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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1991

9. Una tarea de luz


Nada mejor para penetrar en la entraña de la tarea evangelizadora en cualquier época de la historia, que acudir a los testimonios de quienes, en el ejercicio de su misión y de su responsabilidad, han retratado a los sujetos a los que ha de dirigirse el verbo fecundante.

Al tejer con estas abundantes y creo que jugosas citas de ese siglo tan distante y tan nuestro que es el XVII, una red para pescar, hemos obtenido o al menos así me parece- algo más que la recuperación organizada de datos estériles y rígidos. El indio de México, el que aprendió a crecer en la cercanía de las flores y en la alegría de los cantos, surcó su rostro con la señal adusta de un yugo incomprendido después del "trauma de la conquista".

La fervorosa y penetrante mirada de Palafox, nos ayuda a conocer a ese indio de entonces y quizá también al de ahora, casi perdido en el inmenso piélago del moderno anonimato y de la identidad cuestionada y acosada. Nos da a conocer igualmente su perfil de pastor, más fino, recio y orientado hacia la santidad de lo que podemos pensar en un primer momento.

El "paréntesis negativo" del "alboroto y motín" tal como lo dibujó Don Carlos de Sigüenza y Góngora, es apenas un asomo a la tremenda problemática social, a la injusticia y a la violencia "institucional" de aquel tiempo aparentemente tranquilo y apacible, de aquella sociedad todavía poco conocida.

La tarea de evangelizar es tarea de siempre, no de un siglo o de otro. Lanzarse a conocer y reconocer el pasado, lanzarse a la busca de raíces, es tarea no sólo de historiadores, sino de hombres conscientes y con deseo de vivir con un sentido en el horizonte.

De la vida de la Nueva España tenemos, como fuentes para el conocimiento histórico y vital, la piedra de monumentos y catedrales, la preciosa y familiar pintura y escultura y la palabra escrita, que reposa en abundancia esperando todavía lectores e intérpretes. Si la piedra colonial es todavía lámpara que lanza destellos, si la pintura colonial es espejo donde aún puede mirarse nuestra emoción y nuestro espíritu, la palabra escrita colonial es consejo vivo e incentivo para un mayor compromiso con el futuro.

El servicio que he sentido deber realizar hoy en estas líneas que terminan sea, trocado en gracia, aliento y luz.


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