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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1992

Teoría y movimiento de protesta


E. Pero en aquel entonces su crítica iba en otra dirección. Determinadas acusaciones que usted lanzó en contra de la SDS, vistas desde hoy, eran correctas. Por ejemplo, y en esto estoy de acuerdo con los críticos de entonces, la ilusión de que cambiar a la sociedad era tan fácil que se podía izar la bandera roja en cualquier aula. Pero ¿era necesario hacer este tipo de críticas, en ese momento y de esa forma? Oscar Negt le reprocha un comportamiento antisolidario. En el sentido de que, por un lado, influyó en la revuelta estudiantil, pero por otro, se distanció y la criticó desde fuera. ¿No hubiera sido mejor en aquel momento en lugar de una crítica clínica de conceptos, un discurso sobre los problemas sociales? ¿No debió usted suponer que de lo contrario, podría surgir una distancia insalvable con la revuelta?

J.H. Quiero cuestionar la premisa, de que me coloqué fuera del ámbito del movimiento estudiantil. Nunca me pareció así, ni fue intencional.

E. ¿Pero no quiso con sus declaraciones separarse definitivamente del movimiento?

J.H. No, cuando en aquel entonces hice esa afirmación -en parte fuera de lugar- respecto al fascismo de izquierda, la discusión realmente aún no había comenzado. No, por supuesto, así no podía hablarse. [Nota 5]

En dos ocasiones expresé, en forma pública el sentido de mi crítica. La primera vez a raíz de la proclama de Benno-Ohnesorg en Hannover. Lo que opinaba en aquel momento lo hice público más tarde, en 1969, en el libro Movimiento de protesta y reforma de la educación superior. En lo fundamental sigo manteniendo tal afirmación, si bien acepto que tendría que haberla expresado con otras palabras. La otra ocasión fue en Pascuas, directamente a raíz de la abolición de la Ley de Emergencia. La SDS planeó un congreso de universitarios y estudiantes de bachillerato.

Vinieron alumnos de toda la RFA. Se planeó una marcha desde la Opera a la Universidad, ocupada entonces por la policía. Este acto me pareció completamente irresponsable y formulé mi crítica en el ámbito mismo de los participantes. Estas cosas se verificaron después. Era la época del mayo francés, y los estudiantes creían realmente que la revolución vendría. Ése era el contexto.

E. Visto desde dentro puede estarse de acuerdo, pero la manera en la que...

J.H. Simplemente debe verse todo concretamente. En aquel momento cualquiera lo sabía, hoy se ve con otros ojos; se trataba en aquel entonces de una crítica interna al método de la protesta estudiantil. Me pregunta por mi falta de solidaridad. Es verdad, no crecí en ninguna organización ¿en cuál podía haberlo hecho? Quizá reaccioné con un matiz muy acentuado de intelectual burgués. Pero, por otro lado, la idea de los estudiantes de actuar, por así decirlo, bajo los supuestos de la tradición del movimiento obrero estaba, por supuesto, igualmente equivocada. De manera que no creo, incluso visto de forma retrospectiva, que hubiese tenido alguna oportunidad si me hubiese quedado dentro.

E. ¿Afectó esto su confianza en las discusiones políticas? ¿Por qué después ya no intentó tener influencia sobre los acontecimientos?

J.H. Naturalmente que mi deseo era tener influencia. Pero a mediados del '67, el que la dirección del SDS hablara conmigo sin reservas era pasado. Y mi intento de ejercer influencia debió tener ese aspecto de desconfianza. De ahí el surgimiento de la idea de que realmente Habermas se había distanciado del movimiento de protesta. La introducción misma a Movimiento de protesta y reforma de la educación supenor era, sin embargo, una identificación clara con los objetivos del movimiento estudiantil.

E. Klaus Meshkat reprocha a usted una relación rara respecto a los acontecimientos de aquel entonces debido a que en su lenguaje propiamente frankfurtiano parecían ignorarse sucesos políticos centrales, la intranquilidad de las Pascuas en la RFA y el mayo francés. ¿Visto en retrospectiva aceptaría usted que en aquel entonces habían más cosas en movimiento de las que usted mismo previó?

¿No sucedía ahí muchísimo más de lo que concientemente uno podía haber previsto; no alcanzó el movimiento estudiantil una importancia imprevisible?

J.H. Todo eso, sin embargo, se encuentra contenido en mis tesis. Vuelva a ver nuevamente la última. Expresa un optimismo real en relación al movimiento de protesta.

E. ¿Estaría usted aún de acuerdo en que el movimiento de protesta fue enormemente importante para el desarrollo político de la R.F.A.?

J.H. Produjo una fisura en el ámbito normativo, en las ideas, en el sistema de valores culturales.

E. En la actualidad, sin embargo, parece darse el fenómeno contrario, los estudiantes se oponen posiblemente hoy menos que nunca a la introducción de medidas restrictivas.

J.H. No; hay investigaciones que muestran que incluso se ha transformado el sistema de valores de la población en su conjunto. Lo que, se juega ahí es el distanciamiento respecto a la orientación de los valores que la cultura política de los años cincuenta afirmó de forma extrema. Los síndromes familiares de valor instrumentalistas, privatistas, de afirmación de la concurrencia u orientados a hacer carrera, están tan en crisis en parte de la población como el desplazamiento de la "vieja" a la "nueva" política.

E. ¿Y qué valores sustituyen a los de los años cincuenta?

J.H. Sobre todo deben notarse las huellas que el movimiento de protesta dejó tras de sí, los cambios en la estructura familiar y en los viejos estilos de educación. El movimiento de protesta mismo es ya producto de formas de socialización transformadas. Esto se debe observar, por lo tanto, en una perspectiva a largo plazo. Pero ante todo el movimiento de protesta logró un efecto en la reorientación cultural. -Ustedes quisieran empujarme a tomar el falso papel del optimismo y en este momento me preguntan qué consecuencias políticas han tenido tales cambios. ¿Acaso no debe uno mantenerse escéptico? Por el momento, lo que yo veo ahí es la posibilidad de constitución de nuevos potenciales políticos que podrían convertirse en fuerzas de presión.

A largo plazo el ejercicio de esta presión podría conformar una reorganización del sistema de partidos no necesariamente en el sentido de Strauss. [Nota 6] Pero no me fío de pronósticos específicos. Se trata de tendencias históricas que son difíciles de diagnosticar. Me parece que el ámbito de juego alternativo -dentro del cual el sistema de partidos puede reaccionar respecto a tales exigencias- es relativamente amplio. Este sería el caso, por ejemplo, si realmente llegara a darse un régimen de derecha que tuviera como adjetivo una nueva política económica, en el sentido de Milton Friedman; lo que significaría una desintengración del Estado social que podría conducir a una reanimación de la lucha de clases en un sentido tradicional. Supongo, sin embargo, que el régimen sería también lo suficientemente listo para calcular tales riesgos.

E. Relacionado con esto, una última pregunta: en su opinión ¿sobre qué grupos cree usted poder tener alguna influencia política futura?

J.H. No sé si puedo aún tener alguna influencia en la conciencia política de la izquierda. Lo que no significa que no tenga una influencia académica, por ejemplo, sobre los estudiantes.

E. ¿Influencia teórica sobre grupos o jóvenes académicos?

J.H. Cuando digo que se puede influir a través de escritos, esto, por supuesto, de ninguna manera es una ilusión de viejo ilustrado con subterfugios del siglo XVIII. Uno se puede involucrar a través de artículos periodísticos en la transformación de ideas sociales, que naturalmente no se producen intencionalmente pero para lo cual las interpretaciones son importantes. Voy a decir, sin embargo, una cosa completamente pasada de moda: si se puede alumbrar algo una situación política difusa -difícil de apresar conceptualmente- se tiende también a inquietar el entendimiento, o incluso el auto-entendimiento, de amplios grupos sociales. Y el despertar de estas inquietudes guarda hoy una relación directa con el sistema de medios de comunicación extraordinariamente efectivos. Por el momento, sin embargo, no veo ningún "grupo" sobre el que pueda influir.

Hace un instante hablábamos de los "nuevos potenciales políticos". Mi idea sería contribuir un poco a la interpretación de conflictos producidos en los márgenes de los ámbitos desconcertantes de vida, burocratizados, y ampliamente tecnologizados. Quien interpreta correctamente una situación difusa, pretende algo más que el éxito que se logra con una verdad parcial. Se quiere influir también en un auto-entendimiento, que finalmente afirme orientaciones políticas. Por otro lado, no comparto ninguna concepción instrumentalista -ampliamente extendidas entre nuestras tendencias literarias- en el sentido de que se podría corregir al espíritu objetivo a través de una planeación ideológica y de una política del lenguaje a la izquierda o a la derecha.


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