©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1992

SOBRE EL FIN DE LA HISTORIA* DE FUKUYAMA Y LA CRITICA DE ARTHUR C. DANTO

Author: Patricio Sepúlveda[Nota 1]


* Rev. Textual (EI Nacional), enero 1990.

En estos días parece difícil hacer afirmaciones que se puedan confirmar en el futuro, más aún cuando para sustentarlas se utiliza a la historia. Nada perdura, menos las afirmaciones categóricas, pero sí sirven para atizar el fuego de la polémica, sobre todo cuando tienen como objetivo expedir un acta de defunción de corrientes teóricas o declarar la inmortalidad de la actual situación.

El autor que nos ocupa provocó y sigue provocando intensas discusiones, más que por su cuerpo argumental por la afirmación de que la historia ha alcanzado su fin en este momento, y que lo que había sido el enfrentamiento de este siglo entre liberalismo y marxismo (o socialismo), palmariamente demostrado por los propios acontecimientos, se ha definido en favor del primero con una "escandalosa victoria". La confrontación, sanjada de esta manera, permite concretar en los hechos lo que había sido una intuición de los liberales y de las corrientes filosóficas afines. Por esto el que se levanta triunfante es Hegel, quien no tiene que poner a la dialéctica sobre sus pies, porque evidentemente los tendría bien puestos.

A continuación intentaremos despejar algunas de las dudas que suscitan los autores estudiados: ¿Dónde se fundamenta la argumentación? ¿cuál es su estructura teórica? ¿cuáles sus principales argumentos? ¿cómo se podría replicar a una afirmación como ésta?

Una primera afirmación categórica (como casi todas las que Fukuyama realiza en este artículo síntesis de su pretendida filosofía de la historia), es que el siglo está terminando con "una descarada victoria del liberalismo político y económico".

Este triunfo debe verse como "el triunfo de Occidente", de la Idea occidental, y por el "agotamiento total de opciones sistemáticas viables para el liberalismo". Las pruebas que corroborarían estas afirmaciones se expresan en el "cambio en el clima intelectual de los dos países comunistas más grandes del mundo", y "en la inevitable expansión de la cultura consumista occidental a contextos tan diversos como los mercados de campesinos y la omnipresencia de aparatos de TV a colores a lo largo y ancho de China".

Para resumir mejor, el autor afirma que el mundo como totalidad se ha incorporado al modo de vida que Occidente ha desarrollado en cuanto a consumo y disfrute de sus creaciones, en cuestiones tan diversas como los restaurantes, la música de Beethoven y el rock.

Frente a todo esto "quizás (y este quizás tiene una condicionalidad relativa) seamos testigos, no sólo del fin de la guerra fría o del termino de un período específico de la historia de la posguerra, sino del fin de la historia como tal Esto implicaría el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal de Occidente como la forma definitiva de gobierno Subsistirán algunos pequeños problemas que Fukuyama se encarga de enumerar, pero afirma que esto no quiere decir que no habrá sucesos, porque la victoria del liberalismo se ha llevado a cabo en mayor medida en el campo de las ideas o de la conciencia y que "todavía está por concluirse en el mundo real o material" (sólo como comentario al margen de Fukuyama, el mundo real no es el mundo de las ideas, o el mundo material no produce ideas).

En otra afirmación Fukuyama se ubica en el terreno del profetismo histórico, pues dice: "hay poderosas razones para creer que ese ideal tarde o temprano gobernará el mundo". Es decir, coloca en las creencias, el fin de la historia o la eternidad del actual modo de vida. Asimismo, afirmar que tarde o temprano ese ideal gobernará el mundo es igual a no poner fin a historia ninguna, porque tarde o temprano puede pasar cualquier cosa en la historia.

A continuación, y sustentado en Hegel, afirma que la historia finalizó en 1806: "Hegel creía que la historia culminó en un momento absoluto, un momento en el que se irguió victoriosa una forma de estado y de sociedad definitiva y racional" (...) "había visto en la derrota napoleónica de la monarquía prusiana en la batalla de Jena, la victoria de los ideales de la Revolución Francesa, y la inminente universalización del estado que incorpora los principios de libertad e igualdad." (Habría que preguntarle a los historiadores contemporáneos, que niegan el carácter revolucionario de los acontecimientos que tuvieron lugar en 1789, qué opinan de una afirmación como ésta, traída al fin de la historia.)

Después afirma: "El Estado que emerge al final de la historia es liberal en cuanto que reconoce y protege, por medio de un sistema legal, el derecho universal del hombre a la libertad. Es democrático en cuanto que existe sólo mediante el consentimiento de los gobernados." Estados... "cuyo principal proyecto era algo tan heroico como la creación del mercado común". Heroico, no está entrecomillado en el escrito de Fukuyama, por lo tanto no tiene carácter irónico ni figurativo.

En el Estado homogéneo universal todas las contradicciones prioritarias están resueltas y todas la necesidades humanas satisfechas." Por lo tanto, "no hay lucha o conflicto -importantes- y en consecuencia, no hay necesidad de generales ni de hombres de Estado: lo que resta es fundamentalmente la actividad económica."

Estas son las afirmaciones que Fukuyama expone para fundamentar el fin de la historia, o la eternidad del sistema liberal democrático. Su sustento está dado por dos momentos históricos, apenas enunciados, pero que se dan por conocidos para cualquiera de sus lectores: la Revolución Francesa, principio del fin, y Jena, el fin mismo o culminación de la relación ideaconciencia y concreción material de la historia universal en el Estado homogéneo universal.

Sin embargo, todavía restas algunos elementos para culminar la exposición del artículo. Señala Fukuyama que mientras la percepción humana del mundo material se de línea mediante la conciencia histórica que tiene de él, el mundo puede afectar claramente la factibilidad de un estado de conciencia particular". Podemos preguntarnos: Qué pasa con la conciencia histórica cuando la historia acaba? ¿termina la conciencia? ¿el mundo material determina no sólo la conciencia particular sino también la universal? ¿No estará cayendo así en lo que tanto teme Fukuyama: en un determinismo economicista-materialista?

"Quiero evitar el determinismo materialista que dice que la economía liberal produce, inevitablemente, una política liberal, porque creo que la economía y la política presuponen un estado de conciencia autónomo que las hace posible" ( ... ) "El igualitarismo de los modernos Estados Unidos representa un logro esencial de la sociedad sin clases que Marx ambicionaba." Esto no quiere decir que no existan ricos y pobres, según Fukuyama, pero no son producto de las estructuras legal y social, sino el legado histórico de las condiciones premodernas.

La muerte de esta ideología (marxismo-leninismo), dice Fukuyama implica el crecimiento del "mercado común" de las relaciones internacionales entre las naciones. Por el contrario, creo que es el momento en que el conflicto en gran escala está más próximo por el control del "mercado común". Quizás hoy como nunca las condiciones de lucha en las que se encuentran las naciones sea más semejante a las condiciones de principios de siglo, cuando no existía ningun marxismo-leninismo que amenazara la paz.

Hoy sólo falta el armamentismo de algunas naciones (Alemania o Japón), o que éstas impliquen una amenaza a la estabilidad económica del Imperio (Iraq) para que el conflicto estalle. "Esto no implica, de ningún modo el fin de los conflictos internacionales per se, ya que el mundo para entonces (¿cuándo?), estaría dividido en una parte histórica y otra parte poshistórica. Los conflictos entre las naciones, todavía dentro de la historia, y los Estados en los límites de ésta, podrían ser posibles aún..."

Pero podríamos afirmar que para Fukuyama tendrían un carácter localizado y que no afectarían al conjunto de la humanidad. (Esperemos que por lo menos en esto tenga razón, y que no sean nuestros espíritus los que tengan que reclamarle su falta de "visión histórica del futuro".)

No cabe ninguna duda que el sismo teórico que ocurrió en la última década ha derrumbado edificios intelectuales que se consideraban inconmovibles, que sus verdades absolutas han sido arrastradas por el fango sin ningún respeto a su eternidad. Pero tampoco es menos cierto que en todo momento de crisis surgen por doquierlos panteoneros quieren enterrar todas las ideas con la.s, que han estado en conflicto y pretenden superar las contradicciones por el, pediente más rápido: eclararlas muerto, por lo tanto, sepultarlas y olvidarlas para siempre.

En este caso Fukuyama pretende dar cristiana sepultura al marxismo-leninismo, y de paso a la historia, para que pasemos a vivir con calma y gozo el futuro que es hoy el de la igualdad y la libertad. El tiempo es el que ha desaparecido: hoy es mañana como si fuera pasado.

Esta es la realidad para Fukuyama. A ella se opondrá, la visión que presenta Danto a fin de establecer las condiciones en que se produce el conocimiento histórico y sus límites. Mientras Fukuyama nos habla de la historia como futuro, porque éste es presente, el relato es el del futuro, porque se prefigura en el pasado. La realidad de Fukuyama es un relato de lo que vendrá, porque hoy es posible, es la anunciación del Mesías, que sólo espera su mayoría de edad para irrumpir. Pero lo que será y hará, será lo que hoy es.

Es un relato del conjunto de la historia, porque el fin de la historia es el fin del futuro.

Por estas afirmaciones, Arthur Danto[Nota 1] inscribirá a Fukuyama en lo que él llama la filosofía sustantiva de la historia, que pretende conocer el conjunto de la historia, "todo el pasado . y todo el futuro", Ia totalidad del tiempo" (p. 35).

En contraste con lo que pretende Fukuyama, para Danto los historiadores tienen que ver sólo con el pasado, y con el futuro en la medida en que se convierta en pasado... Ia historia es sólo una tarea de recolección de dato? (p. 35)

En estos primeros escarceos de las dos posiciones tenemos una primera conclusión. Fukuyama y Danto responden a concepciones históricas diametralmente opuestas. Danto sólo podría validar el fin de la historia si en una estructura temporal más amplia esto se demostrara como tal, ya que para él sólo retrospectivamente se puede saber si un episodio tuvo o no significado.

Aquí es imprescindible decir que para Fukuyama el fin de la historia se produce en un momento específico que puede ser conocido como totalidad: Jena, 1806. Esto querría decir que ese acontecimiento particular no necesita ser revisado, que su significación es definitiva y que nada podría ocurrir que lo modificara, tanto como evidencia documental, como en el futuro del acontecimiento. En cambio, nada de esto es posible para Danto, ya que para él los acontecimientos se reescriben continuamente y se revalúa su significación a la luz de la información posterio? (p. 45).

Por lo cual no es difícil señalar que no existe un Jena único ininterpretable a posteriori sino, por el contrario, muchos Jena que están aún por relatarse a la luz de nuevos acontecimientos o nuevas interpretaciones.

Aquí se evidencian dos perspectivas distintas para la interpretación de la historia. Mientras que en Fukuyama la historia cumple una función profética, es un enunciado acerca del futuro, para Danto la historia es un relato del pasado, que tendrá significados distintos de acuerdo con el conjunto de conocimientos que se cuente; no tiene pretensiones hacia el futuro, sino que busca la certeza del conocimiento histórico, sólo posible sobre el pasado.

Esto es lo que violan las concepciones sustantivas de la historia como la de Fukuyama. Son impacientes, dice Danto, pues no pueden esperar que la historia suceda para relatarla, hacen afirmaciones sobre el futuro dándole significación a los datos y proyectándolos no como hipótesis predictivas, sino como afirmaciones, como futuro definitivo, y resultan en este sentido profecías.

Además de escribir la historia antes de que suceda, estas afirmaciones sirven para explicar el pasado. o sea, que éste no es más que la anunciación del futuro predicho. Jena no es importante por que es Jena, sino porque es la anunciación y la confirmación del fin de la historia.

El historiador sustantivo siempre tiene la pretensión de preguntarse por la totalidad de la historia; Fukuyama es la expresión absoluta de esa pretensión ya que no sólo se plantea la totalidad de ella, sino su propio fin. Aun cuando tratan de profundizar la reflexión, todos estos intentos llevan consigo la idea del fin de la historia.

Pero para Danto se estaría negando la historia al dejarla sin contexto, pues no existe un contexto más amplio que la totalidad de la historia. Por lo tanto, se puede decir que frente a la historia los historiadores sustancialistas cometen dos errores fundamentales: descontextualizan la historia y pretenden escribirla antes de que suceda.

¿Qué deben hacer los historiadores según Danto? Describir acontecimientos del pasado mediante referencias a otros acontecimientos del futuro con respecto al acontecimiento que se describe, pero que es pasado para el autor del relato. En cambio los filósofos de la historia describen ciertos acontecimientos del pasado mediante referencias a otros acontecimientos que son futuro no sólo para el acontecimiento sino también para el propio autor. Esto es evidente en el trabajo de Fukuyama, para quien las referencias al presente están dadas como si fueran a permancer inalterables, no sólo en el futuro inmediato, sino durante todo lo que queda de existencia. Un tercer error en el que incurirria Fukuyama, según la lectura de Danto, es el de colocar el pasado como inamovible en su conocimiento, o dicho de otra manera, como si conociéramos la totalidad del pasado. Por lo tanto no ignorando el futuro. En cambio para Danto "nuestra ignorancia del pasado se encuentra significativamente limitado p or nuestra ignorancia del futuro" (p. 52).

Aquí la argumentación de Danto se proyecta sobre la significación que le podemos atribuir a un acontecimiento, ya que si, como es real para Danto, desconocemos el futuro de un acontecimiento o los muchos futuros que puede tener, es imposible conocer cual será su significación o su importancia. Por lo tanto, sólo podemos tomar nota de lo ocurrido para poder, en el futuro, cuando éste ocurra, evaluar o medir su trascendencia. Podríamos agregar que ni aún en este momento tendríamos una evaluación definitiva, ya que en otros momentos, o en relación con otros acontecimientos ésta puede variar sustantivamente. Afirmar entonces que estamos ante el fin de la guerra fría y por lo tanto de toda guerra de carácter planetario, es una afirmación que no tiene sustento y como postulado histórico caerá en el terreno de la especulación, nunca en el de la ciencia.

Esta concepción de la historia de Fukuyama que no reconoce en la práctica límites, tiene su réplica en Danto: la identificación de los límites es asunto de la filosofía y la identificación de Ese límite es la cuestión particular de la filosofía analítica de la historia tal como la concibo" (p. 52).

En otras palabras ¿qué afirmaciones son las que podemos hacer en historia y con qué validez? ¿cuál es el espacio que puede abarcar la evidencia documental y la conceptual? ¿cuál es el límite de conocimiento histórico?

Dice Danto: la cuestión no está en si los historiadores pueden hacer afirmaciones verdaderas sobre su pasado o no, sino si consiguen hacer ese tipo de afirmaciones" (p. 53).

Nada verdadero puede haber en afirmaciones sobre el futuro, si ni siquiera sobre el pasado podemos tener certeza de alcanzar la verdad histórica absoluta.

Para dar por terminada la historia tendría Fukuyama que tener un conocimiento absoluto del presente y del futuro: digamos, un conocimiento perfecto. De ser así creo que Fukuyama no merecería título académico que le pudiera hacer justicia y la única categoría posible sería, sin intención de blasflemia, la de Dios, ya que en el conocer humano no existe conocimiento perfecto. Por lo tanto, en la historia hecha por humanos no puede existir una historia total. Tendrá que ser necesariamente relativa y como tal no podrá tener un carácter universal.

Historia como totalidad sólo se puede hacer desde fuera de la historia, en la metafísica, deshistorizando la historia, poniéndola al margen de su sociedad. Lo que Fukuyama ha intentado es una explicación metafísica que no tiene en cuenta la historia. Habla de la historia, pero sin tenerla presente. El protagonista teórico en el que se sustenta no es el acontecer historico, sino Hegel. Los acontecimientos citados no tienen otro fin que avalar, pero lo sustantivo está en la afirmación ideal, no en el relato verdadero. Éste aquí es ornamental, sólo quincallería.

En el relato de Fukuyama no existe explicación. Lo que hay es en mi opinion un auto de fe, un artículo para la creencia. Es un relato de ficción que sólo requiere evidencia conceptual, ya que ésta presupone la permanencia de las instituciones y de las prácticas. Nada cambiará, según el y por lo tanto el cambio histórico habrá cesado. El relato de Fukuyama está puesto, en palabras de Danto, en la Intemporalidad, como si no fuera sobre el pasado, sino sobre el presente, no sobre una época determinada, sino sobre ninguna época en particular, del futuro sólo tenemos evidencia conceptual y ninguna evidencia documental (p.76).

Las referencias al pasado tienen el fin de confirmar lo que se afirma en el presente para el futuro; toda la argumentación pretende convencer de que el presente es el futuro, cuando menos anunciar un futuro como hoy. No existe un futuro abierto, como bien dice Danto, sino determinado. Y si la evidencia documental que permite la fundamentación no aparece como necesidad en Fukuyama, para él en la realidad no existe el tiempo sino la intemporalidad.

Para concluir esta parte se podría afirmar que lo que Fukuyama hace no es narración histórica sino proyección conceptual, no nos habla de lo que sucedió sino de lo que sucederá. Fukuyama no es un historiador, sino situa como una ' una especie de demiurgo,que al pretender poner fin a la historia perpetuando el liberalismo y el libre mercado, los coloca en la situación de esencias trascendentales, como categorías metafísicas.

El trabajo de Fukuyama se puede ubicar en lo que Danto llama "significación consecuencialista", ya que todo el pasado ocurrió para que fuera causa de este presente y de un futuro sin historia o atemporal.

Para Danto una narración tiene que describir precisamente lo que ocurrió, en cualquier sentido aceptable. En la medida en que no sea así queda descalificada como historia. Basados en esto podemos decir que la postura,de Fukuyama no reúne los requisitos para hacer historia. Para Danto el pasado está en. constante revisión: "siempre estamos revisando nuestras creencias sobre el pasado y suponerlo 'fijado' sería desleal al espíritu de la investigación histórica" (p. 102).

En el trabajo de Fukuyama se violenta esta afirmación, pues para que el fin de la historia pueda ser afirmación categórica el pasado tiene que resultar necesariamente inalterable, tiene que estar. allí siempre e inmóvil,, como heraldo que anuncia un futuro aún no realizado, pero que se dará así de manera inexorable. Por lo que se puede señalar que; si para Fukuyama el futuro es fijo, el pasado y el presente lo tienen que ser de igual manera. Si Jena anucia el fin de la historia, no pueden caber dos intepretaciones. Si así no es, el futuro de Jena hoy es falso porque tendría más de una interpretación y por lo tanto hoy no es fin de la historia y sería falso necesariamente el futuro del fin de la historia. Esto es consecuente con lo que afirma Danto, ya que para él toda la historia está impregnada de un relativismo absoluto, donde el único criterio de verdad es la prueba documental, pero ésta es verdad en una narración específica en donde funciona como demostrativa, en donde nuevos documentos generan nuevas certezas y por la tanto nuevos juicios que modificarán la importancia de un suceso y de sus pruebas documentales.

Si el pasado está en revisión, el presente esta en advenir y del futuro no sabemos sino que vendrá, pero poco o nada podemos decir de él, ya que es indeterminado.

¿Es posible interrogarse sobre el total del pasado para inferir lo que vendrá? ¿puede Fukuyama afirmar que como conocernos la totalidad del pasado y del presente es posible determinar que futuro será? ¿podemos decir que los acontecimientos que hoy son señalados como los determinantes realmente influirán en el futuro? Dan to niega esta posibilidad porque aún cuando se pudiera tener la crónica total del pasado y del presente,, sería incompleta, "porque existe una clase de descripción de cualquier aconteci miento según la cual el acontecimiento no puede ser visto por un testigo, y esa descripción está excluida necesaria y sistemáticam ente de la Crónica Ideal.

La verdad completa relativa a un acontecimiento sólo puede ser conocida después y a veces solo mucho despues que el acontecimiento mismo haya tenido lugar, y sólo los historiadores pueden contar esa parte del relato" (p. 111).

Esta imposibilidad sólo podría ser superada si la Crónica Ideal fuera al mismo tiempo la totalidad de la historia y como tal el historiador tuviera ante sí la totalidad de la existencia, principio y fin, o lo que es lo mismo, tendría.que estar haciendo la historia desde fuera de ella y prácticamente desde fuera de la vida. No sé para qué se necesitaría la historia en ese supuesto.

Cuando ocurre un suceso A-2 y lo remitimos a otro pasado del cual es producto A-1, éste se convierte en una causa de A-2. Situados en la lectura de Fukuyama, se podría traducir de la siguiente manera: si A-1 es Jena y hoy es A-2, fin de la historia, entonces Jena es causa de hoy fin de la historia, aún cuando nadie haya pensado que A-1 iba a ser responsable del tal hecho. Por lo tanto, siguiendo la deducción, A-2 fin de la historia, no es una condición necesaria de lo ocurrido de A-1 Jena, sólo es una condición necesaria para que A-1 sea correctamente descrita como una causa de A-2 y en consecuencia la crónica ideal no podría decir de A-1 cuando ocurre, que A-1 es una causa de A-2. Por lo tanto es una causa de" no sería un predicado accesible para la crónica ideal. Sólo viendo el futuro como si éste fuera pasado, como hace Fukuyama, es posible relatarlo como conocimiento inconmovible y sin modificación.

Si Jena es el fin de la Historia tendría que haber una causa que la hace verdadera, que Fukuyama expresaría como triunfo del liberalismo- democrático pero para sostenerlo tiene que ubicarse fuera de la historia.

Fukuyama elimina así el tiempo, el espacio y el conocimiento que sólo pueden darse en situación de movimiento.

Podemos afirmar, junto con Danto, que Fukuyama ha pretendido constituirse en cronista ideal y se ha atribuido la facultad de determinar la importancia de A-1 en A-1 y lo que se producirá no sólo en A-2 y cómo lo influirá, sino ademásGraphics en Graphics, Graphics y Graphics.

En cambio para Danto "el futuro está abierto" (p. 155). Para Fukuyama no sólo está cerrado, sino que es además imagen y semejanza, desde Jena hasta la eternidad.


Inicio del artículoRegreso