómenos y procesos como los vinculados con la recuperación de Europa Occidental y Japón, la emergencia de nuevos centros de industrialización, el despliegue de tendencias críticas seculares de la economía norteamericana. Ello no ha podido menos que plantear graves problemas políticos y estratégicos a dirigentes y grupos dominantes de los Estados Unidos.

Así, por una parte, frente a la situación y tendencias de la multipolaridad, Estados Unidos se inclina a respaldar los polos de poder que apoyen su control y mantengan o refuercen el equilibrio en la Cuenca. Ello implica el fortalecimiento de las capacidades y las posiciones políticas y militares de los Estados Unidos y de sus aliados en la Cuenca, según criterios obsoletos y discordantes respecto a los de los países integrantes de aquélla; especialmente la consolidación del sistema de seguridad de la Cuenca frente a la Unión Soviética y a la China Popular. Estados Unidos ha visto amenazada su supremacía en la Cuenca por la presencia de la Unión Soviética, por el debilitamiento de su pacto militar con Australia y Nueva Zelandia (ANZUS)---vgr. negativa de Nueva Zelandia a los Estados Unidos al derecho de uso de su territorio como base de operaciones militares y política antinuclear.

Por otra parte, la supremacía de los Estados Unidos se ve minada por la contradicción entre el apoyo que quiere dar a los países amigos de la Cuenca y la creciente competencia que algunos de éstos le hacen, en especial Japón y los Nuevos Países Industriales. Los Estados Unidos muestran hostilidad a la penetración de sus mercados, con el proteccionismo, restricciones diversas y con el pedido de medidas para reducir desequilibrios; por ejemplo, respecto al Japón, demandas sobre la revaluación del yen, las exportaciones norteamericanas, leyes impositivas, transferencias de dinero del ahorro al consumo, reparto de un mercado menor entre Japón y otros países rivales del Pacífico, mayor participación en los gastos de la defensa de la Cuenca.

De manera general, la posición de los Estados Unidos en la Cuenca se ve afectada por ciertos procesos críticos de su economía, declinación de la productividad industrial y agrícola y desequilibrios financieros, en el marco de sus normas compromisos mundiales y de "sobre-extensión imperial". La reducción de la capacidad económica relativa y la amplia gama de desafíos externos a la hegemonía obligan a dedicar más recursos a lo militar y menos a la inversión productiva, al crecimiento y a los gastos sociales, lo que reduciría la capacidad para soportar el peso de la defensa. De todos modos, si la hegemonía de los Estados Unidos declina, no por ello desaparece, y conserva en un mundo multipolar una alta significación, por la fuerza propia y por la que deriva de su capacidad de articular e instrumentar alianzas.

El Japón ha experimentado un crecimiento y modernización espectaculares, demostrando una alta capacidad de superación, digna de emulación. Un conjunto de factores favorables ha permitido la emergencia del llamado "milagro japonés que se refleja en los indicadores y cifras de crecimiento del Producto Interno Bruto; del predominio mundial en el número de industrias que van de la baja a la alta tecnología; de los excedentes comerciales; de la combinación entre el gigantismo industrial y el financiero; de la conversión de principal acreedor neto en gran inversor; del enriquecimiento continuo en el P.I.B. per cápita y en el nivel de vida.

Japón ha aprovechado las ventajas de un desarrollo sin responsabilidades políticas y militares, pero ha ido entrando en una fase que suscita peligros y temores de diverso tipo. En la madurez el crecimiento se hace más lento y aumentan las presiones de aliados y rivales: de los Estados Unidos y Europa Occidental para que reduzcan su agresiva y exitosa competencia; de los países que quieren emularlo y superarlo, como los Nuevos Países Industriales y China. Esta situación induce al Japón a la huida hacia adelante, hacia los sectores más prometedores y rentables para el siglo XXI, los de alta tecnología y manufacturas de mayor valor agregado. La acumulación de enormes excedentes financieros y las necesidades de materias primas, energéticos y mercados impulsan al desarrollo de las inversiones externas, al establecimiento y reproducción de sus industrias en otros países, al refuerzo de la cooperación e interdependencia con países de la Cuenca Pacífica.

Este complejo predicamento no deja de producir múltiples incidencias en la política internacional del Japón. Ante todo, dificulta el diseño y realización de una política exterior coherente. Japón ha intentado sobre todo aplicar la llamada "Diplomacia pacífica omnidireccional", que significa "ser todas las cosas para todos los hombres, dar prioridad a la solución pacífica de los problemas internacionales, evitar situaciones de encrucijadas y peligros de fuegos cruzados, tratar de estar bien con todos sin dejar de proseguir su carrera al enriquecimiento. Ello ha planteado, entre otros, el dilema que obligaría a optar entre la productividad y la prosperidad, o la fuerza militar y los gastos de defensa. Los Estados Unidos presionan al Japón para que adquiera un mayor compromiso en defensa, seguridad y rearme. Las objeciones de diferentes sectores del Japón son en parte domésticas: bien fundados temores al resurgimiento del militarismo y el imperialismo, a las posibles pérdidas, a la destrucción nuclear, a un freno al crecimiento y competividad, a la baja del nivel de vida; y en parte externas: desconfianza de parte de la Unión Soviética, China Popular y los antiguos países ocupados. Por otra parte, si el Japón insiste en extender el modelo de industrialización que le es propio a toda la Cuenca del Pacífico y convertir a ésta en zona privilegiada de desarrollo bajo su influencia y en su beneficio, sin inducir graves enfrentamientos políticos, y si al mismo tiempo aumenta su fuerza y presencia militares y participa en una zona desnuclearizada, como la propiciada por Australia y Nueva Zelandia, la hegemonía política y militar de los Estados Unidos se vería seriamente afectada.

Los Nuevos Países Industriales llamados "Los cuatro dragones del Pacífico" se han desarrollado a partir de los apoyos, ingerencias y controles de los Estados Unidos y el Japón, pero cada vez más lo hacen con sus dinámicas y finalidades propias. Compiten con los Estados Unidos y el Japón sin dejar de depender de su prosperidad y buena voluntad, y al mismo tiempo ven pisados sus talones por nuevos candidatos al estatus de que disfrutan.

Como los Nuevos Países Industriales asiáticos, los de la ANSEA (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) se han ido desplazando desde una organización pronorteamericana a una neutralista, a una mayor conciencia de sus intereses regionales y a un creciente recelo de las pretensiones hegemónicas de Estados Unidos y Japón, que podrían amenazar su propia dinámica de crecimiento, cooperación económica y sus principios de no alineamiento, e involucrarlas en el armamentismo y la nuclearización. La perspectiva de la integración regional les permitiría no dejarse absorber en un esquema mayor bajo hegemonía de una gran potencia. A la inversa, para los Estados Unidos la ANSEA podría contrapesar a los países indochinos con inclinación favorable a la U.R.S.S., como Vietnam, Laos y Campuchea.

Los países desarrollados de Oceanía, Australia y Nueva Zelandia tienen evidente interés económico en una integración de la Cuenca del Pacífico, que les permitirá superar la estrechez de sus mercados y les otorgue más espacios para un comercio global. Tienen además un interés político en el relajamiento de las tensiones, la paz y la estabilidad, también condiciones para la expansión económica. De ahí su interés en la desnuclearización del Pacífico Sur y en la creación y avance del Foro del Pacífico Sur.

China parece involucrada en un proceso de modernización, crecimiento y apertura al mundo exterior sin aceptación de hegemonías ni dependencias. Con la experiencia de las movilizaciones y vicisitudes pasadas, la conciencia de sus fracasos pero también de sus logros y del tremendo potencial (económico, político, militar), la participación de China en la Cuenca del Pacífico produce actualmente grandes expectativas. Su inclusión sería la de una potencia emergente, enorme mercado, eventual campo de inversiones foráneas, contrapeso a las hegemonías y refuerzo a la multipolaridad en la región, con un consecuente reordenamiento del esquema estratégico. China por su parte incluye entre sus expectativas las de satisfacción de las necesidades de capital, tecnología, comercio y el deseo de relaciones pacíficas en la independencia, el antiintervencionismo y la equidistancia respecto a las potencias.

La Unión Soviética tiende a moverse casi inevitablemente hacia la Cuenca del Pacífico, a la cual pertenece por razones geográficas y por la gravitación hacía y desde los grandes vecinos, a los cuales amenaza, pero por los cuales también se siente amenazada. La URSS viene sufriendo cada vez más visiblemente una multidimensional declinación, ya oficialmente reconocida, en lo demográfico, económico, productivo, tecnológico y militar. La reducción de su estatus económico relativo tiene implicaciones a largo plazo en cuanto a su participación en la estructura del poder mundial. Ni condenada al colapso, ni apta para una pretensión de omnipotencia, la URSS encara opciones difíciles, parte de la problemática de la Perestroika, que incluyen a la Cuenca del Pacífico.

La URSS está justificadamente preocupada por su flanco asiático. Su expansión secular en Asia se ha detenido, con la presencia de China, India, Japón, los más pequeños pero agresivos Estados asiáticos en pleno avance industrial, el fundamentalismo musulmán, los conflictivos espacios de Corea, Vietnam y Afganistán. La vasta periferia es siempre insegura y peligro de alta vulnerabilidad en caso de guerra. En su estrategia hacia la Cuenca del Pacífico, la Unión Soviética pone énfasis en lo económico, presenta un bajo perfil militar, se preocupa por participar en los nuevos mercados, las formas emergentes de cooperación económica y las posibilidades de desarrollo futuro. La Unión Soviética sabe que provoca la desconfianza y el temor de las otras potencias y de China, pero también conoce la existencia de un temor de los países de la Cuenca en cuanto a la confrontación de las superpotencias. La Unión Soviética favorece las demandas de los países pequeños y medianos, la desnuclearización, el acercamiento y la cooperación económicas. Todo ello se ha acentuado con los recientes cambios provocados por el proyecto reformista de Mijaíl Gorbachov. La URSS manifiesta su deseo de ingresar al Banco Asiático de Desarrollo y a la Conferencia de Cooperación Económica del Pacífico. Ha firmado convenios comerciales con países de Indochina. Se interesa vivamente por las perspectivas prometedoras que las economías de la Cuenca ofrecen al sector externo de la propia. Gorbachov convocó en su discurso de Vladivostok (junio 1986) a una Conferencia Internacional de Seguridad en el Pacífico, y visita oficialmente los países de la región para promoverla.

La Cuenca del Pacífico se va constituyendo como espacio de cooperación, a partir y a través de las Conferencias de Comercio y Desarrollo del Pacífico que surgen desde el decenio de 1960; el Consejo Económico de la Cuenca del Pacífico (1967); la Conferencia de Cooperación Económica del Pacífico y su serie de multilaterales de consulta, desde el surgimiento en 1980, hasta la última en Japón, 1988. El proceso de integración está aún en una etapa embrionaria, sin definición previsible por el momento en cuanto mero espacio de diálogo y consulta multilateral, u organismo de integración económica (zona de libre comercio, unión aduanera, mercado común), condicionada y restringida en sus posibilidades y definiciones por la heterogeneidad de los intereses económicos y políticos de los países componentes.

La Cuenca del Pacífico no deja sin embargo de irse constituyendo gradualmente, en la interdependencia económica asimétrica y la multipolaridad político-militar jerarquizada, como parte de un proceso de extensión de la economía mundial y de transformación del sistema interestatal, de continuidad de los cambios en los equilibrios de poderes. Para México y América Latina, la Cuenca representa una innegable gama de vastas posibilidades, que no puede ignorarse, menospreciar ni desaprovechar, pero que tampoco debe ser idealizada. No se puede esperar buena voluntad ni predisposición filantrópica de las potencias de la Cuenca ni de los varios pelotones de Nuevos Países Industriales. Tampoco puede esperarse un aprovechamiento oportuno y eficaz de las oportunidades que podría abrir la Cuenca del Pacífico, en base a la continuidad del camino tradicional de crecimiento y modernización que América Latina emprendió en las últimas décadas. Este camino no asegura las capacidades para integrarse en la Nueva División Mundial del trabajo ni en la Cuenca del Pacífico, y competir en una y otra con grandes potencias, países altamente desarrollados y nuevos países industriales. Aquí como en todos los aspectos de la problemática latinoamericana y del "Tercer Mundo", la primacía está en un nuevo camino/estilo de desarrollo integral y en el avance hacia formas más avanzadas de integración regional. Sólo ello puede quizá garantizar las condiciones de incorporación a un proyecto de desarrollo histórico a largo plazo de la Cuenca del Pacífico, que asegure la interdependencia con autonomía y la participación real y creciente en los beneficios del nuevo espacio/eje mundial.


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