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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1992

Poética de San Juan de la Cruz a la luz de la tradición órfica y de la neoplatónica


De este modo, si por la razón, por la sola razón como motor, la filosofía primera, la metafísica, desemboca en teología natural o teodicea, también por la razón, cuando ésta se deja impulsar por el sentimiento que ella misma refinó, se desemboca en una teología mística que tiene como finalidad la experiencia extática y erótica de Dios, la que una vez consumada ha fecundado arquetipos inconcientes susceptibles de expresión poética.

Gran analogador de la verdad, Juan de la Cruz nutre su poder poético desde su concepción metafísica, lo que prueba que "toda verdadera metafísica está preñada de una aspiración mística", [Nota 7] pero también es un continuador y sintetizador de la tradición mistagógica de los órficos, que heredará a través de los neoplatónicos y de Agustín de Hipona.

Dice Agustín de Hipona que "la cosa misma que ahora es llamada religión cristiana estaba ya en los antiguos y estaba en la raza humana desde sus principios hasta el momento en que Cristo se hizo carne; desde entonces la verdadera religión que ya existía empezó a ser llamada cristiana". [Nota 8]

Por su parte, Maritain admite que "en las escuelas místicas antiguas... se encuentran casos de experiencia mística auténtica. Tales cosas dimanan de la gracia divina y de la contemplación infusa... (aunque) están fuera de la gracia sacramental''. [Nota 9]

Por ende, se admite hoy por corrientes de autoridad que la experiencia extática y atemporal de la mística ha sido vivenciada en todos los tiempos y adaptada a la idiosincrasia de cada cultura.

Etimológicamente, el término "mística" deriva del singular mistérion que en griego significa "oculto" o "secreto"; su plural que es misteria tiene significado equivalente o "orgía" o ''frenesí', en el sentido dionisíaco de embriaguez ante el abandono de la mente.

Pero, fuera de su literalidad, "el primer y original significado del término misterio emergió a lo largo de la celebración de los festivales de Eléusis, rituales populares de iniciación en que los neófitos eran purificados del miedo a la muerte y admitidos en la compañía de los bendecidos". [Nota 10]

Fue tan profusa la influencia que estos misterios tuvieron sobre los pensadores helenos que Proclo llegaría a sostener que "toda la teología griega emergió de la doctrina mística de Orfeo". [Nota 11]

Esta doctrina se deriva precisamente de las enseñanzas que el mistagogo Orfeo, luego de su retorno de los infiernos, transmitiera a sus discípulos en relación a la forma idónea de prepararse en esta vida para sortear las dificultades que sobrevienen después de la muerte.

Fue así como entre los griegos del período helénico fue común la creencia difundida por los adeptos órficos de que "aquel que pase al otro lado del mundo sin santificar ni estar iniciado permanecerá en un cenagal, pero aquel que llega tras la iniciación y purificación habitará junto a los dioses". [Nota 12]

Ya también en ese entonces se aseguraba que muchos eran los convocados al banquete celestial, cuando sostenían que en el orden de los misterios "son muchos los portadores del báculo, pero pocos los que son ellos mismos báculos", [Nota 13] o sea, los que son "báquicos", refiriéndose con este término a los "verdaderos filósofos", a los que Platón alude en su diálogo Fedón. [Nota 14] (Es sugerente a este respecto que en el prefacio que Marsilio Ficino hace a la Teología Mística de Dionisio Areopagita, define como "báquico" al acercamiento que a Dios tiene el sabio a través de la negación del intelecto.)

Filosofía era así, para los pensadores griegos imbuidos de la teología órfica, la iniciación mística reservada para unos "cuantos elegido? (como lo declara el propio Platón) por la cual el filósofo, "a través del ejercicio racional, el entrenamiento en el arte de la dialéctica y el arte de aprender a enfurecerse correctamente, consigue purificar su alma, ganar la forma de muerte que merece, y adquirir el poder de comunicarse con el más allá . [Nota 15]

Esta comunión del filósofo con el "más allá" no debió consistir en otra cosa que no fuera la vivencia extática misma, unitiva, de naturaleza poética, puesto que es ésta la que exalta al filósofo a "inflamar" su estado anímico, que es inducido así a un himno o entusiasmo filósofico que es necesario "para comunicarse al más allá".[Nota 16]

San Juan de la Cruz expresa así su entusiasmo: "Sintiéndose ya el alma toda inflamada ... sintiendo correr de su vientre los ríos de agua viva." [Nota 17]

Wind dice que "la conversión o éxtasis platónico consiste en dar la espalda al mundo en que estamos para unirse al espíritu que nos llama desde el más allá", [Nota 18] pues "el camino hacia la felicidad termina en una dichosa unión con el dios". [Nota 19]


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