©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1991

Introducción


La tendencia general de la filosofía contemporánea puede muy bien resumirse en el título de la obra de Jean Wahl, Hacia lo concreto. Así, el pensamiento de Husserl creó una modalidad de pensar diferente de una doctrina o lo que pudiera llamarse una ideología; la fenomenología y su lema "a las cosas mismas" forman un corpus crítico de alcances importantísimos para el desarrollo de la filosofía.

Al mismo tiempo, la aparición de la filosofía de Bergson dirigida hacia los datos inmediatos de la conciencia, se une a las consideraciones fenomenológicas para realizar una importantísima inversión del platonismo y de su desatención a las particularidades como fuentes de significación original.

Hacia lo concreto, igualmente, se dirige Heidegger con su in-die-Wéltsein y, ¿por qué no?, Freud y el psicoanálisis que funda una psicología de lo concreto dirigida a una tambaleante concreción humana poblada por fantasmas.

Pero, sin duda, el expositor más brillante y lúcido de esto que llamamos "filosofia de lo concreto" es Maurice Merleau-Ponty; la relación que establece entre el hombre y el mundo es de una radical originalidad. Superando la misma relación sartreana que sitúa al mundo frente al hombre, Merleau-Ponty en su reflexión fenomenológica devuelve la consustancialidad del sujeto y el mundo, del sujeto y su mundo. El mundo no es exterior al sujeto, que forma una amalgama primigenia con él; el percibir se constituye como acceso a lo que ya somos, introducción a un mundo particular formado de virtualidad, de posibilidad.

El sujeto y su campo (lo subjetivo) son, para Merleau-Ponty, la constitución misma del filosofar; el sujeto, que es cuerpo, introduce la anomalía de lo verdaderamente humano y muestra orgullosamente la virtud de lo ambiguo. La relación entre sujeto y cosmos es una relación de filiación. Sólo la reflexión y la percepción original pueden dar cuenta del misterio; sólo vivir explica la vida; las sustancias se tambalean, la objetividad pura se quiebra.

El hombre nace al mundo que es él, por la riqueza significativa de su cuerpo concreto. A partir de una reflexión de esta naturaleza, que es estética, podemos vislumbrar la verdadera naturaleza del filosofar: la creación de problemáticas y derivaciones como ética y epistemología.

La ontología merleaupontiana es una ontología estética, perceptiva; el origen del ser está en el percibir, la subjetividad se une para representar al torbellino humano y el ser no es el pleno engañoso, sino la falta positiva.

Lo concreto de que hablábamos se revela en Merleau-Ponty como lo expresivo; él no pretende la fundación de una cosmología, de una teoría del mundo, sino una especie de teoría sobre la reflexión de nuestra experiencia perceptiva y tal es nada más la consideración del mundo; así como no hay un puro a priori formal, trascendental, tampoco hay un empirismo radical: en ambas posiciones está el defecto de la exclusión de la subjetividad como constitutiva del filosofar mismo y la desconsideración del cuerpo como acceso al mundo (salvándose de esto último solo Spinoza). La subjetividad y el mundo constituyen el estilo de habitar un mundo que no nos es ajeno, un mundo que es prolongación de nuestra corporalidad, de nuestra carne.


Inicio del artículoAnteriorRegresosiguiente