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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1991-1992

Los Derechos Humanos


Como ya hemos afirmado, el sistema político internacional ha sufrido un número de cambios que distinguen nuestro sistema actual de todo sistema anterior. Quizás el desarrollo más notable ha sido la creciente preocupación y la lucha por defender los derechos humanos.

En el pasado, al Derecho Internacional no le competían los sucesos que acontecían dentro de la jurisdicción de un estado. Con pocas excepciones, éstos se consideraban como asuntos internos.

Sólo hasta después de la Segunda Guerra Mundial, con la creación de las Naciones Unidas y la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, las cuestiones básicas de los derechos humanos se convirtieron en materia del Derecho Internacional consuetudinario y por medio de tratados; de esta manera ya no se pueden considerar como asuntos de jurisdicción interna exclusivamente. Desde entonces, la labor sobre los derechos humanos ha recorrido un largo camino.

Sin embargo, la proclamación y la regulación de los derechos humanos no han sido siempre acompañadas del respeto y la protección correspondientes. La mayoría de los países, incluso los signatarios de la Declaración de las Naciones Unidas y de convenios internacionales, tienen largos antecedentes de violaciones a los derechos humanos. Algunos muestran preocupación, otros niegan haber cometido dichas violaciones, o tratan de ocultarlo o de justificarlo; y más aún, otros países ni siquiera se molestan en responder a las investigaciones internacionales que se realizan sobre esta cuestión. En strictu sensu, ningún país está exento de responsabilidad en cuanto a las violaciones de los derechos humanos.

Hoy en día, las ideas de un Nuevo Orden Internacional suponen una nueva era para los derechos humanos, muchos acontecimientos recientes permiten defender esa suposición. Los dramáticos cambios políticos a través de Europa Central y Orienta] y el actual desmantelamiento del régimen del apartheid en Sudáfrica, donde el respeto hacia los derechos humanos básicos parece ser el núcleo de los acontecimientos, son dos buenos ejemplos de lo anterior.

Sin embargo, se podría comprobar que demasiado optimismo es infundado y podría ser engañoso. La democratización de Europa Central y Oriental y los cambios en Sudáfrica bien podrían obedecer, en primer término, a exigencias económicas y políticas, y sólo en segundo término a una antigua necesidad de respeto a los derechos humanos. En este contexto, afirmar que los derechos humanos son el centro de cambios parecería muy poco realista.

Más aún, falta mucho para que termine la lucha a favor de los derechos humanos. Aun cuando las libertades civiles y políticas han mejorado en Europa Oriental, el sistema de asistencia y seguridad social ha dejado de existir. Hoy en Sudáfrica la totalidad de la población negra, 23 millones, no tiene derecho a votar ni a ocupar cargos públicos. Pero las violaciones no se limitan a una región o sistema político. La situación de los derechos humanos en lugares como Etiopía, Guatemala, India, Irak, Irán, Kuwait, Liberia, Perú, Somalía, Sri Lanka y Sudán ha empeorado.

Ningún "Nuevo Orden Internacional" garantizará por sí mismo una nueva era para los derechos humanos. Aun cuando dicho orden incluyera a todas las regiones y países y estuviera basado en la democracia, su inclinación a promover y proteger a los derechos humanos seguiría siendo cuestionable.

Debemos recalcar que la democracia no implica necesariamente un respeto a los derechos humanos.

En primer lugar, todas las formas de gobierno generalmente subordinan los asuntos de los derechos humanos a otras cuestiones de interés nacional, y están preparadas para sacrificar estos derechos por la geopolítica. En Turquía los derechos de la minoría étnica kurda siempre han estado subordinados a la soberanía e integridad territorial.

Muchos gobiernos, obligados a proteger los derechos de sus propios ciudadanos, se dedican a otros intereses en sus relaciones internacionales, y a menudo están contra la defensa de los derechos humanos en todo el mundo, lo cual se evidencia en la selectividad con la que ejercen sus influencias. Algunas veces, los derechos humanos se convierten en beneficiarios a corto plazo del autointerés, otras en víctima de la conveniencia política.

Las violaciones a los derechos humanos en Kuwait, antes y después de la invasión iraquí, nunca han recibido mucha atención. Una de las razones dadas para justificar la invasión fue la preocupación por los abusos contra los derechos humanos cometidos en Kuwait.

En segundo lugar, existe un gran abismo entre las obligaciones de los gobiernos en cuanto a los derechos humanos y su práctica real.

Continuamente, minorías étnicas y grupos nacionalistas han sido víctimas de abusos contra los derechos humanos en distintos grados, tal y como sucedió en países democráticos como Guatemala y Brasil a comunidades indígenas y a los niños de la calle. También en India prevalece un patrón de abusos a los miembros de grupos subprivilegiados, donde muchas de las víctimas pertenecen a comunidades tribales o a castas establecidas.

Los grupos que luchan por la independencia territorial o contra el gobierno central a base de identidad regional, étnica o religiosa también han sido blanco de severos abusos contra los derechos humanos como en El Salvador, India e Irlanda del Norte. Por otro lado, la existencia de medidas de emergencia en algunos países facilita que se den dichos abusos, como sucede en Perú, Sudáfrica y los territorios ocupados por Israel, donde los palestinos resultan particularmente vulnerables.

El creciente flujo de refugiados, muchos de los cuales se han visto forzados a huir debido a las violaciones a los derechos humanos, es otro ejemplo de la situación mundial prevaleciente.

El conflicto con los grupos de oposición armados, la violencia intercomunal, las crisis económicas o incluso los conflictos internacionales armados son factores que no se puden ignorar. Sin embargo, ninguno de estos factores puede justificar o disculpar a un gobierno que viole los derechos humanos básicos de cualquiera de sus ciudadanos o de aquéllos sobre quienes ejerce control.

En tercer lugar, incluso en los países cuyos gobiernos están sinceramente comprometidos a defender los derechos humanos todavía quedan algunas preguntas por responder: ¿Los derechos humanos son los mismos y universales en todos lados? ¿Todos los derechos humanos tienen la misma importancia y se hacen cumplir y se protegen en la misma medida? Cuando hay una duda, ¿quién debe decidir y cómo se deben resolver las diferencias?

La Declaración Universal de los Derechos Humanos -el mayor consenso hasta ahora obtenido en torno a un sistema de valores seguro- se mantiene como un estándar internacional por su suficiencia y su validez para regir el futuro de la comunidad internacional, como lo han declarado explícitamente la mayoría de los países. Pero la importancia y el significado dado a cada uno de sus preceptos podrían no ser tan universales.

La primera dificultad en tales cuestiones es que el término "derechos humanos" tiene significados diferentes, conlleva connotaciones distintas o disfruta de legitimidad diferencial en una sociedad distinta. Por otro lado, incluso en una misma sociedad este concepto puede cambiar con el tiempo, en general relacionándose con amplias transformaciones culturales, socioeconómicas y políticas.

Lo que en un contexto cultural es una violación a los derechos humanos podría no serlo en otro, o puede considerarse desde otro punto de vista o puede tener un significado completamente diferente. Falta mucho para dar por terminado la definición y la interpretación del trabajo a favor de los derechos humanos. Por ejemplo, en los Estados Unidos el aborto es parte de un derecho de la mujer a la intimidad, mientras que en México es un crimen contra el derecho a la vida.

La segunda cuestión es todavía más difícil de responder, puesto que debemos distinguir entre los tipos de derechos humanos.

El consenso general alrededor de los derechos humanos nos podría llevar a creer que poseen un valor absoluto; pero también sucede que dos derechos básicamente iguales estén en pugna y no se puede proteger incondicionalmente a uno de ellos sin hacer inoperante al otro. Su protección encuentra un límite invencible en la protección de otro derecho fundamental concurrente, como sucede con las categorías de los derechos civiles y los derechos sociales.

De tal manera, el problema radica en que se debe elegir entre los tipos de derecho en pugna o, al menos, establecer un orden de prioridades. En pocas palabras, debe haber una jerarquía de derechos, que exijan distintas obediencias y a los cuales les acrediten los gobiernos promoción y protección diferenciales.

Hoy en día, la concepción liberal predominante que se infiltra en los diferentes Modelos de un Nuevo Orden Internacional, aunque respetuosa de los derechos civiles y políticos, no le da la misma importancia a los derechos sociales, económicos y políticos. Cuando los dos entran en pugna, son los derechos humanos los que ceden.

La tercera y cuarta preguntas, ¿quien debe decidir -definir o interpretar- las irnprecisiones de los derechos humanos?, y ¿cómo se deben resolver las diferencias dentro de la comunidad internacional, en este aspecto? han sido subestimadas, y ambas se tratan de una manera diferente dentro de cada uno de estos nuevos "modelos" del Nuevo Orden Internacional.

Cada modelo, con su centro de poder, ya sean los Estados Unidos -Pax Americana-, las Naciones Unidas apoyadas por la fuerza armada -seguridad colectiva-, los bloques económicos -interdependencia-, o la comunidad democrática internacional -Pax Democratia- da su propia respuesta a cada pregunta. No obstante, todos pasan por alto ciertos aspectos.

Por una parte, todos estos modelos dejan fuera de su esfera de intereses a la mayoría de los países del Tercer Mundo. Por otra, cualquier orden futuro real seguramente se basará principalmente en intereses económicos; su compromiso hacia otros intereses que no sean éstos -inlcuyendo a los derechos humanos- es débil a niveles tanto nacionales como internacionales.

Por consiguiente, el número de países que no esté incluido en este Nuevo Orden Internacional tendría que resolver sus problemas económicos, políticos y de derechos humanos por sí mismo, sin mucha ayuda de la comunidad internacional, tal y como lo han demostrado los acontecimientos recientes.

Sin embargo, no debemos olvidar que la realización de una mayor protección a los derechos humanos va unida al desarrollo global de la civilización humana y que no podemos mejorar la cuestión de los derechos humanos separándolos de los dos grandes problemas de nuestro tíempos: la guerra y la miseria.

Por otro lado, la gran mayoría de¡ consenso en cuanto a los derechos humanos se concentra solamente en los principios básicos. Cuando se llega a la cuestión del detalle en la ejecución de las políticas, la controversia es inevitable. Es entonces cuando los "poderes centrales" monopolizan las decisiones e imponen soluciones etnocéntricas.

Por lo tanto, debemos estar alertas al dilema "derechos humanos vs. intervención", y debemos sopesar cuidadosamente los mecanismos que produzcan éxito en el esfuerzo de promover los derechos humanos y aquéllos que utilizan a los derechos humanos como un pretexto para imponer otros intereses.

De esta manera, la existencia de un estudio y de una labor a favor de los derechos humanos, que no dependa de intereses políticos y económicos de una nación, de los estados o de los diferentes modelos de los Nuevos órdenes, sigue siendo sumamente importante y necesario si queremos lograr un mundo pacífico.


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