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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1991-1992

4. Deber y personalidad


La ley moral, ya se dijo, es para nuestra voluntad una ley de deber, de compulsión moral. Pero ¿cuál es la raíz del deber? ¿Qué es lo que le permite al hombre actuar independientemente de sus inclinaciones y deseos?

Kant piensa que la raíz del deber es la personalidad, es decir, la libertad e independencia del mecanismo de toda la naturaleza. Libertad, sin embargo como facultad de un ser que está sometido a leyes puras prácticas peculiares, es decir, dadas por su propia razón. El hombre se revela así, como persona, en tanto pertenece al mundo de los sentidos, pero al mismo tiempo sometido a su personalidad, en tanto pertenece al mundo inteligible. El hombre está lejos de la santidad, pero la humanidad (personalidad, naturaleza racional) en su persona tiene que serle santa. Toda la creación, continúa Kant, puede emplearse como medio; sólo el hombre es fin en sí mismo. En otros términos, el hombre tiene dignidad, no precio.

Este apartado, con el que Kant cierra el tema de los motores de la razón práctica, trae nuevamente a la consideración la segunda formulación del imperativo categórico: Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mis mo tiempoy nunca solamente como un medio (Fundamentación, 429). Tal vez lo más relevante del párrafo que estamos comentado de la Crítica de la Razón Práctica, a propósito de este principio, sea la distinción tan marcada que hace Kant entre persona y personalidad (humanidad). ¿Son dos realidades distintas? ¿Qué es lo que constituye al hombre como fin en sí mismo? ¿Su persona? ¿Su personalidad? ¿Qué debemos entender por estas nociones?

La literatura sobre este tema es abundante y, sin duda, seguirá siendo motivo de discusión a la luz de las concepciones éticas y políticas contemporáneas, que de una u otra forma se inspiran en este imperativo kantiano. Para los propósitos del tema, quiero concluir estos comentarios haciendo mención de cuatro interpretaciones del principio, no muy alejadas entre sí, y que pueden echar luz sobre la idea de personalidad como raíz del deber. Por comodidad, las ordenaré en orden cronológico.

Paton (1947)[Nota 8] afirma que el valor moral de un ser racional depende de la posesión de una buena voluntad (good will). Un fin en sí mismo debe ser un fin existente en sí mismo (seIf-existent end), no algo producido por nosotros, y ese fin existente en sí mismo es la buena voluntad, presente en todo agente racional. La tesis de Paton da a entender que es posible poseer una voluntad racional aun cuando ésta no se ejerza. Lo anterior se confirma, por ejemplo, con un pasaje de la Critica delJuicio citado por el autor: "una buena voluntad es aquello por lo cual la existencia humana puede poseer un valor absoluto" (443). La vuena voluntad, entonces, es algo dado naturalmente al hombre y no algo adquirido. Con esa interpretación, Paton abría una nueva vía para comprender la moral kantiana, más cercana a un planteamiento metafísico que a uno psicológico. La pregunta que surgía, inmediatamente, era la de cómo hacer compatible la idea de posesión de la voluntad racional, independientemente de su ejercicio, con la negación del yo como sustancia sostenida en la Crítica de la Razón Pura.

En 1967 Beck [Nota 9] comenta que, mientras que en la Crítica de la Razón Pura Kant señaló la imposibilidad de una demostración del alma como substancia e hizo del yo sólo una apariencia, en la Crífica de la Razón Práctica efectúa una transición hacia una interpretación más metafísica del yo. La interpretación fenoménica del yo, como doctrina oficial kantiana, muestra signos de ser trascendida por un personalismo y un activismo metafísicos. No se trata de una metafísica teórica, sino práctica. Desde este punto de vista, la personalidad según Beck no es una categoría sino una Idea de la razón. Somos personas, pero ningún ser finito está totalmente adecuado a la Idea de personalidad. En la naturaleza humana, considerada empíricamente, encontrarnos a lo sumo sólo una predisposición a la personalidad, que consiste en la capacidad de respetar la ley moral y hacerla un incentivo suficiente para la voluntad. Si no entiendo mal a Beck, esta predisposición no es algo adquirido sino algo dado. Una suerte de tendencia referida a un objeto que es la Idea de personalidad.

Tres años después, Murphy critica la postura de Paton y propone una solución novedosa.[Nota 10] Murphy piensa que si Paton tuviera razón, el principio de personalidad tendría que enunciarse: "trata a todas las personas, que poseen una buena voluntad, como fines y nunca sólo como medios''. Pero este enunciado sería contrario a las reiteradas afirmaciones kantianas de que nunca podremos conocer si otra persona tiene una buena voluntad, o bien, que una buena voluntad racional no se puede observar ni se puede demostrar. Para Murphy, el valor moral de un ser racional no depende de la posesión de una buena voluntad, sino de aquello que hace posible a un hombre el ser moral: su libertad y el valor que surge de ella, la dignidad.

Sin embargo, Murphy está consciente de que Kant no es muy claro en este punto. Así, por ejemplo, cuando se refiere al origen de la dignidad, Kant afirma que es el resultado de la capacidad del hombre de ser moral, con lo cual se ve en un círculo: el hombre es digno porque tiene la capacidad de ser moral, y es capaz de ser moral por su libertad, que se expresa en el valor dignidad. Para romper este círculo Murphy distingue, con Kant, entre el término Willkür, que significa la libertad de escoger o la actividad espontánea de las personas, y el término Wille que es la autonomía o el actuar por motivo de la ley moral. Si la dignidad del hombre derivara de Wille, no se rompería el círculo, pero Murphy piensa que, en efecto, el hombre es digno, posee dignidad, es fin en sí mismo, por su libertad entendida como Willkür.

Por último, Atwell (1986) [Nota 11] piensa que el principio de personalidad tiene que ver con la buena voluntad, pero se pregunta si en verdad puede un hombre poseer una buena voluntad, incluso bajo el supuesto de no ejercitarla. Para responder a este planteamiento, el autor echa mano de su distinción entre respeto pasivo y respeto activo. Lo que es dado naturalmente al hombre y que lo hace un fin en sí mismo, es el respeto pasivo por la ley moral, o mejor aún, una disposición o predilección hacia la total posesión de una buena voluntad. La buena voluntad, por otra parte, no es algo dado al hombre naturalmente, sino que se adquiere a través del respeto activo a la ley moral.

Si nos apegamos estrictamente al texto de la Crítica de la Razón Práctica, pienso que la interpretación de Murphy es la correcta. La personalidad no es sino la libertad o independencia del mecanismo de toda la naturaleza. Personalidad es autonomía y ésta es la raíz última del deber. De esta manera, la segunda formulación del imperativo categórico debe comprenderse más como un límite a la interferencia de otros individuos o del mismo Estado en la voluntad o autonomía de cada sujeto, que como un valor moral positivo o un Ideal. Cabe, sin embargo, hacer otra lectura de Kant en la que las ideas de "posesión", "predisposición" o "disposición" ocupen un lugar relevante. Este segunda lectura de la Crítica de la Razón Práctica se hace a través del lente de la Crítica del Juicio y de la Metafísica de la Virtud, dos obras revaloradas por los críticos contemporáneos de Kant que, como esperamos haber mostrado, suaviza la rígida interpretación formalista de su ética.


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