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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1992

POLÍTICA EDUCATIVA COMPENSATORIA Y LIBERADORA

Author: José Luis Pérez [Nota 1]


Sobrada razón tenía Carlyle cuando con un dejo de ironía se refería la economía como una ciencia lúgubre. En el juego de luces y sombras que es la realidad, los economistas prefieren con frecuencia las sombras.

De entrada diré que mi comunicación no será sombría. Los proclives a tonalidades oscuras podrán, si así lo desean, darse una vuelta por la información oficial. Ahí espigarán algunos datos que les harán saber del submundo actual de los adultos mayores de 15 años: El analfabetismo afecta a casi el 100% de los habitantes de comunidades indígenas dispersas, hay 4.2 millones de analfabetos simples, 20.2 millones de compatriotas con primaria inconclusa, de los que se nutre una gran mayoría de analfabetas funcionales, además de 16 millones con secundaria no terminada. El panorama anterior representa un rezago eductivo de más de 40 millones de mexicanos que habrán de ascender en 1994 a 8 millones más, de continuar la tendencia y las pautas de atención actuales. Los economistas lúgubres de que hablamos se asomarán entonces a la población en edad escolar. Aquí el cuadro lo trazan 300 mil niños que no tienen acceso a la escuela, 880 mil que abandonan año con año la escuela primaria y 1 millón 700 mil entre los 10 y 14 años no matriculados en primaria ni en secundaria. La mitad de los niños matriculados, aproximadamente, no termina la primaria. En números redondos, el 50% de mexicanos tiene una escolaridad de entre 1 y 4 años de primaria.

Al llegar a este punto, bajaríamos el tono de las sombras para hacer resaltar que: Uno de cada tres niños mexicanos está en la escuela, dos de cada tres niños tienen acceso a enseñanza preescolar, y la cobertura de la escuela primaria anda por el 95%. La secundaria está al alcance de cuatro de cada cinco egresados de la primaria.

Aún así, el sistema educativo mexicano se halla atrapado por la inercia de modelos de atención cuyo dinamismo se agotó hace mucho tiempo. Algún caricaturista, de los muy buenos que hay en México, caracterizaría el modelo educativo vigente como una gran coladera o criba que absurdamente el sistema ha utilizado para acarrear agua durante siete décadas. No se requieren cálculos actuariales muy refinados para caer en la cuenta de que a ese paso, haciendo una simple operación aritmética de entradas y salidas de educandos, aunque sean mayores aquéllas que éstas, varias décadas por venir no bastarian para lograr el cabal cumplimiento del Artículo 3° constitucional: que la educación para todos los mexicanos tienda al desarrollo armónico de las facultades del ser humano, al fomento del amor a la patria y la conciencia de la solidaridad internacional en la independencia y en la justicia, que se funde en el progreso científico y luche contra la ignorancia, la servidumbre y sus prejuicios y que sea democrática y promueva el mejoramiento económico, social y cultural del pueblo.

Ni siquiera en la época de mayor fervor revolucionario, estando en el ojo del huracán que arrasó al antiguo régimen porfiriano, los maestros, héroes civilizadores que apostaron su vida por la educación de nuestros ancestros, pudieron dar respuesta a tan descomunal desafío.

En ocasiones, escuchamos decir que desde 1921, año en que se fundó la Secretaría de Educación Pública, la atención en lo fundamental del reto cuantitativo de la educación es una gran proeza. Al asentir en ello, pensamos en el sacrificio y en la entrega de los maestros, pero también pensamos que, más allá del triunfalismo vacuo, hemos de reconocer la situación extremadamente grave del rezago educativo acumulado, marcado por la desigualdad de oportunidades, así como por la inexistencia de una educación liberadora que responda a las necesidades y expectativas de los mexicanos.

Volviendo a la relación entre educación y desarrollo económico, salta a la vista la causación recíproca quemantienen, de tal suerte que la educación aparece como factor determinante del desarrollo y, a la vez, como consecuencia o efecto del mismo. Se sabe por el teorema del óptimo de Pareto que en una economía con posibilidades o recursos para el desarrollo, su asignación puede responder a las preguntas de qué hacer y cómo hacer para alcanzar un óptimo eligiendo entre opciones, pero sólo desde la perspectiva de la eficiencianunca estaremos seguros, de para quiénes o en favor de quiénes se habrán de tomar las decisiones de asignación de recursos. Para romper con la desigualdad es necesario echar mano de criterios complementarios, como podría ser el de la compensación.

En cuanto al rezago, freno importante del desarrollo, quisiera presentar algunas ideas concretas para su abatimiento, en aras de un emparentamiento o nivelación de los usuarios.

1. Creación de un contingente de "maestros itinerantes", cuya misión principal consista en atraer a los analfabetas simples y funcionales al sistema educativo para hacerles llegar los conocimientos y destrezas básicas por medios escolarizados o no escolarizados. Estos maestros, bien preparados y equipados para su tarea, podrán llegar hasta los rincones más apartados de población dispersa visitando a sus familias por el tiempo necesario y ofreciendo, además, becas que se otorgarían por parte del Gobierno Federal a niños y adultos dispuestos a integrarse al sistema educativo.

2. La compensación económica de las becas habría de ser suficiente para cubrir el costo de oportunidad de niños y adultos matriculados que no aportarían su trabajo en el campo para la familia mientras se encuentren estudiando. Esa compensación económica podría asumir la forma de despensa familiar, con lo que también se estaría contribuyendo a una mejor alimentación de los miembros de las familias marginadas.

3. Organización de consejos o comités educativos en zonas marginadas tanto del campo como de la ciudad, cuya función principal sea aterrizar el esquema estructural y funcional de descentralización educativa, actuando como órgano responsable de las decisiones sobre programación, ejecución y evaluación del quehacer educativo como respuesta a las necesidades y expectativas de la comunidad que ellos representan. Esta propuesta implica el reconocimiento y respeto de facultades decisorias a tales consejos o comités educativos, integrados por personas elegidas por las comunidades o barrios, en puestos rotativos, de acuerdo con reglas y mecanismos democráticos internos bien definidos.

4. Estudios hechos en 1971 bajo el patrocinio de la ONU, ponen de relieve los efectos de la desnutrición durante el período neonatal, sobre la actividad mental del individuo: la subalimentación de la madre fragiliza el sistema nervioso del recién nacido, que más tarde puede presentar lesiones importantes. Un destete prematuro compromete el proceso de mielinización de las neuronas. El período crítico de la formación del cerebro se ubica entre el quinto y el décimo mes de vida. La mala nutrición, en ese período, reduce el número de las células cerebrales cuyo crecimiento parece terminar prácticamente al finalizar el segundo año de edad. Por ello deberán extremarse los cuidados y atención a los infantes en los ciclos de educación inicial y preescolar cuya cobertura habría que hacerla total, apoyando el mejoramiento de su nutrición con el fin de asegurar su sano desenvolvimiento mental y su permanencia en la escuela.

Por lo que se refiere a la educación como fuerza liberadora, según Piaget su objetivo pudiera describirse como "la creación de hombres capaces de hacer cosas nuevas, no conformándose con repetir lo que otros hicieron, hombres creadores, imaginativos y descubridores, con mentes capaces de criticar, verificar y no aceptar las cosas tal como se presentan".

A menudo se define el progreso tecnológico como el lanzamiento de un hombre a la luna y no como la organización de una clínica médica para la comunidad; mientras a los niños se les enseña a competir por un número limitado de posiciones cimeras en la sociedad y no a trabajar juntos para mejorar su condición colectiva.

El sentido liberador de la educación en la modernidad se habrá de orientar al cambio de un sistema cuyo rasgo saliente es el despilfarro. En vez de apuntalar la legitimación de una estructura social piramidal y de las relaciones jerárquicas de producción, la educación en y para la libertad reforzaría una sociedad en la que la jerarquía se fundara en la autoridad moral, en la que la propiedad no tuviera derechos sobre las personas y donde ninguno tuviera el derecho de dominar a otro.

Actualmente con facilidad se reconoce que la escuela tradicional perpetúa, reproduce y legitima la estructura jeráquica, los roles y estratos de la sociedad. Con ello no hace más que reflejar la inequidad de las relaciones sociales. En consecuencia, simultánea y paralelamente a una política económica compensatoria de redistribución de la riqueza y del ingreso, la aplicación de una nueva política educativa liberadora en el contexto de la modernización promoverá la igualdad de oportunidades entre los educandos, compensando las deficiencias del entorno económico familiar y social.

Para ello, además de lo propuesto anteriormente, se sugiere la asignación de la más alta prioridad en recursos humanos y materiales a la educación de adultos y a los sistemas abiertos de educación. Acorde con esto, se privilegiaría la educación recurrente en la cual, independientemente de la edad o el espacio escolar, se otorga atención a los educandos de todos los grupos sociales, ampliando y diversificando los servicios y complementándolos con modalidades no escolarizadas. Esta oferta de servicios se ampliaría aplicando contenidos y métodos formativos para la vida y el trabajo a los que se pueda ingresar sin requerimientos escolares previos, en función del ritmo e interés de los alumnos.

Éstos tendrán la opción de abandona y reintegrarse al circuito escolar a su conveniencia, eliminando barreras entre diferentes tipos de instituciones educativas y recibiendo ayuda financiera, permisos, etc., para lo cual se habrían de introducir reformas a la legislación educativa y laboral.

Por otra parte, el modelo educativo tradicional se caracteriza por su funcionalidad y correspondencia con el esquema vigente de manipulación y enajenación propio de los medios de comunicación masiva, sobre todo el de la televisión. Por elemental ética social, no se puede seguir engrosando la legión de espectadores cautivos de la televisión comercial con los analfabetas simples y funcionales que desertan de la escuela.

Dada la gran escasez de servicios de educación permanente, se tendría que hacer uso intensivo y extensivo de los medios de comunicación masiva como instrumentos didácticos para el autoaprendizaje. En el caso de la televisión habría que promover decididamente la elaboración de programas televisivos que reflejaran la problemática cotidiana real de los pobladores del medio rural y urbano e hicieran reflexionar para aprender a percibir las contradicciones sociales, políticas y económicas en las que se encuentran inmersos. La concientización sería para ellos el primer paso para su liberación del medio ambiente opresivo en que viven.

El peso del aburrimiento que lastra dichos programas no es fuerza indeclinable. La necesidad de incorporar sus necesarios elementos lúdicos pondrían a prueba la imaginación de los tecnólogos educativos y comunicadores sociales, para convertir a la "caja idiota" en una caja más sabia al mismo tiempo que divertida.

Compañeros economistas: El talento de Narciso Bassols, J. Rulfo, Ignacio Chávez, Alfonso García Robles y otros ilustres mexicanos tal vez habría fructificado de todas maneras, independientemente de su paso por las aulas de las escuelas de nuestra patria. Pero seguramente muchos otros habrán visto marchitos sus sueños de excelencia por no haber tenido la oportunidad de desarrollar su inteligencia en la escuela o porque ésta segó de plano sus aspiraciones. El acceso y permanencia de un sistema educativo liberador, imprescindible a la vuelta del siglo, no puede ser abandonado a las ciegas fuerzas del azar. Necesitamos ya una profunda transformación del proceso de enseñanza-aprendizaje para que el espíritu hable por la raza mestiza de las futuras generaciones de mexicanos.


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