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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1991

4. El indio inocente y pobre


Don Juan de Palafox pone como punto de enlace de las virtudes indígenas, lo que él titula "inocencia" y que define del modo siguiente: "La inocencia es una privación de vicios y pasiones consentidas que en su raíz hace a los hombres admirables y por sus efectos y pureza de vivir, amables y dignos de protección con los reyes y superiores."[Nota 18]

Distribuye las áreas de las que procede esa inocencia, estableciendo cuán ajena es -"comúnmente"- a la raza indígena la codicia, la ambición, la soberbia, la ira y la envidia y, por el contrario, cómo está enraizada la humildad.[Nota 19]

Hacia la conclusión del capítulo VI de su misiva, anuda las frases al respecto en un extenso párrafo que al lector moderno puede traerle la idea de inmovilismo y pesimismo, sobre todo por lo que expresa de que "ni aspiran más que a vivir y que se olviden de ellos". Leamos este párrafo: " ... ellos no conocen la envidia porque no conocen la felicidad ni hacen caso de ella, ni aspiran más que a vivir y que se olviden de ellos. Y como quiera que su ambición es ninguna, no puede ser alguna su envidia, ni los deseos los inquietan a tener más (que) aquello que les dan, ni les afligen o entristecen ajenas dichas, porque no llegan a prenderlas y procurarlas. Están remotísimos de juramentos, blasfemias, murmuraciones, juegos y prodigalidad, vicios tan frecuentes en otras naciones, porque los de este género no se hallan sino en muy raros de los que habitan aquellas dilatadas provincias. Mando Vuestra Majestad, lo suplico, ver si nación que está por la mayor parte exenta de vicios tan capitales... puede llamarse más inocente que las otras..."21[Nota 20]

Si alguna característica revela la condición del indio más que alguna otra, se trata sin duda de su pobreza, de la que no puede decirse sino que es evangélica y apostólica: "...siguen a la letra el consejo de San Pablo y lo que el santo quiso para sí, cuando dijo: "En teniendo con qué cubrir nuestros cuerpos y con qué alimentarnos, todo lo demás nos sobra."[Nota 21]

La pobreza del indio es, incluso, modelo de pobreza religiosa y franciscana. Refiere: "He oído decir a algunos religiosos de la seráfica orden de San Francisco... que si aquel seráfico fundador, tan excelente amador de la pobreza evangélica hubiera visto a los indios, de ellos parece que hubiera tomado alguna parte del uso de la pobreza, para dejarla a sus religiosos por mayorazgo y para que sirviese a la evangélica, que él escogió. ,[Nota 22]Y hace referencia a la tradición de que a un religioso franciscano que ejercía su ministerio en el obispado de Puebla le dijeron Santa Clara y San Francisco: "Los indios ejercitan la pobreza, obediencia y paciencia, que vosotros profesáis. "[Nota 23]

De esa pobreza del indio se sostienen en las Indias tanto la Iglesia como el Estado. Escribe el obispo: "...su desnudez, pobreza y trabajo sustentan y edifican las iglesias, hacen mayores sus rentas, socorren y enriquecen las religiones y a ellos se debe gran parte de la conservación de lo eclesiástico. Y (en) cuanto a lo secular, su trabajo fecunda y hace útiles las minas, cultiva los campos, ejercita los oficios y artes de la república, hace poderosos los de justicia, paga los tributos, causa las alcabalas, descansa y alivia a los magistrados públicos, sirve a los superiores, ayuda a los inferiores, sin que haya cosa alguna, desde lo alto hasta lo bajo, en que no sean los indios las manos y los pies de aquellas dilatadas provincias y si se acabaran los indios, se acabarían del todo las Indias, porque ellos son los que las conservan... y como abejas solícitas labran el panal de miel para que otros se lo coman."[Nota 24]

El cuadro que Palafox pinta de esta humildad interior del indio, no deja de ser también el retrato de la externa injusticia que seveía por todos los horizontes de la Nueva España y que tenía como blanco principalmente a la masa indígena. Una velada alusión a la falta de compromiso evangélico de las órdenes religiosas y de conformación a su primitivo espíritu, descubre al obispo que, en sus escritos y acciones se revela como deseoso de una profunda reforma de la Iglesia.


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