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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1992

Los científicos, la Revolución y el Estado


La Revolución Francesa también contribuye a un replanteo de las relaciones entre los científicos como subcategoría de los intelectuales, el poder político y el Estado. [Nota 11]

El problema está prefigurado y se despliega en la figura y las propuestas de Condorcet. Antes de la Revolución y durante su participación en ella Condorcet formula y precisa la idea del progreso como resultante de nuevas relaciones entre la Ciencia y el Poder Político. Expresión máxima de la Razón, la Ciencia debe ser al mismo tiempo expresión organizada y organizadora de la sociedad. Debe además ser inseparable de la Democracia, en mutua interdependencia, lo que incluye la noción de la ciencia como modelo de una sociedad civil democrática. La democracia debe apoyar a la Ciencia, cuya realización requiere una limitación del poder del Estado, su conversión como servidor y no amo de aquélla. El destino personal de Condorcet, uno de los padres intelectuales de la Revolución -que ésta devora- revela las dificultades para la redefinición de las relaciones entre Ciencia y Estado.

La Revolución Francesa contribuye a desplazar el centro de la excelencia científica desde Inglaterra al continente europeo y en primer lugar hacia Francia. Aquélla tiene un impacto favorable en el desarrollo de la ciencia, por los cambios sociopolíticos que introduce y por los problemas que plantea.

La ideología democrático-liberal que inspira a la Revolución y a sus principales actores se caracteriza sin embargo por una ambivalencia respecto a la ciencia. Por un lado se evidencia una hostilidad de los revolucionarios y los sectores sociales que ellos expresan respecto a la ciencia como actividad aristocrática y a la tecnología como creadora de desempleo y pobreza para los artesanos y trabajadores. Pero por otro, se concibe a la Ciencia como necesariamente al servicio de la liberación popular y nacional. La Revolución trae consigo una primera etapa de destrucción de instituciones científicos: la abolición de la Academia de Ciencias; la ocupación del Observatorio por los ayudantes de investigación; la purga de Laplace, Lavoisier y Lagrange de los comités científicos y tecnológicos; la muerte de Lavoisier y Condorcet.

Contrariamente, ya incluso en la fase jacobina, se va estableciendo una nueva relación entre Estado y Ciencia, en la cual el primero apoya a la segunda pero le exige la participación en las actividades del gobierno y el control de éste. Desde el Año II de la República tiene lugar la movilización de los científicos al servicio del Estado; su incorporación para tareas de apoyo, consejo, misiones y decisiones políticas. Ello va acompañado por una exigencia de lealtad y politización, discriminaciones y el privilegio de la ciencia aplicada respecto a la pura. Los científicos no dejan sin embargo de irse perfilando como grupo con poder, prestigio e influencia.

Pasado el Terror se da un período de reconstrucción, la creación o la resurrección de un gran conjunto de instituciones científicas, de docencia e investigación, que restauran el liderazgo y expansión de la ciencia francesa, y contribuyen a mantenerlo durante varias décadas.


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