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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1992

REVOLUCIÓN FRANCESA, ESTADO NACIONAL E INTELECTUALES

Author: Marcos Kaplan [Nota 1]


El bicentenario de la Revolución Francesa ha dado lugar a un considerable esfuerzo de reconsideración de este fundamental fenómeno histórico. La nueva revisión se ha traducido en una masa de investigaciones, estudios y debates de todo tipo y signo. Se ha constatado una vez más la permanencia y trascendencia de la Revolución Francesa en el examen crítico-científico, en el debate ideológico, en el enfrentamiento político, en la opinión pública y en el imaginario colectivo. Casi desde su emergencia, cada generación ha elaborado, mantenido, revisado o modificado versiones cambiantes y contrapuestas de la Revolución Francesa, de sus diversas fuerzas y tendencias, de sus aspectos y protagonistas, evidenciando la importancia política, cultural e ideológica que ha revestido y conserva para los franceses, pero también para otros pueblos, como los de América Latina. Un contexto de múltiples crisis que sacuden al mundo, a sus bloques, sistemas y regímenes con múltiples impactos y secuelas ha dado lugar a una reconsideración intensa y profunda de las proyecciones, actualizaciones y perspectivas científicas e ideológico-políticas de la Revolución Francesa. El bicentenario reitera y amplifica esta imagen de permanencia y trascendencia. [Nota 1]

Interesa aquí examinar brevemente el modo como la Revolución Francesa, sus prolegómenos, sus desarrollos y sus secuelas operan un formidable impulso a la emergencia del Estado contemporáneo por una parte y al desarrollo de los intelectuales con un papel sociopolítico y cultural ideológico por otra, así como a una diversificación de sus interrelaciones.

Como procesos históricos generales, la Revolución Industrial (y su correlato en la instauración definitiva de una Economía Mundial) y la Revolución Francesa son dos grandes canales de acceso y pilares de la Modernidad. La Revolución Francesa será la manifestación central y definitiva de la crisis del Antiguo Régimen. Ello obedeció ante todo a la importancia (demográfica, económica, cultural, política, militar) de Francia en el escenario del mundo curoatlántico; al carácter masivo, radical y permanente que va adquiriendo el proceso revolucionario; a su voluntad ecuménica que, a diferencia de la Revolución Inglesa del siglo anterior, la lleva a autoproponerse corno modelo a los otros pueblos del mundo, exportándola a Europa y la cuenca mediterránea por todos los medios militares, políticos y diplomáticos a disposición del Estado francés.

La Revolución se origina en las condiciones específicas de Francia, pero se ve forzada a desarrollarse y transformarse sin disponer de precedentes históricos ni de modelos prestigiosos. Avanza hacia lo desconocido; recurre a un grado notable de invención histórica; propone una variedad de opciones, las confronta y somete a la dura prueba de la práctica, proyectándose hacia el futuro. De allí la notable riqueza de alternativas y vicisitudes políticas que se comprimen en sólo un cuarto de siglo. El ciclo abarca la crisis del despotismo ilustrado y el intento de autorregeneración del Antiguo Régimen; la reforma liberal y girondina; la revolución jacobina; el equilibrio inestable entre revolución y contrarevolución que se da en la fase termindoriana-directorial; el intento de síntesis representado por el primer bonapartismo.

La Revolución Francesa, como cualquier otro fenómeno similar, no puede ser un modelo a imitar. En cambio, sí constituye un notable ejemplo de la creatividad humana para la invención histórica. Es un rico depósito de experiencias, una suma de enseñanzas, un laboratorio histórico a disposición de los científicos sociales. Su herencia es vasta y diversa, y los problemas que se planteó y los dilemas que debió enfrentar conservan actualidad.

La herencia problemática de la Revolución Francesa incluye ante todo el aporte a la creación de un prototipo de Estado Moderno y el esbozo de las diversas modalidades de régimen político que aquél puede adoptar. Ya en el propio curso de la Revolución, la Democracia se presenta con su variedad de manifestaciones, sus potencialidades y sus límites, sus grandezas y miserias, sus contradicciones internas y las que tiene con otros componentes del sistema social y del Estado, sus virtualidades de extensibilidad permanente hacia formas más amplias y profundas de realización. La Revolución Francesa y el Imperio bonapartista plantean también las nuevas y complejas relaciones que el Estado moderno establece con el Derecho por una parte y con el proceso de desarrollo por otra. Es una fase decisiva en la emergencia y evolución del Estado de Derecho. Demuestra el papel determinante del Estado en un proceso de desarrollo integral. Lo demuestra, positivamente por la creación de prerrequisitos y componentes, no sólo del crecimiento y la modernización sino también del desarrollo integral, y negativamente por los costos de la Revolución y el Imperio que retrasan por muchas décadas el despegue hacia la industrialización y la modernización general del país. A ello se agrega la importancia creciente que, ya con el Antiguo Régimen, pero sobre todo con la Revolución Francesa, el bonapartismo y sus múltiples consecuencias van adquiriendo los intelectuales e ideólogos, los profesionales de la cultura, la ciencia y la técnica, administradores y juristas. El peso e influencia de los intelectuales progresan paralela y entrelazadamente con el del Estado. Es en esta fase histórica que se perfila ya una tipología de los intelectuales en función de las relaciones que establecen con el poder del Estado. En lo que sigue se examina el ascenso de los intelectuales, y una primera tipología de éstos, con relación al desarrollo del Estado en el modelo francés.

Desarrollo del Estado francés
Intelectuales y poder estatal
El intelectual crítico-reformista y el proyecto modernizante
El jacobino como intelectual en el poder
Los científicos, la Revolución y el Estado
Los intelectuales legitimadores

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