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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1992

La invitación del sendero


En este fin de siglo, nuestras vidas, con las decisiones que no podemos esquivar, se inscriben ineluctablemente en el horizonte de toda la Tierra. Pero el camino hacia el mundo comienza en nuestra puerta, bajo nuestros pasos, en las calles de nuestras ciudades, en nuestras estaciones de transportes. Comienza también cuando partimos hacia las alturas, cuando pisamos los senderos bordeados de tréboles y de escabiosas, cuando atravesamos el arroyo sobre las tablas colocadas por el peón caminero, cuando saludamos al transeúnte desconocido. Y si aceptamos la invitación del sendero, no necesitaremos mucho tiempo para volver a descubrir -cada mañana como si fuera la primera vez- que somos depositarios de una parte muy preciosa de la belleza del mundo. Sentimos más que nunca hasta qué punto esta belleza es vulnerable. La Gran Oración hablaba del amor por la justicia. Sepamos dar justicia al campo de trigo, al viñedo y al huerto, al bosque y al glaciar, que son nuestros primeros interlocutores: sólo entonces habremos aprendido a brindar una amistad mejor al mundo lejano, a responderle y a hacerle las señas de una presencia eficaz y de una preocupación común por la paz entre los hombres, señas que con toda seguridad está esperando.


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