©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1992

La debilidad de lo real


Con la crisis de los fundamentos que afecta al pensamiento occidental desde el final del siglo XIX, el conocimiento comprende que sufre una insuficiencia para resolver los problemas metafísicos y ontológicos. El pensamiento reconoce su debilidad frente a un mundo demasiado fuerte para él. Cuando la ciencia es aquejada a su vez por la crisis de los fundamentos, ésta afecta las teorías científicas, que a partir de ese momento se reconocen como provisorias y falibles, pero no es así para el propio mundo. Cuando la crisis alcanza a la lógica y revela sus insuficiencias, queda claro que lo reales más profundo y el mundo es más vasto que la lógica. El mundo está inmerso en un Misterio inaudito, pero todavía no se sabe que este misterio contiene la debilidad de lo real.

De hecho, lo real se había ido debilitando insidiosamente desde que había surgido la física cuántica, a principios de este siglo. Ciertamente, la microfísica nos revelaba, en el nivel de la partícula, los límites de nuestras posibilidades de observación (principio de incertidumbre de Heisenberg), los límites de nuestra lógica (la complementariedad de las nociones de onda y de corpúsculo), e inauguraba la era de un pensamiento científico "débil, incapaz de captar el ser de las cosas y la sustancia de lo real. Sin embargo, y al mismo tiempo, la sustancialidad y la materialidad de lo real se habían debilitado, debilitando al mismo tiempo la plenitud misma de lo real... Más aún, la unidad misma de lo real se vio afectada cuando aparecieron unos niveles de realidad heterogéneos entre sí: el nivel microfísico, el nivel mesofísico (el de nuestros seres y nuestras vidas), el nivel cosmofísico, y quizás también un tipo de realidad desprovista de todo lo que constituye nuestra realidad, es decir, de la separación espacio-temporal...

Por eso la crisis de los fundamentos no puede ser concebida únicamente como una crisis de los fundamentos de la filosofía y luego de la ciencia; es al mismo tiempo una crisis de los fundamentos del mundo, reveladora de su imperfección congénita, de su estado incompleto, de su carácter degradable, revelador al mismo tiempo de la debilidad y de la insuficiencia de la Realidad.

Entonces, no es solamente la impenetrabilidad de lo real sino también su debilidad lo que nos conduce a la idea vattimíana del pensamiento débil: ¿cómo imaginar un pensamiento que no sea débil para un mundo débil?

De todas maneras, hay que estudiar con más atención la idea del mundo débil. La debilidad del mundo no es una especie de leucemía o de anemia generalizada. Hay, en el mundo y en lo real, sorprendentes cocteles de fuerzas y debilidades: ya hemos indicado que el mundo incluye cierto número de debilidades propias: una debilidad originaria (la ruptura), una debilidad de sustancia (la realidad), una debilidad de textura (el orden ya no es el soberano absoluto).Pero cada una de estas debilidades encierra su fuerza: la ruptura originaria liberó energias y potencialidades organizadoras inauditas-, la debilidad de lo real supone un más acá y un más allá de lo real, que han sido su fuente y su sostén; la debilidad Orden deja un lugar para una dialogística compleja Orden/Desorden/Organizacion, de donde han nacido y siguen naciendo átomos, astros, seres vivientes, mitos, ideas.

De hecho, es la complejidad del mundo la que está tejida con fuerzas y debilidades: las debilidades del mundo son ingredientes de la complejidad del mundo. La complejidad implica incertidumbre, azar, corruptibilidad, degradación, pero en relación dialogística (complementaria y antagonista) con determinación, orden, regenaración, que son sus puntos fuertes y sus momentos fuertes. Si la lógica y la racionalidad siguen siendo fragmentarias, segmentarias, provinciales en nuestra aprehensión del mundo, serán fuerzas a nuestro servicio para concebir el coctel de su complejidad.

Ciertamente, hay que reconocer que- el pensamiento de un mundo imperfecto es y seguirá siendo inevitablemente imperfecto. Ciertamente, hay que reconocer que la mente humana no puede y no podrá captar los misterios del Origen, del Ser, del Sentido del mundo. Pero es necesario concebir también que el debilitamiento de la sustancia del mundo trae consigo una problematización fuerte y generalizada que da nuevo impulso a la fuerza imaginativa y a la disposición hipotética. (¿No es notable que la mayoría de los grandes físicos de nuestros días sean metafísicos salvajes, que lanzan las hipótesis más aventuradas sobre la naturaleza de nuestro universo?) Hay que ver que el pensamiento fuerte del racionalismo y del determinismo clásicos, incapaz de reconocer el desorden, el azar, la degradación, la muerte, sólo podía concebir una mecánica trivial incapaz de crear o de crearse. De la misma manera que un mundo totalmente ordenado es un mundo débil que no posee ni una pizca de invención, asi un pensamiento totalmente ordenado es totalmente débil frente a las realidades complejas de nuestro mundo. De hecho, todo pensamiento hiper-fuerte es un pensamiento hiper-débil.


Inicio del artículoAnteriorRegresosiguiente