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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1992

Conclusión:


El matrimonio espiritual sanjuanista, "cumbre de perfección", es así un resabio hierogámico. El alma humana no es sólo escenario de la disputa que de ella hacen las deidades; es la "sustancia que penetra sutilmente el toque delicado", [Nota 51] Es tálamo sagrado y espacio de goces indecibles que ni siquiera excluyen la agonía; este tálamp no es una especie metafísica, sino recinto pneumatológico, artilugio teopoiético y génesn de Gracia, séptima morada teresiana donde sólo lo Uno penetra y vaso comunicante por el que la erótica se precipita hacia la mística.

Y esta idea pneumática que de la sustancia humana San Juan estableciera es precisamente aquello que encabeza el cortejo nupcial de Psique y Eros, de Sophía y el Logos, de Jerusalem y el Cordero. Son las bodas con que se consuma la Apocalúptica, la curación que subsana la escisión del andrógino adámico y que diera como alumbramiento sui generis el surgimiento de Eva.

La mística es así póiesis restitutiva que reconstituye al erotismo herido más de vida que de muerte. Es sustancia pneumática la que propone San Juan y que logra evocar cómo la filosofía nace míticamente con Hesíodo y se consuma apocalípticamente en todo poeta hierogámico como lo fue San Juan.

Filosofía es, en la línea de los misterios, invitación al éxtasis, purificación y catarsis operativa que dispone de la mente serena a transformarse en mente en trance de amar. Filosofía no es modo de ganarse la vida, pero sí para ganarse la muerte. Es grito agónico. Es puente hacia aquello que define la vida; es acceso al misterio, aunque ella como punto de partida sea misterio.

Se hace filosofía, ciertamente, para conocerse a sí mismo (esto es la claridad apolínea), pero también para dejar arrobarse pues el Ser se inflama y esta cualidad ontológica hace génesis de la poesía.

Y la Poesía es sombra de la Filosofía en el mediodía de la Razón.


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