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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1992

El intelectual crítico-reformista y el proyecto modernizante


La sociedad francesa del Antiguo Régimen en la época del despotismo ilustrado y la que va emergiendo de la Revolución y del Primer Imperio, se singularizan cada vez más por el avance, el distanciamiento y el promedio de lo político-ideológico respecto a lo económico y lo social. También por la presencia, influencia y eficacia de los núcleos intelectuales que constituyen una pléyade de filósofos, científicos, economistas, literatos, periodistas, enciclopedistas y pensadores políticos. Estos núcleos están además sostenidos y vehiculados por una capa social más amplia del mismo tipo. Ambos componentes en conjunto se vuelven capaces de adquirir una importancia desp ropo rcionada en lo cultural, lo ideológico y lo político, que irán transformando en práctica política para competir con otros actores por la influencia, el poder y el control sobre el Estado. [Nota 5]

La nueva categoría social se expresa y se realiza por su papel en el Iluminismo y encuentra su simbología y su monumento en la Enciclopedia. Se define por su fe en la Razón y en la Ciencia; por la guerra a todas las formas de irracionalidad y de oscurantismo; por la pérdida de fe en los sistemas metafísicos, cerrados, axiomático-deductivos; por la confianza en la capacidad humana para descubrir leyes naturales de validez universal. [Nota 6]

La investigación del mundo natural y del mundo social, el logro de los modelos de explicación y comprensión para unos y otros, no se logran por la deducción pura, sino según el modelo de las Ciencias Naturales. El énfasis es puesto en el análisis, la experimentación, la observación, la base empírica, la interdependencia análisis/síntesis; la fusión del racionalismo y del empirismo.

Se postula la similitud de las leyes que rigen la naturaleza y lo humano/social. Instituciones y valores dominantes son sometidos al análisis y a la crítica para demostrar su irracionalidad y antinaturalidad y la necesidad de su cambio, que permita el pleno desarrollo de las potencialidades humanas. Se propugna la marcha hacia un ser humano y hacia un orden social, más racionales, naturales y necesarios. El esfuerzo de crítica, duda, demolición respecto a lo existente, se acompaña con otro de construcción. El conocimiento de las fuerzas y tendencias reales permite dirigirlas y controlar sus consecuencias. A partir y a través de la libertad y de la razón, son posibles el perfeccionamiento del individuo y el progreso de la sociedad.

Por sus orígenes sociales, sus protagonistas, sus difusores y sus apoyos, por sus relaciones con los principales actores de la sociedad y la política de la Francia anterior a 1789, el Iluminismo no constituye una ideología ni una propuesta de tipo revolucionario, ni logra la adhesión de los sectores mayoritarios de la emergente nación.

El Iluminismo como movimiento, la Encyclopedie como cuerpo y empresa de tipo cultural-ideológico y científico-tecnológico, resultan del trabajo de los Philosophes, e influyen y logran aceptación y apoyo por una parte de la élite del Antiguo Régimen. Ella abarca a los elementos esclarecidos de la clase dirigente, ubicados en posiciones dominantes del gobierno y la administración; la nobleza ilustrada; la burocracia deseosa de racionalización y modernización de la sociedad y del Estado; los parlamentos que definen sus privilegios con un lenguaje filosófico; sectores minoritarios de la nueva burguesía; los salones, academias, el conjunto del Establishment intelectual; todo ellos en París y en parte de las provincias.

El Iluminismo nunca deja de ser relativamente marginal o extraño respecto a la masa de población, compuesta por la aristocracia no ilustrada y aferrada a sus intereses, privilegios y prejuicios; por gran parte de la burguesía; por las masas populares del campo y la ciudad. El Iluminismo se mantiene ajeno a las situaciones, problemas y preocupaciones de esta mayoría poco radical, tradicionalista, religiosa, conservadora, que no desea una reconstrucción global de la sociedad y el Estado, sino el restablecimiento de costumbres e instituciones consagradas y la abolición de ciertos privilegios y abusos particularmente odiosos.

Pensamiento asociado a un grupo relativamente exclusivista, integrado en mayor o menor grado a la jerarquía establecida, el lluminsimo no es en sí mismo una ideología revolucionaria. Sus contenidos y rasgos característicos son el utilitarismo, el humanismo, el reformismo, el conservadorismo político. Se trata de un elitismo que no es favorable a la subversión, no es adversario irreconciliable del régimen señorial y monárquico, ni de las jerarquías existentes. Discurso más monárquico-aristocrático que democrático, el Iluminismo se inspira en una voluntad de racionalización y de laicización de la visión del mundo y de la sociedad, con un espíritu de servicio público, de participación cívica y de integración social. El cuestionamiento se dirige a los aspectos más retrógrados, abusivos y paralizantes del absolutismo y de los sectores privilegiados tradicionales. Las propuestas explícitas o implícitas apuntan a un programa de reformas de tipo modernizante y liberal, aplicables dentro del orden tradicional.

Así, el derrumbe de la monarquía, el inicio y el desarrollo de la Revolución, no son imputables a la difusión del discurso iluminista, en sí mismo no amenazante para el orden tradicional. En lo ideológico, la Revolución proviene más de los avances y logros de la praxis política de diferentes grupos desde 1787; de las sucesivas fases que en conjunto le confieren un carácter de modelo clásico de "Revolución Permanente"; del uso que las ideas e imágenes del Iluminismo reciben de los revolucionarios, que los separan de su contexto original y cambian sus contenidos y significados en función de sus intereses, conflictos y logros.

Este primer tipo de intelectual, de praxis ideológico-política, y de relación con el poder y el Estado presenta, además del modelo nuclear que se analizó, tres subvariedades que también prefiguran fenómenos futuros de los siglos XIX y XX.

La primera es la del intelectual que busca la salvación en el extranjero. La categoría general que se analizó constata la propia incapacidad para ganar directamente poder político por y para sí mismos, y tiende consiguientemente a convertirse en guía espiritual: asesores, eminencias grises, poderes detrás del trono, a fin de contribuir a un lento modelado de la realidad. Esta variedad tiene todavía poco desarrollo. Aparece en cambio la tendencia a la búsqueda de la salvación en el extranjero. Los Philosophes se sienten alienados de sus propias sociedades, culturas y sistemas políticos. Transfieren sus lealtades a las sociedades y sistemas de China, Rusia y Prusia. Las ideal-Izan y mitifican, las admiran y adoptan como marcos de referencia para sus análisis, críticas y propuestas, contribuyen a legitimar sus estructuras de poder. Es el caso de las complejas y accidentadas relaciones entre Voltaire, Diderot y otros con Catalina de Rusia y con Federico el Grande de Prusia. En ello interviene el tratamiento benevolente y protector que dichos déspotas ilustrados dan a grandes figuras del Iluminismo, resentidas por las situaciones que sufren de bajo estatus, aislamiento, persecución y censura; tratamiento que combina el refuerzo de la autoestimación con el logro de ventajas materiales. Los Philosophes se sienten así capaces de ser nuevos Platones y Aristóteles en relación a ciertos gobernantes. Admiran en China, Rusia y Prusia a naciones que en su propia visión -con frecuencia idealizada y sesgada y en contraste con las situaciones vividas en el propio país- se destacan por las ventajas de la centralización política, el manejo racional del Estado y la sociedad, la contribución del déspota ilustrado a la rápida modernización y el papel privilegiado que se concede a los letrados. Estas relaciones no excluyen las tensiones y conflictos entre los intelectuales y los déspotas ilustrados características en adelante de este tipo de relaciones. Con esta variedad del fenómeno analizado, que se dará luego con creciente frecuencia en otros países y etapas históricas, aparece ya el interrogante sobre ¿quién usa a quién?

Una segunda variedad, algo posterior al prototipo central, está representada por el intelectual que transita a una forma combinatoria de las propias capacidades y funciones con un mayor grado de participación y actuación en la política práctica y en el Estado. Ejemplo señero es el marqués de Condorcet. Éste irá acumulando sucesivamente los papeles de gran científico y conocedor en detalle de lo más avanzado de la ciencia de su tiempo, "último de los Enciclopedistas", participante en intentos de reforma del Antiguo Régimen como colaborador del ministro Turgot, ferviente partidario y activo participante de la Revolución, a cuyas vicisitudes y conflictos termina por sucumbir. Esta participación se da como político sin partido y representante por elección popular en cuerpos ejecutivos y legislativos. Frutos de esta participación son su aporte a la redacción de una constitución de la República, su redacción del histórico "Informe sobre la Instrucción Pública" para la Asamblea Nacional, sus precursores esfuerzos por definir y aplicar una política nacional de desarrollo científico y tecnológico, su "Esbozo de un Cuadro Histórico del Progreso del Espíritu Humano", su notable comentario a La nueva Atlántida de Bacon.

Una tercera subvariedad del primer tipo está constituida por los llamados "Rousseaus de la calle". Los mismos constituyen una prefiguración particular del fenómeno que Karl Mannheim definirá luego como "intelectual flotante", y del cual el siglo XX dará abundante ejemplificación en diversas regiones del mundo con diferentes variedades del "lumpenintelectual" o "lumpenprofesional". [Nota 7] Se trata de un grupo de intelectuales en situación de relativa marginalidad, sobre todo respecto a los Philosophes y otros intelectuales que se benefician con los apoyos del patronazgo monárquico y aristocrático y que deben compartir la situación y la existencia de la masa de marginales y desclasados. Semiempleados o desempleados, hambrientos, flotantes, resentidos, los miembros de esta categoría son inspirados a la vez por una ideología igualitaria, por la megalomanía y ambiciones desmesuradas y Por sentimientos de agresividad y venganza.

Constituyentes de una especie de bohemia intelectual, los integrantes de esta categoría producen una masa de planfletos de gran impacto público y constituyen además una red de difusores también marginales y dinámicos. Unos y otros realizan una empresa de descrédito de gobernantes, poderosos y privilegiados, de destrucción de los fundamentos ideológicos del sistema, de desautorización y deslegitimación. Ello encuentra gran recepción en diversos sectores de la sociedad que viven un clima de inmensas inquietudes,malestares, disgustos del presente, aspiraciones vagas a un cambio total, donde florecen variedades del irracionalismo (mesmerismo, magia, mística, religiosidad tradicional de tipo oficial u heterodoxo). Así, el resentimiento de la bohemia literaria converge con el de algunos de los Philosophes y escritores, como Diderot, humillados y ofendidos por un gobierno y una sociedad que ignora la legitimidad del poder de los intelectuales y motivados por un creciente odio al despotismo y la aristrocracia. Converge también con la radicalización y politización del público cultivado y con las aspiraciones al cambio y la apertura de los marcos sociales de la nueva generación. Algunos miembros de esta subcaategoría llegarán a desempeñar un papel muy destacado en la Revolución, como es el caso de Marat, lo cual entronca con la siguiente categoría a considerar.


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