©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1991-1992

3. Respeto y deber. Amor y santidad


A la luz de la explicación anterior, cobra sentido la definición kantiana de respeto (o reverencia), como la conciencia de una libre sumisión de la voluntad bajo la ley moral -cuidándonos de no interpretar tal sumisión como pasiva. Kant reitera que la conciencia debe entenderse como un sentimiento que sólo se dirige a lo práctico y que, dependiendo de la representación de una ley meramente según su forma y no por objeto alguno de la misma, produce un interés en la observación de la ley. La acción, por su parte, que es objetivamente práctica según la ley, con exclusión de todos los fundamentos de determinación por inclinación, se llama deber. Este concepto exige a la acción, objetivamente, la concordancia con la ley, pero a la máxima de la acción, subjetivamente, el respeto hacia la ley. Y en esto descansa la diferencia entre la conciencia de haber obrado conforme al deber y el hacerlo por deber.

Ahora bien, la ley moral es para la voluntad de un ser todo perfecto, una ley de santidad, pero para la voluntad de todo ser razonable finito, una ley de deber, de compulsión moral y de determinación de la acción de ese ser por medio del respeto hacia la ley y no por amor a ella. El hombre se halla, piensa Kant, bajo una disciplina de la razón y está subordinado a la autoridad de la ley. Subordinación que se debe a nuestra condición de criaturas. A este respecto, tiene razón Paton cuando enfatiza la idea de que el carácter imperativo no es, para Kant, una de las característcas de la ley moral, como tal. Prueba de ello es que para una voluntad santa la ley moral no se presenta como imperativa. Si la ley es imperativa para los hombres es debido a su condición de seres finitos y sensibles, por lo que nunca llegarán a tener control total sobre sus inclinaciones.[Nota 7]

Ahora se entiende que el mandato evangélico, amar a Diossobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo, se presenta como un ideal de santidad inasequible para toda criatura. Es un prototipo al que debemos tender en un progreso ininterrumpido pero infinito, ya que ninguna criatura podrá cumplir completamente gustosa todas las leyes morales dado que nunca estará enteramente libre de deseos e inclinaciones. Si lo estuviera, el amor a la ley sustituiría al deber, y la santidad a la virtud. Por esta razón, concluye Kant, el estado moral de la criatura es la lucha (virtud) no la posesión (santidad).


Inicio del artículoAnteriorRegresosiguiente