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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1991

G. VATTIMO Y OTROS, EL TORNO A LA POSMODERNIDAD

Author: Alberto Sauret


G. VATTIMO y otros, En tomo a la posmodernidad, 1990, Barcelona, Anthropos, 175 p. ISBN 84-7658-234-X.

El volumen que nos ocupa es derivado de un simposio sobre el tema. Los trabajos colectivos, tan solicitados en el mundo de los negocios, por lo general no favorecen a los productos del ocio. Supongo que este libro se debe "vender bien", mas su contenido resulta algo pobretón. Creo que es buen indicador sí, de que los españoles están leyendo mucho, a juzgar por la enorme cantidad de citas a que remiten algunas ponencias.

Del conjunto encuentro particularmente interesantes dos trabajos, en primer lugar el de Vattimo, que esboza ciertas tesis más desarrolladas en su sugestivo ensayo El fin de la modemidad.

Contra la impugnación que sufre este término, consecuencia de su abuso, sostiene Vattimo que el concepto de "posmodernidad" tiene sentido, y está en relación con la sociedad telemática. La dificultad para tratarlo en buena parte es herencia de su antecedente necesario e implícito, pues entre la diversidad de nociones comprendidas bajo el fenómeno conocido como "modernidad", quizá el único criterio que permitiría un acuerdo sería el de considerarlo Ia época en la que el hecho de ser moderno viene a ser un valor determinante".

En el devenir secular, desde el Quattrocento, momento en el que "oficialmente" arrancaría la era moderna, el culto por la novedad, originalmente privativa de lo artístico, va desbordando todos los ámbitos del quehacer humano. Con el consecuente sentido progresivo que adquiere la historia, lógicamente "tendrá más valor lo que es más 'avanzado' en el camino hacia la conclusión".

La filosofía de éste y el pasado siglos, con Nietzsche y Marx a la cabeza, ha criticado la idea de la historia con sentido único, poniendo de manifiesto el carácter ideológico de sus representaciones: las imágenes del pasado siempre son productos elaborados desde determinadas perspectivas.

"En la hipótesis que yo propongo, la modernidad deja de existir cuando -por múltiples razones- pues nos permite desaparece la posibilidad de seguir hablando de la historia como unidad unitaria."

La crisis del historicismo acarrea la de la idea de progreso. La crisis del colonialismo irá acompañada de la de un cierto ideal de hombre: ilustrados, positivistas, historicistas en última instancia por debajo de sus enfrentamientos tácitamente coincidían en que el sentido de la historia era correlativo a la realización de la forma del europeo contemporáneo.

Para el estado de la sociedad posmoderna, destaca Vattimo, será determinante la acción de los medios de comunicación -causantes de lo Lyotard denominara "disolución de los grandes relatos"- que vendrían a consumar la profecía nietzscheana según la cual el mundo real finalmente ha de acabar convertido en fábula. "Por una especie de perversión de la lógica interna, el mundo de los objetos mensurables y manipulables por la ciencia técnica (el mundo de lo real, según la metafísica) ha venido a ser el mundo de las mercaderías, de las imágenes, el mundo fantasmagórico de los medios de comunicación."

Creo que una de las contribuciones más significativas de Gianni Vattimo en aquel mencionado ensayo, consiste en el reparo de la vertiente positiva del nihilismo. Aquí, retoma esas meditaciones para señalar que Heidegger, internándose en la brecha abierta por las intuiciones más intempestivas de Nietzsche, pone al descubierto cómo la racionalidad cientificista para poder manipular todas las cosas, concebirá lo existente como sistema de causas y efectos e irá reduciendo todo a puras apariencias mensurables, sustituibles, hasta acabar por menoscabar "a este nivel incluso al hombre mismo, su interioridad, su historicidad..." Este reconocimiento delata la radical impostura del "principio de realidad" fraguado por la tecnología.

La irrefrenable profusión de los mass media aglutina un espectáculo abigarrado y disímbolo de imágenes del mundo. "En este relativo caos residen nuestras esperanzas de emancipación", estima Vattimo. Es decir, el desmoronamiento del sistema hegemónico, consecuencia de esta desordenada multiplicidad, no constituiría una pérdida de lamentar, sino posibilidades de revertir la institución de una cosmovisión subordinada por la ratio instrumental. Buena observación y mejor invitación, sin duda. (La constatación de un mundo desbaratado es circunstancia ideal para proponerse la creación de otro mejor, después de todo, todo cosmos humanamente imaginable exige como condición de posibilidad la precedencia de un caos.) Pero peligrosa de estimular un inoportuno optimismo a la orden del día si no se balancea con una exigencia de ascesis y trabajo. (A propósito, cuando Nietzsche proclama la necesidad de un orden "más allá del bien y del mal", no está proponiendo una licencia para el "todo vale", sino exhortando a una renovada lucha contra el filisteísmo.)

En el otro trabajo que me interesa destacar, Patxi Lanceros practica una inteligente lectura del texto de Walter Benjamin, "El carácter destructivo", que nos permite apreciar una interesante afinidad de las meditaciones de éste con Ia chance del nihilismo" postulada por Vattimo.

Así como los renacentistas armaron para el medievo una imagen oscurantista -de la cual querían alejarse- inventando a la antigüedad otra idilica -para proponer un nostálgico retorno- y la llustración procedió análogamente estigmatizando al antiguo régimen, hoy asistimos a un fenómeno semejante: "Nunca la modernidad fue tan inequívocamente una como cuando ha tenido que oponer resistencia a la dispersión posmoderna." Mientras la posmodernidad opaca la luminaria moderna y denuncia el terrorismo idolátrico del progreso técnico; lo moderno pervive como reivindicación de seguridad ante la neobarbarie.

El debate posmoderno nos revela que los avatares de la cultura son múltiples y traumáticos. No ceden "ni al indolente monismo continuísta, ni a la lógica binaria de la revolución, ni a la teleología trinitaria de la dialéctica". El actual momento de rupturas, como el Renacimiento o la modernidad, no puede reducirse a un proyecto homogéneo, situación por la que Lanceros defiende la denominación de "estrategias posmodernas".

En tanto que la modernidad en general ha pretendido especular la realidad, Nietzsche quiso pensar el pensamiento, evitando el optimismo de la representación que identifica la palabra con la cosa. Lanceros reconoce este legado intelectual en Benjamin, quien en el ensayo que trata, contra los dogmatismos propone la tarea antiinstitucional de la destrucción.

"El carácter destructivo no ve nada duradero. Pero por eso mismo ve caminos por todas partes" (W.B.). Destruye lo existente, pero no para quedarse ante la demolición, sino por la pluralidad de alternativas que se abren por entre los escombros. "No se trata de buscar para encontrar, sino para seguir buscando: invitación al perpetuo movimiento -comenta Lanceros- alerta frente al acomodo."

Foucault lo intuyó: "escapar realmente de Hegel supone apreciar exactamente lo que cuesta separarse de él." El pensamiento posmoderno sabe que en cada rendija mal vigilada puede acechar la seducción teleológica, la trampa hegeliana.

ALBERTO SAURET

Departamento Académico

de Estudios Generales, ITAM.


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