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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1991

LA UNIVERSIDAD: CONCIENCIA CRÍTICA

Author: Carlos de la Isla [Nota 1]


Dos comentarios de introducción al tema: Cuando hablamos de la misión de la Universidad ¿de qué universidad hablamos? Con el término universidad ha pasado como con la palabra democracia: Las dictaduras más duras, las dictablandas más blandas junto con los pocos gobiernos más respetuosos del demos, todos los regímenes políticos justifican y se apropian de la elegante investidura de la democracia. De innumerables universidades de México y del Mundo se puede decir que en lo único en que coinciden es en el nombre. Sin embargo, a pesar de la desacralización de la Universidad y de sus tan diversas expresiones pienso que es legítimo hablar de algunas características esenciales, de algunas funciones obligadas de la Universidad con mayúsculas, aunque puedan existir instituciones que de Universidad sólo tengan el nombre.

El segundo comentario introductorio se refiere al que me parece el significado de la misión de la Universidad. Todos los enunciados que puedo pensar sobre la función de la Universidad con mayúscula suenan a utopía, a ideal imposible y soy consciente de que la finalidad de esta reflexión no es hablar de ideales de la razón pura a priori. Sin embargo, siento que es legítimo hablar de utopías sobre la Universidad o, como diría Hutchins, de la Universidad de Utopía; en primer lugar porque en nuestro presente histórico parece que las soluciones reales a los problemas de mayor tamaño todas parecen utópicas, lo que significa que a todo problema difícil corresponden soluciones difíciles. Por otra parte, así como se decía hace dos mil años: las profecías tienen su cumplimiento, de modo semejante podemos decir ahora, las utopías tienen su cumplimiento: Era utopía que un poeta encarcelado por el sistema socialista llegara a presidente de una democracia, y allí tienen a Vaclav Havel. Era una impensable utopía la Perestroika desde la dictadura de Stalin; utopía era la unión de sistemas políticos antagónicos y allí tienen la unificación alemana. . . Por eso, desde esta perspectiva las características esenciales de la Universidad y su misión ineludible hay que decirlas aunque suenen a utopía, ya que se ha demostrado que si existe determinación las utopías tienen su cumplimiento.

Todos los intentos por definir el carácter específico de la Universidad en buena parte coinciden. "La Universidad es la comunidad de estudiantes y profesores que se reunen para pensar" diría el Cardenal Newman. Y Sartre: "La Universidad está hecha para hombres capaces de dudar." "La Universidad, dice Robert Hutchins, es el espacio recogido para meditar los problemas intelectuales del Mundo" y Karl Jaspers: "La Universidad es el recinto sagrado de la Razón."

Se puede advertir que el atributo invariable es "pensar" en sus múltiples modalidades: meditar, dudar, analizar, razonar... Por eso creo que la expresión más afortunada sobre la Universidad y que no contradice a ninguna de las anteriores, es aquélla que la define como Ia conciencia crítica de la sociedad".

La Universidad, conciencia crítica de la sociedad, significa que la misión de la Universidad es pensar (la investigación no es otra cosa que pensar al mundo y a nosotros en el mundo), enseñar a pensar (y ésta es la esencia de la educación universitaria), transmitir y acrecentar el pensamiento (en esto consiste la extensión de la cultura) .

La Universidad como conciencia crítica de la sociedad debe conocer la realidad social en su totalidad, ésta es la materia de su pensamiento; pero esta acción reflexiva sobre la sociedad no termina en el pensamiento, ha de juzgarla y con actitud crítica, denunciar, anunciar, inventar.

Así entendida ¡qué importante y vital es la Universidad! Por ejemplo, el análisis crítico de la dimensión política. "El arte de hacer vivir a los hombres felizmente en comunidad." Así fué definida la política en una "primitiva Universidad" hace 24 siglos. Y ¿qué puede decir la Universidad de finales del Siglo XX de lo que está sucediendo hoy en el marco de la política mundial?

El hecho de que el mundo entero permita que un sólo hombre, y ciertamente no el más lúcido ni el rey filósofo platónico, decida sobre la guerra y la paz, sobre la vida y la muerte, sobre la conservación o destrucción de la casa del hombre, sobre la preservación y destrucción de las expresiones culturales más antiguas de la humanidad; sobre la buena boga o el hundimiento de este barco en el que todos navegamos; . .el simple hecho de permitir que un solo hombre decida sobre cuestiones tan trascendentales pone en evidencia no sólo la crisis sino la quiebra del sistema político internacional.

Y ¿qué diría de la política que olvida la felicidad de los ciudadanos y pone como valor supremo el poder y la dominación? Ciertamente los griegos de hace 25 siglos hubieran condenado estas decisiones y permisiones como propias de bárbaros, es decir, de subhumanos.

Pero la Universidad en situaciones tan graves ¿qué puede hacer? Ante todo, pienso yo, no debe convertirse en promotora o cómplice de la irracionalidad; y son promotoras de esta irracionalidad las universidades que se someten al poder político, y son cómplices cuando callan. La Universidad debe conservar siempre su independencia, autonomía y libertad para juzgar; denunciar, anunciar e inventar para preservar la independencia y la libertad de la socicad. Por eso se ha dicho con mucha razón que el pueblo que no fomenta la educación superior, que no robustece su Universidad, está destinado a la dictadura. Porque la actitud crítica de los universitarios, de los ilustrados, no sólo de los que aún piensan en las aulas, sino de todos los egresados que son la proyección de la Universidad, constituyen la gran defensa de la libertad. Aunque hay que decirlo también: existen universitarios, ilustrados que caen en el servilismo y éstos son los que generan el despotismo ilustrado; como lo afirma Gabriel Zaid, de períodos de la política mexicana: "El despotismo ilustrado sólo puede sustentarse sobre el servilismo ilustrado."

Y ¿qué puede, qué debe decir la Universidad sobre la dimensión ética donde cada quien se apropia el criterio de bondad, de virtud e infalibilidad o donde, por beneficio de los que manejan el provecho del poder, se niegan la validez y la existencia de toda norma ética? ¿Qué tiene que decir la conciencia crítica de la sociedad sobre el armamentismo (derroche que supera toda ciencia ficción imaginativa) y el hambre, que se ha convertido en la guerra más devastadora y a la que menos atención se ha puesto, porque el clamor de los hambrientos está tan debilitado que ya no merece la promoción televisiva ni el impacto mercantil? ¿Qué tiene que decir la Universidad en su reflexión ética sobre el comportamiento de dominación de los países poderosos sobre los más débiles con el control inflexible del endeudamiento y de todas las debilidades del mundo de la necesidad? Y si es necesario un serio y lúcido análisis crítico sobre la diferencia de clases entre países ¿qué decir de las hirientes diferencias de clases, grupos y privilegios sociales en lo que nuestro país es un evidente y lamentable ejemplo?

El quehacer, el oficio de juzgar, sin embargo, exigen tamaño y autoridad moral. Por eso una de las funciones más trascendentales de la Universidad consiste en enseñar a pensar y a esto se dirige la formación, la educación universitaria. Esta tarea es todo un arte sutil. No se trata simplemente de instruir, habilitar o moldear ciudadanos útiles a la sociedad. De hecho, el modo en que se realiza la formación define el perfil de la Universidad. Si sólo enseña a pensar los pensamientos aprobados, detalladamente selectos por la ideología institucional; si el proceso educativo es vertical, profético, magistral, receptivo; entonces la Universidad se convierte en reforzadora del sistema establecido, y lo más grave, traiciona su misión analítica, crítica y creadora.

Si por el contrario, ejercita su pedagogía de pensar fomentando el análisis crítico a través del estudio de los grandes problemas intelectuales, si propicia más la reflexión, el descubrimiento y la creación, si funda la educación más en el cultivo de la razón imaginativa que en la memoria, entonces la Universidad está cumpliendo ya, a través de sus profesores, estudiantes, investigadores y egresados su misión de conciencia crítica de la sociedad.

Esta formación que impulsa el desarrollo de la persona en todas sus dimensiones resulta en el momento actual más importante que la información.

Los conocimientos técnicos tienen una vida muy breve y su caducidad se acelera constantemente. ¿Quién no estaría de acuerdo ante esta realidad, que la sólida formación analítica y crítica es más importante para asimilar lo nuevo, para aprender a desaprender lo que no tiene vigencia, para ordenar y tomar decisiones ante lo insospechado?

Y ¿qué decir del vertiginoso cambio de nuestro mundo? ¿Quién se atreverá a predecir lo que sucederá mañana? Pues bien, en este mundo en que sólo puede predecirse lo impredecible del cambio ¿qué le queda al hombre que quiera vivir humanamente sino estar preparado, formado para afrontar con lucidez intelectual y con dignidad humana lo que venga? En esto consiste la educación del presente para el futuro.

Tarea ésta vital en el sentido más estricto porque esta educación procura a través del diálogo "el parto de las almas" (expresión de José Vasconcelos); es decir que el estudiante tenga sus propias ideas como sus propios hijos; y porque todo hombre vive de ideas esta formación significa vida propia, y la Universidad en este sentido es generadora de vida humana.

Otro aspecto formativo de la vocación universitaria es el que se refiere a la responsabilidad social. Como conciencia crítica, su quehacer no termina en la reflexión y el trabajo intelectual aséptico y vacío de acción y de vida.

Hay quienes afirman que la Universidad cumple su obligación de justicia con la sociedad cuando forma profesionistas muy capaces en el campo de la ciencia y de la técnica. Pienso que este criterio es, por lo menos, muy discutible, porque si bien es cierto que los buenos profesionistas mejoran el ejercicio de su profesión y ya así benefician a la sociedad, la falla radica en el modo distributivo del beneficio. Los estudiantes que ingresan a la educación superior ya son privilegiados; no importa si se trata de universidades públicas o privadas. Existe una inversión social muy importante y aun sacrificada en las universidades, especialmente en los países pobres y extremadamente pobres. Si esa inversión económica que sacrifica vastas áreas menesterosas de la sociedad tiene como resultado final la afirmación y acrecentamiento de los privilegios a grupos ya privilegiados, entonces la Universidad se constituye en reforzadora de diferencias sociales.

Esto sucede cuando los profesionistas emplean el beneficio de su educación superior exclusivamente para su provecho, soslayando y hasta despreciando el compromiso en justicia con aquella parte de la sociedad que invirtió en su educación superior en espera de un beneficio global.

Subrayo este posible comportamiento porque es muy frecuente esta actitud individualista de los ilustrados y también porque la Universidad a través de sus egresados estaría contrariando su misión. Soy consciente de que la Universidad no puede, no debe hacerse responsable de los comportamientos personales de sus egresados, que en última instancia dependende su libre determinación. Sin embargo, afirmar que la Universidad es neutral o que no tiene influencia alguna en las actitudes de los profesionistas sería aceptar el fracaso de la formación universitaria en los valores intelectuales, estéticos, espirituales y morales que aparecen entre sus fines primarios. Es evidente por otra parte que la huella que deja la universidad elitista, que es una mera extensión de los privilegios de grupos, o la mercantilista, que todo lo ordena a la ganancia económica, es muy diferente a la huella que marca en sus estudiantes la Universidad que comunica con evidencias racionales y con la práctica de un verdadero servicio social, el sentido de la justicia y de la responsabilidad con la sociedad toda.

En esta misma dirección y sentido está el tema siempre escabroso de la responsabilidad del científico. ¿Cómo es posible que pueda sostenerse la tesis de la neutralidad de la ciencia y del científico? ¿Qué conciencia, aún no contaminada, podrá concebir la disyunción entre el descubrimiento científico y el empleo que de él haga el poder político?

Honorato de Balzac, que no es por cierto un severo moralista, escribe: "La conciencia es un juez insobornable mientras no ha sido pervertida." Y si la afirmación es válida para la conciencia individual lo es también para la conciencia social. ¿Qué pensar de los científicos universitarios, ilustrados que simplemente se sienten orgullosos por sus descubrimientos y se desentienden del empleo (muchas veces criminal) que el poder político pueda hacer de él? El inventor de la bomba de uranio (que tiene la virtud, según se dice, de aniquilar a los seres humanos sin afectar la propiedad privada) abiertamente manifestaba orgullo por su invención, con increíble firmeza sostenía: "el empleo de esta bomba, obra maestra de la técnica destructiva, racionalizada, no es algo que me incumba." Actitudes de irresponsabilidad como ésta manifiestan que la ciencia, aunque por síes elucidante (como diría Edgar Morín) debe ser elucidada por esa conciencia crítica superior. Y ésta es una de las funciones esenciales de la Universidad.

Por otra parte, debemos reconocer que la Universidad tiene un gran poder, el poder moral de la razón; por eso tanto el poder político como el económico intentan la alianza o el sometimiento de la Universidad y para lograrlo emplean medios y argumentos insospechables. La gran defensa en contra del totalitarismo es el poder de la razón, el poder moral de la Universidad. De ahí que sea tan importante que conserve su autonomía, su independencia y sobre todo su dignidad, es decir, su conciencia crítica incontaminada para juzgar a los demás poderes. Y es necesario decir que muchas universidades no han conservado esta independencia ni esa dignidad que otorga la autoridad moral para juzgar; más aún algunas universidades en el mundo entero se han convertido en parte de la estructura política o económica, es decir, han dejado de ser Universidades.

Por último deseo señalar una de las actividades más urgentes de la Universidad. Algunas corrientes contemporáneas del pensamiento discurren por cauces de incertidumbre, inseguridad y a veces de franco pesimismo, respecto a los viejos temas sobre la verdad, la justicia, el bien, la belleza y la paz. Algunos pensadores caminaron desde la llamada crisis de la razón por el subjetivismo, el relativismo, hasta el nadismo.

Aquí una vez más encontramos agigantada la significación de la Universidad como la casa abierta a todos (y en este sentido es enteramente democrática), a la reflexión enfocada a la invención. Hay muchos campos de la civilización mundial que aún deben ser descubiertos o inventados en la proporción, por lo menos, en que se han encontrado campos pantanosos y arruinados. Urge la reflexión para inventar una política inspirada en el bien de la humanidad y no en la fuerza del poder unilateral y arbitrario, inventar una economía política que resuelva la vergüenza de los antagonismos entre clases de países en elmundo y de clases sociales dentro de los países, los antagonismos entre el armamentismo y el hambre, una axiología construida con valores de la vida, cultura de la vida, del espíritu, de la belleza y de la gracia; urge inventar unas relaciones humanas basadas en el respeto a la pluralidad que logre la armonía de los diferentes y supere la gastada competencia entre hombres y mujeres, competencia de todos contra todos que engrendra las guerras en todos los niveles.

Es urgente inventar un sistema de desarrollo que propicie el progreso de todos y, desde ya, que resuelva la gigantesca injusticia generada por la creciente acumulación de libertad y privilegios de unos cuantos y el acento de la marginación ya intolerable de las mayorías, si se quiere evitar otra explosión violenta, sangrienta (no importa el color y el nombre de la bandera) que reivindique el derecho de los marginados. Y la función de inventar es esencia de la conciencia crítica de la sociedad, de la Universidad.

En esta época de tanta oscuridad en campos tan extensos cuando incluso el Oriente -el Oriente de donde viene la luz está nublado de irracionalidad y vergüenza- es indispensable, es vital que la Universidad, la Verdadera Universidad, siga siendo luz.


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