©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1992

La ruptura sagrada del Himen


Pero este abrazo final entre Eros y Psique que es una suerte de consumación del Matrimonio Espiritual o Hierogamia (por su naturaleza sacra), y que está rubricado por el célebre mors osculi o beso mortuorio que experimentan los místicos (recuérdese a Teresa de Lisieux que agoniza extáticamente) en trance de muerte (sea ésta biológica o meramente simbólica).

Es por este poder conferido a Eros puntualiza Wind- que "los dioses adquieren un semblante mortal y los mortales amados sobreviven a la muerte, ya que viven sepultados en los corazones de sus amantes (felix polva quae sepulta vivis)." [Nota 47]

El ambiente extático que anima la unión hierogámica es poéticamente expresada por San Juan de la Cruz al interior de un trance, en que así como se confunden lo que es divino y es humano, la vida y la muerte carecen de esa frontera que las delimita y distigue; se tiene aquí el sentimiento de una agonía donde la copulación de placer y dolor hace posible el nacimiento de misterio de adonia...

Tu vientre que es tu voluntad... [Nota 48] y,

...rompe la tela de este dulce encuentro [Nota 49]

Ruptura que rememoria simbólicamente el desgarramiento del velo del santuario del Templo de Jerusalem tras el grito agónico del crucificado. Sus palabras previas "todo está consumado" pueden ser hermenéuticamente leídas a modo de consumación hierogámica o Eros Sacro.

San Agustín interpreta a la luz del arquetipo del misterio nupcial: Cristo o Logos es "el prometido... que en la hora de sus bodas...se dirige al mundo...llegándose hasta el lecho de la cruz...(donde) confirmó el matrimonio... y sintiendo allí los profundos suspiros de la criatura...se entregó como esposo...pero se entregó por toda la eternidad". [Nota 50]

"La tela del dulce encuentro" y el velo del templo simbolizan al himen en sentido estrictamente sacro...un velo poético que, como decía Dionisio, sólo puede ser alcanzado por el rayo divino. (Himen era el dios que ¡precedía los cortejos nupciales!, y según la tradición mítica era incomparable bello y gustaba de tocar la flauta.)


Inicio del artículoAnteriorRegresosiguiente