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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1991

I. Subjetividad y filosofía


Hay que comenzar destacando el interés prominente, auténtico y sincero que Merleau-Ponty siente por la filosofía, por lo filosófico; la prueba no se encuentra únicamente en su magnífico Eloge de la PhiIosophie, sino también en sus obras más específicas; hay una apología constante del ejercicio filosófico en Merleau-Ponty. Esta apología consiste en una aguda e intensa reelaboración y reconsideración de los conceptos y las categorías desprendidas de la filosofía. En efecto, Merleau-Ponty reconstruye y replantea problemas constantemente, los convierte y los cualifica; lo que escépticos y positivistas tachan de defectuoso es señalado por él como característica positiva y virtuosa de, la filosofía. Señala siempre como peculiaridad de la problemática filosófica la presencia de la relatividad como elemento constitutivo de la verdad y no como un obstáculo para la verdad; más aún, es lo que posibilita el ejercicio de la filosofía: no existe la verdad absoluta ni lo "absolutamente absoluto".

Se puede objetar que la objetividad de la filosofía se pierde y el ser, su objeto más caro, se destruye, pero, por el contrario, la introducción de este relativismo así concebido, supera los embrollos y equívocos en que había caído; se trata del encuentro más genuino con el ser, pues hay un elemento que resquebraja su sospechosa plenitud: la subjetividad.

En las llamadas "filosofías de lo absoluto" está también presente el elemento subjetivo; la cuestión subjetiva-emerge aun en los más áridos campos de la totalidad. La tradición ve negativamente todo relativismo, considerándolo como defecto. Sin embargo, es lo que constituye al discurso filosófico: "Percibimos una filosofía, es decir, sólo accedemos a ella desde una determinada perspectiva." [Nota 1] Esta sencillísima razón destruye la pretensión unificadora de una filosofía "pura" que excluya al sujeto y sólo admita la pobreza numeraria de las estrictas dicotomías.

Merleau-Ponty intenta dejar en claro, con su característica sobriedad, que la problematicidad de la filosofía es, por sí misma, su esencia. Todo relativismo es, para Merleau-Ponty, ontológico: el ser es un fenómeno inseparable del sujeto, pues está en relación con el sujeto, dándose así el perspectivismo arriba citado, como condición de la expresividad del mundo; éste se torna expresivo cuando interviene la relación entre él y el sujeto (más adelante diremos cómo está constituida tal relación).

El ser pleno es nada pues nada deviene; entonces el ser parmenídeo es nada en realidad: cuando postula, en su clásica cita, "el ser es y el no ser nada es" está estableciendo una diferencia cualitativa en apariencia, que queda anulada en el mismo momento en que señala cuáles son las atribuciones del ser: inmutable, inmóvil, uno, único, eterno, contínuo, imperecedero, indivisible.

La afirmación de Parménides se convierte así, a la luz de lo que hemos hasta aquí expuesto, una contradicción, porque decir que el ser es inmutable, inmóvil, etc., es decir, de acuerdo con lo dicho, que en realidad, no es el ser, pues, según la perspectiva merleaupontiana, para que haya potencialidad y devenir es necesaria la subjetividad y, como variantes de la relatividad, debemos unir temporalidad, historicidad, percepción... No hay, en conclusión, filosofía si no hay una dosis importante de subjetividad; asumir la relatividad es un buen punto de partida para un fructífero ejercicio de la filosofía.

Aun las filosofías más absolutistas arrastran consigo, para su existencia, este elemento. Tomemos como ejemplo a Bergson: interpretaciones erróneas la definen "absoluta" al suponer al ser como un "ser pleno" en donde la nada queda devaluada, [Nota 2] apareciendo así una plenitud. Lo que debe oponerse a la filosofía bergsoniana no es una pura negatividad sino precisamente esa ambigüedad. Merleau-Ponty afirma que las observaciones del propio Bergson matizan ese pretendido absolutismo. El matiz más importante es la teoría de lo problemático, del planteamiento de los problemas, la invención y creación de cuestiones; es la vía intuitiva, tan cara a Bergson, la que opera esa introducción a lo expresivo de la problemática, de la maraña que es el discurso filosófico; y lo problemático que está presente en Bergson está presente también en nosotros, como en el exterior y en la naturaleza.

Por lo tanto, a partir de lo anteriormente expuesto, dejaremos de hablar de una ausencia del sujeto o de una subordinación de éste al ser, para hablar de una coexistencia, de una concordancia; de una multiplicidad de duraciones con mi durée a la cabeza, sin perderme ni extasiarme con una duración universal, pretendidamente plena, eterna, absoluta. La filosofía es más Graphics que Graphics : la valorización de un pasado que opone y enfrenta su consistencia a dos purezas extremas: la positividad pura del presente y la negatividad pura del futuro.

Pero ¿de dónde nos viene el "sentido primero del ser"? Merleau-Ponty corona su exposición afirmando que el significado primigenio del ser viene precisamente por el simple hecho de ser nosotros, refiriéndonos con esto al hecho de percibir. Comenzamos a llegar a la cuestión central. La percepción es el saber absoluto; al afirmar esto llegamos a una paradójica conclusión: el saber absoluto no es algo absoluto. El percibir es lo originalmente subjetivo, la entrada al ser. El acceso ontológico es "natural", ingenuo y tranquilo y no un artificioso "campo de saber". La percepción no supone un puro mirar pasivo, privado de la acción.

En primer término, la receptividad es, para Merleau-Ponty, otra virtud, una ventaja, pues no supone una pasividad sin más sino una verdadera "acción subjetiva"; en segundo término, el cuestionamiento que nace con la percepción no es privativo únicamente del sujeto, sino también pertenece al objeto; lo receptivo es gozoso por recíproco.

La percepción se constituye como una relación obsesiva con el ser, naturalmente indisoluble; en todas las esferas de la acción humana es visible esto: estoy obsesionado por mi amada, a la que no tengo en este momento preciso pero que, a la vez, llevo dentro constantemente, formando parte real de mí. ¿Por qué, entonces, busco poseer algo que ya, de entrada, tengo? Justamente porque pensamos que somos exteriores a las cosas, porque nos creemos objetos entre objetos; relaciones que hay que inventar; lo único que se inventa son pensamientos; hecho esto, nuestra relación con el mundo deviene originaria. Accedemos al reino de lo expresivo.

La relación entre el mundo y el sujeto es un intercambio auténtico entre yo y el mundo, entre el yo y la alteridad y este intercambio tiene sentido y cobra significación por la percepción; la relación se da a nivel fenoménico, coincide con las cosas porque éstas devienen expresivas de mí, dando lugar al quiasmo:

La percepción es la relación quiasmática misma, es el campo relativo,ambiguo y paradójico por excelencia. La dicotomía clásica sujeto- objeto (o cuerpo-alma) se modifica de una manera total si la pensamos en el campo del ser sensible: entre el sujeto sensible y el mundo sensible no hay relación de exterioridad, causalidad o reducción (...) hay sobreposición, mutua incorporación o doble referencia [Nota 3]

Este quiasmo, esta sobreposición positiva, surge cuando surge la diferencia o, más exactamente, al comprender la propia diferencia como cualitativa (distinción real), formal, intensiva; así se comprenderá la relación expresiva mundosujeto, a partir del parentesco que Deleuze establece entre Merleau-Ponty y Spinoza, cuando habla de la "idea de infinito positivo" como la gran aportación actual de Merleau-Ponty "que alcanza su perfección en el spinozismo", [Nota 4] en donde podemos distinguir la sustancia expresada en atributos, atributos en modos... y cuyo corolario más importante es la corrección del cartesianismo que concibe sustancias separadas con modos respectivos. Spinoza, a partir de su concepción de la Sustancia es, sin embargo, el primer antisustancialista. No hay bloques estructurales, soportes diferentes, campos separados. Y aquí viene la conexión. Merleau- Ponty concibe un universo sin sustancias separadas, sin estructuras independientes que expliquen a partir de sí la realidad; la percepción está antes que esas quiméricas creaciones y aún le precede el lenguaje, como a continuación veremos.


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