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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1991

La idea del resurgimiento de las "fuerzas del mal", en las condiciones actuales, y de la recurrencia de algunos fenómenos relacionados con el fascismo, con la patriotería, etc. "La advertencia".


* El problema no debería parecer reflejar la situación de nuestro país. Si éste está implicado, se debe mostrar que eso se aplica al mundo moderno (los medios muestran frecuentemente escenas de neofascismo, neonazismo, etc., y también marchas por la paz, que podrían ser vistas y comentadas por los personajes).

* Los libros no deberían preocuparse por el problema de la literatura. (Por ejemplo: ¿deben ser valorados Eminescu y Alecsandri?[Nota 16] ¿Lo mismo con Rabbi Mozes R.? 18[Nota 17] Hay allí los gérmenes de un gran escándalo.)

* Las investigaciones de Gafton en la prensa (en particular del año 1940) no deberían limitarse a los títulos sobre Rumania, y deberían incluir títulos que señalen las actividades del movimiento antifascista rumano y las protestas de la inteligentsia de espíritu democrático. Carol, e incluso Antonescu, no deberían ser colocados al mismo nivel que Hitler.[Nota 18]

* Sería necesario tener cuidado para no dar la impresión de que hubo asesinatos, deportaciones, un verdadero holocausto aquí (la imagen de las filas de cadáveres evocada repetidamente por Dominic debe también ser revisada). No hay que olvidar que Rumania fue el único país que se negó a deportar a los judíos hacia los campos de exterminio nazis.[Nota 19]

* Reducir el número de escenas y de comentarios marginales sobre la nota roja extraída de la prensa rumana (¿realmente?) concerniente a la devastación y el incendio del departamento de la mujer, por estar el pretexto de los animales tratado como un desvío de la atención. No habría que hacer creer que la agencia que aplica la ley -la Miliciatoleraría o "cubriría" semejante acto (no estamos en Alemania Occidental).

*Revisar el último capítulo del libro. El final debe ser cambiado. No debe ser un memorándum sobre la psicología del aislamiento y las manifestaciones nacionalistas. No es el único problema explorado en el libro. En su forma actual, eso reduce la significación del libro y desorienta a los lectores. (El libro estaría entonces reservado únicamente a los iniciados, y tendría un interés limitado.) La teoría de la psicología del aislamiento -tal como está presentada- puede reducirse en su esencia a las ideas siguientes:

- Los extranjeros, en cualquier contexto (normal o anormal), conservan sus características distintivas que "no deben ser ni negadas ni utilizadas contra ello", es decir que es "una diferencia que debe ser aceptada".

- El resto (la nacionalidad dominante o mayoritaria) no considera a los extranjeros como sus iguales; en algunas circunstancias ("inquietud, crisis, angustia, impotencia") el egotismo, el mal y la estupidez "estallan y buscan liberarse" por actos y actitudes egoístas (lo mismo ocurre en las situaciones Me embrutecimiento general e inst it ucionalizado" ???). Incluso en las condiciones normales de todos los días, algunos fenómenos indican que la interacción es relativa: "tienen ustedes los mismos derechos para participar en el mal, pero no para actuar contra el mal, no para estar comprometidos"; se consideraría como una "impertinencia que ustedes mismos intentaran enseñar a los que los rodean lo que es justo", el visitante "no tiene derecho a comprometerse demasiado..." (Ianuli es humillado cuando es visto con sorpresa, en el instituto donde trabaja, porque "él mismo" tuvo la valentía de comprometerse en una organización de perfeccionamiento). En general, se debe evitar teorizar sobre el problema de las nacionalidades. Tenemos documentos y principios con respecto a eso; el problema de las nacionalidades ha sido solucionado en nuestro país.

- Sería necesario también ser cuidadoso en la discusión de la cuestión del exilio como otra forma "de expatriación", emprendida bajo los efectos de un deseo natural de "libertad", deseo de escaparse del horror de la rutina y del "cautiverio". (El problema de la "libertad" ... ) Hay reflexiones indirectas sobre este tema a lo largo de todo el libro.

Imagen negativa de la vida cotidiana.

Los capítulos y las escenas siguientes deben ser suprimidos:

* P. 63-67 (capítulo del avión y descripción del jefe de Estado -no tiene ninguna relación con el problema explorado en el libro).

* P. 83-84 (abreviar el capítulo con el adolescente alcohólico en el hospital psiquiátrico).

* P. 197-198 (la ley que reduce la escolaridad para los minusválidos "por razones de economía").

* P. 200-202 (extractos del diario de los sordomudos, presentación de los principios de organización de su asociación sobre la base del "centralismo democrático", su estatuto, etc.).

* P. 214-215 (comentarios insultantes y generalizadores sobre los estudiantes árabes en nuestro país).

* P. 206-208 (el mundo tal como lo ve Dominic).

* P. 70-80, 231-252 (escenas en el Hotel Transit que incluyen los "arreglos" para las personas importantes). Textos que incluyen también generalizaciones sobre los doctores.

Algunos personajes secundarios (¿y por qué no un personaje central?) que presenten una imagen positiva deben ser agregados. Por el momento sólo hay una escena de ese tipo, un grupo de niños pequeños. E incluso ellos parecen tristes, y están representados como autómatas reducidos a marcar el paso (p. 91).

El texto debe ser modificado en los pasajes siguientes:

* P. 20, 24, 27, 44, 54, 61, 90, 91, 96, 97, 98-100, 107, 114, 138-139, 217, 235, 263, 264, 266, 316, 326, 343, 346, 348 (imágenes de calles, suciedad, basura, oscuridad, colas, escasez de mercadería, personas cansadas, embrutecidas, caos, hambre).

* P. 12, 31, 89, 101, 268, 340 (referencias repetidas a la multitud apiñada en los transportes colectivos, p. 265: "El pasajero lucha o soporta. Luchar es soportar, nos enseñan nuestros historiadores locales").

* P. 14, 77,154,194,234,245,247,302 (comentarios sobre la condición humana, como éste de las páginas 311-312: "La clase obrera no tiene nada que perder salvo sus desdichas").

* P. 8, 10, 57, 200-201 (caricatura del discurso político).

* P. 15 (robo de los paquetes de procedencia extranjera en el correo), p. 29 (los tiranos de este siglo", refiriéndose a Hitler y a Stalin sin plantear distinciones entre ellos), p. 54-55, 263 (Securitate), p. 112, 353 (la ley concerniente a los perros), p. 196 ("el Año de los Minusválidos"), p. 222 ("enfermo de la historia"), p. 353-355 (bromas y chismes).

¿Por qué estaba asustado al leer? ¿Era por el choque de descubrir, por primera vez, un tipo de "lectura" que hasta ahora solamente me había imaginado, sin haberme encontrado con él nunca? ¿Era el recuerdo inconsciente de un tipo de miedo más profundo, de los tiempos de los campos de concentración nazis o del terror estalinista? ¿0 bien esos viejos recuerdos eran despertados por los rumores alarmantes que corrían en Bucarest, en aquella época, a propósito de la extraña muerte de algunos de mis colegas escritores, de casas de intelectuales y de artistas que habían sido registradas, y -muy particularmente- a propósito de un ingeniero cuyo diario íntimo había sido descubierto y que había sido asesinado durante el interrogatorio de la Securitate?

Mi estado de sobre-excitación extrema me llevó a cometer un error. Esa misma tarde llamé a mi amigo a su casa. Expresé mi sorpresa y mi indignación. "¿Cómo? ¿Realmente se trata de eso? ¿Esta cosa supuestamente va a salvar mi libro? ¿Es ese el tipo de "ayuda" que tu milagrosa Persona nos prometió? Se supone que el texto debe ser literario y profesional -¡Parece el "nuevo estilo" ininteligible y pretencioso de los discursos de la Policía nuevo estilo!"

Hubo un largo silencio. Comprendí que había actuado muy imprudentemente. El teléfono de un "personaje dudoso" como yo estaba seguramente intervenido, al igual que el de una persona "oficial" como ese director. "Ese reporte de lectura contiene algunas sugerencias. Nadie te obliga aceptarlas. No veo por qué estás tan exasperado." Estas palabras era pronunciadas con calma, pero él parecía incómodo y nervioso. "Ven a verme mañana a mi oficina y me dices lo que has decidido" dijo brevemente, enérgicamente.

Nos vimos en su oficina, con el editor del libro, a la mañana siguiente. El tono del director era oficial, como debía serlo (todos suponíamos que había aparatos de escucha de la Securitate en algún lugar de la pieza), pero el autor no podía controlar sus nervios, incluso en esas condiciones.

Al final de la conversación, el editor se autorizó un momento de franqueza: "Usted sabe, cada día, sobre cada libro, nos dan notas, reportes e incluso quejas mucho peores que esta que le preocupa tanto. ¿Qué pasaría si nos asustáramos cada vez? No publicaríamos un solo libro..."

Sí, estábamos todos enganchados en el engranaje: sin la interacción dinámica de la duplicidad y de la obstinación, del rechazo, de las relaciones personales y de la tenacidad, nada podría hacerse, ninguno de los libros que habían logrado colarse entre las mallas apretadas de la red de la Policía del Lenguaje habría podido publicarse.

De acuerdo con el editor volví al combate que consistía en parecer aceptar las objeciones del censor, sin reconocerlas sinceramente.

El libro fue presentado nuevamente a la Oficina de Censura en abril de 1986. Mi condición era que esta vez no fuera leído por el mismo informador que la primera vez. Los comentarios marcados con lápiz sobre mi manuscrito eran seguidos por la demanda directa (pasada oralmente por el editor, claro está) de suprimir otros detalles concernientes a la Asociación de sordomudos y de modificar la "estructura" del personaje deI anuli (el viejo revolucionario no decía una palabra en toda la novela) y del final, que sugería que ese personaje así como el femenino principal estaban a punto de morir o de suicidarse. Era la tercera serio de cambios que se me pedía que hiciera, Para terminar, el nuevo censor envió un mensaje de que la publicación estaría recomendada. Él debía ser convocado para una entrevista particular de una media hora con el vice-ministro encargado de ese "sector", y debía recibir personalmente la aprobación final. Ese era el ritual con los libros "problemáticos".

El libro apareció durante el verano de 1986. El director, ahogado por la presión de la Oficina de Censura, trataba de sacar beneficios sobre cada libro que publicaba. Por eso fue que lo imprimió en veintiséis mil ejemplares, tiraje excepcionalmente grande, al cual yo no había podido aspirar en veinte años de carrera de escritor publicado. El interés del público fue probablemente suscitado por los rumores que corrían cada vez que un libro era sostenido por la prensa y hecho picadillo por la Oficina de Censura: el libro se agotó en unos días en Bucarest. Mis amigos me aseguraron que en la versión de "sustitución" que había sido publicada, conservaba su agudeza crítica y su originalidad literaria. Las primeras reseñas, muy favorables, aparecieron en las revistas literarias del país al final de 1986. En diciembre del mismo año, me iba de Rumania.

El sucedáneo de informe me ayudó a hacer que mi libro se publicara.

El censor me ayudó a publicar mi libro. Amigos próximos y enemigos desconocidos me ayudaron. Incluso el dictador ayudó a su manera, favoreciendo la ambigüedad (de la más siniestra especie, en función desus posibilidades).

Soy un autor que no habría podido publicar durante el período estadinísta. Mi generación creció durante el período torturado, angustiante (los "años iluminados") de la nueva dictadura. Nuestros libros se abrieron un camino en las tinieblas "iluminadas", constantemente cambiantes y cada vez más amenazadoras de este período confuso de asfixia creciente.

¿Estaba yo contento de ver mi libro frescamente publicado? Había sido un nacimiento difícil e inesperado. Mi bebé mutilado, aunque no fuera tal como yo me lo había imaginado, seguía siendo mío. Los lazos que nos unían, fuertes y asustados, correspondían a la época y al lugar donde habíamos intentado -luchando, mutilándonos, encadenándonos, defendiéndonosresistir, subir juntos a la superficie.

El ersatz de Informe de censura no necesita probablemente ningún comentario. Tomando en cuenta el conjunto de la situación, con sus estratos de duplicidad, de la historia reciente y más antigua de este país ("la eternidad del lugar"), quizás debería empezar describiendo uno de mis pocos contactos con la Securitate. Un elegante joven de la "Sección de los Escritores" me ofreció un cigarrillo Kent (que en Rumania se fuman muy poco: se utilizan como moneda de cambio en el mercado negro); era bien educado y tranquilo, hablaba francamente. Durante más de una hora discutió sobre Faulkner. Y habló de él con competencia, debo reconocerlo. Esto confirma el éxito con el que la Securitate logró en los últimos decenios reclutar a algunos de los mejores alumnos de la Universidad. Pronto me dijo que había leído todos mis libros y que los había "comprendido", insistencia que evidentemente no me provocó ningún gusto. ("¿Pensaba usted, por ejemplo, que yo no había captado las alusiones a Piero di Cosimo y los pasajes sobre el Carnaval en el libro que usted escribió hace diez años?") Me sentía incómodo, me agitaba y escogía mis palabras; me sentía extraño, confuso, alienado, como una especie de sordomudo tartamudeante, dudando del mundo en el cual vivía, y de porqué vivía, contrastando violentamente con él, tan distendido, racional y cortés, tan abierto y bienintencionado. Sólo al final de esta incómoda entrevista me preguntó de pasada lo que pensaba de diversos debates en las revistas literarias, mi punto de vista sobre algunos "grupos" y algunas "líneas de pensamiento", cte. No, no ejerció presión, no era un interrogatorio, tampoco me obligó a confesar: era tan sólo una conversación, con una duplicidad medida, educada. Me dirigió una sonrisa irónica, superior, cuando rechacé su invitación a otra cita "amistosa"...

Para escribir un verdadero comentario sobre el Informe, necesitaría comentar todo un largo período, casi un cuarto de siglo, de confusión, de escritura cifrada y de opresión viciosa. Sólo con esto, tendría con qué hacer un grueso libro.

Pero no debo dejar de señalar al vuelo los "consejos preciosos" de ese sustituto, algunas menciones de la sorprendente confianza que tenía en la corrección del error. Un sentido "moral" del orden y de la proporción que llevaría nuevamente a aquel que está errando, progresivamente, al camino recto. Esta extraña criatura -imprudente, excesiva e incoherente (como lo prueba la obra extraña que produce) puede sin embargo ser cooptado: por eso el censor-profesor perspicaz repetía su lección pacientemente y con optimismo. Era la Educación misma, la Educación con sus consejos, sus reproches, sus amenazas, sus castigos y sus recompensas, que nos siguen a todos, desde el nacimiento -en casa, en la escuela, en el ejército, en la iglesia, en el matrimonio, el Partido- hasta la muerte, y quizás incluso después, como nuestros descendientes conservan nuestra memoria. Los "buenos consejo" de las autoridades responden con frecuencia efectivamente a la necesidad de seguridad y de salud sentida por numerosos ciudadanos, tan necesarios para el Estado, en cuya educación éste invirtió tanto esfuerzo y tantas esperanzas.

No es función del arte revolcarse en la inmundicia por la inmundicia, no es nunca su tarea pintar a los hombres solamente en estado de decrepitud, tomar a cretinas como el símbolo de la maternidad, describir jorobados embrutecidos como representantes de la fuerza viril... El arte debe ser el servidor de lo sublime y de la belleza y promover así todo lo quees naturalysano. Si el arte no cumple esta tarea, entonces todo el dinero que se invierte en él es diplapídado.

Estas palabras sensatas no son las de mi censor (aunque sean muy semejantes a la opinión de todos los censores, donde sea, incluyendo al mío). No es tampoco una cita del senador Jesse Helms, con esa preocupación que tiene de no dejar que la obscenidad y la blasfemia se aprovechen del sostén que el Estado da al arte. No son tampoco las palabras del difunto Ayatolah que condenó al novelista Salman Rushdie a muerte. Tampoco son las reacciones de buen sentido de norteamericanos escandalizados de que se use una bandera de su patria como tapete en la entrada de una exposición, ni del número creciente de aquellos que defienden la abrogación del derecho de insultar a la bandera garantizado por la Constitución de los Estados Unidos. (Por supuesto, se aprende desde una edad muy temprana en pueblos de todas las nacionalidades a respetar la bandera de su país y quizás a quemar o a manchar de sus enemigos.) Son numerosos los que, en el presente o en el pasado, habrían podido pronunciar las palabras más arriba; de hecho, es Hitler quien las dice, en su fatal discurso de Nüremberg, en septiembre de 1935.

Después de descubrir esta cita de Hitler, no dejé de repetirla obsesivamente, por razones muy personales. Desde la infancia -los años nazis fui una persona "desterrada". Después vino la pesadilla de¡ estalinismo, los fracasos complicados de los descongelamientos siempre inciertos que le siguieron, y mi confuso deseo de libertad frustrado se hizo más profundo. Puedo plantearme la pregunta: ¿hasta qué punto estoy ahora calificado para gozar de la libertad y de sus privilegios fragmentarios?

El Informe me siguió a lo largo de mi penoso viaje cuando abandoné Rumania. Leí de nuevo el manuscrito original de la novela, comparándolo con el refrito (de sustitución) publicado. ¿Cooptado por el sistema? No, no creo que ese libro haya podido ser cooptado por la fraseología dialéctiocínica de¡ Dictador. Truncado o no, alterado o no, "ellos" no podían cooptar el texto: pareciera que gané sobre ese punto.

¿Pero podía, de una u otra manera, ser cooptado en su conjunto? Ni las críticas favorables que habían comenzado a aparecer en Rumania cuando me fuí, ni siquiera un comentario admirativo en Le Monde, que afirmaba que El sobre negro prolongaba la tradición de Kafka, podían servir de contrapeso a la irritación que yo sentía releyendo el libro. No era la desaparición, en la versión editada, de algunos sombríos detalles de la vida cotidiana lo que me exasperaba, ni el "suavizamiento" de numerosos pasajes. Era el efecto realmente perverso de toda esa codificación. El oscurecimiento. El exceso y la opacidad estilísticos. La desvitalización, los rodeos, el estropicio. La manera como la Oficina de Censura seguía siendo la ganadora, como por una acción de efecto retardado y un control a distancia, incluso si parecía que yo los había engañado y vencido. El escritor que se creía tan "comprometido" estéticamente, descubría todas las páginas, todos los pasajes, todos los capítulos que habían sido corrompidos por los mismos artificios que había utilizado (frecuentemente con un sentimiento de triunfo), como una parada contra la Oficina de Censura. Y se preguntaba si se trataba solamente ahí del descontento habitual de todo autor frente a una obra terminada desde hacía tiempo, o si era más que eso...

Un amigo me escritor de Bucarest el 21 de enero de 1990: "¿Qué durará, de toda la literatura que hemos escrito, de toda la literatura escrita en estos últimos cuarenta años? ¿Acaso se trata de una literatura contextual, que sólo tiene un valor circunstancial, no solamente cuando explota los hechos históricos, sino incluso cuando los ignora? Soy un pesimista, como sabes: podría ser que todo esto no sea más que un ,paréntesis' en la historia, desporvisto de sentido en el futuro e incomprensibe para cualquiera que no lo haya vivido."

Accidentalmente, esta pregunta dolorosa entró en diálogo con otra que era su simétrica y con la que me encontré en la misma época, al final de un artículo sobre la literatura rumana de la posguerra escrito por otro amigo que vivía en París: "la literatura rumana encontró la fuerza de sobrevivir a la dictadura; ¿encontrará Iii de no decaer cuando ya no exista la coacción? Nadie puede responder a esta pregunta, pero debe ser planteada" (TLS, 1925 de enero de 1990).

Hay que pagar un precio por desafiar a la tiranía (incluso por el sesgo de la literatura). A veces, los que lo pagaron, pagan otra vez más tarde un precio que no es desdeñable, por descubrir el sentido de la confrontación en una sociedad democrática. Pero tanto uno como otro tienen que ver con las premisas de la libertad, que es esencial a la humanidad, por más desconcertantes que puedan ser a veces estas contradicciones.

"La libertad es algo más complejo y más sutil que la violencia", escribió Thomas Mann. 21 [Nota 20]Los que se fueron al exilio, medio siglo después que el gran escritor alemán, confirman una vez más la verdad de estas palabras. ¿Serán confirmadas otra vez por los pueblos de Europa del Este recientemente liberados?

La diversidad de las opciones, los rigores de la competencia, la vulnerabilidad y el riesgo, las duras leyes del mercado y el estremecimiento de la aventura, los excesos y las inhibiciones que resultan del dinamismo productivo, quizás exagerado, de la democracia; éstos son sólo algunos de los aspectos de una sociedad libre.

Estamos conociendo el precio de la libertad después de haber conocido el de la tiranía. Y reafirmamos, por las heridas mismas hechas a nuestro destino, el valor de la libertad. Incluso cuando la libertad nos recuerda todo lo frágiles que pueden ser sus sutiles articulaciones, todo lo complejas y relativas que pueden ser las soluciones.

Muy especialmente en estos momentos, quizás.


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