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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1992

La fundación de la RFA: afirmación de la democracia y persístencías políticas


E. ¿Cómo fueron estas decepciones?

J.H. Había comenzado a estudiar en Göttingen. Mi decepción política inicial fueron las elecciones al Primer Bundestag del Estado. Escuché hablar a todo tipo de gente, entre otros al señor Seebohm, que pertenecía al DVP (Partido Unificado Alemán). La caseta electoral se decoró con banderas negras, rojas y blancas y se cerró la ceremonia con el himno alemán. [Nota 1] No podía soportar las actitudes de ese hombre que se convirtió luego en ministro de Comercio; me invadió un sentimiento de rabia e inconformidad. Me parecía que no era posible que alguien que personificaba la continuidad del fascismo pudiera ocupar un lugar en el Primer Gabinete inmediato a la derrota de Alemania, durante la fase de constitución de un nuevo régimen. No obstante, el problema político fundamental para mí, no fue éste sino el rearmamentismo. La experiencia de la Guerra me hizo pacifista. Por esta razón, la renuncia de Heinemman -ministro también en el Primer Gabinete- y quien tampoco apoyaba el rearmamentismo, me afectó mucho.

E. ¿Quiere decir que observaba usted una situación ambivalente debido, por un lado, a la presencia del elemento nacional-socialista y, por otro, a la esperanza en la realización de los derechos de las libertades burguesas? Porque para algunos, para Abendroth por ejemplo, se trataba de una cuestión muy simple, de la restauración del capitalismo.

J.H. No, la situación no era nada clara. Tenía 19 años y era todavía muy inmaduro. Durante mis estudios, entre 1949 y 1954, la recomposición del poder político representaba para mí, por un lado, la reacción moral más fuerte a la época de los nazis pero, por otro, representaba también el terror de que, en realidad, no hubiera tenido lugar ninguna ruptura con ese régimen. En aquel entonces pensé algo que hoy no puede decirse sin ser criticado: si por lo menos hubiera habido una protesta espontánea, un acto explosivo cualquiera, que diera entonces lugar al inicio de la formación de una identidad política... Perojustamente no hubo ninguna lucha.

E. Pero ¿por qué dice que el pueblo alemán no tuvo ninguna posibilidad de conformar su identidad política?

J.H. Lo que concretamente opino es que ni antes ni después del triunfo de los aliados hubo una sola resistencia espontánea o acción alguna de lucha de la población.

Yo mismo soy producto de esa reeducación, que espero no haya sido completamente negativa. Aprendimos en aquella época que en su versión burguesa o americana, el Estado constitucional burgués es ya una conquista histórica. Diferencia biográfica importante entre gente de mi generación y aquellos que vivieron en una república burguesa vacilante como la República de Weimar.

E. ¿Le pareció más estable la República después de 1949?

J.H. Naturalmente, este Estado representaba, desde mi punto de vista, una oportunidad real.

E. ¿Sin embargo, como acaba de decirnos, en diversos aspectos sus impresiones eran negativas?

J.H. Pero no tuve que romper relaciones con ningún partido. En 1933 dejamos la cuestión nacional a los nazis. Luego, el tema del nacionalismo se consideró fuera de lugar; nos parecía absurdo. A mí me era completamente indiferente si el Zar era alemán o no. Sin embargo, otros sí pusieron atención en esta perspectiva limitada. La universidad misma era producto de la continuidad de un régimen esencialmente ininterrumpido desde los años veinte. Los profesores, que para mí tenían un significado estaban desde antes de 1933 y continuaron después; con excepción de Litt, todos siguieron en sus puestos. Así fue en la mayoría de las especialidades: en Filosofía, en Historia, en Letras Alemanas y en Psicología. Se puede hablar de una universidad alemana apolítica y prácticamente etnocéntrica que obtenía su legitimidad de un prestigio de principios de siglo, cuando todavía se producían grandes capacidades científicas.


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