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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1992

Razones de la versión castellana


El propósito de verter al castellano sus (Historiae) De rebus Hispaniae no lo tenía en mente el padre Mariana cuando comenzó esta obra: en la dedicatoria de la Historia general de España a Felipe III dice el autor que el hacer una traducción de la misma estaba "muy fuera" de lo que había pensado al principio.

Mas Benito Sánchez y Alonso exagera un poco cuando afirma que la claridad y el buen orden de la obra contribuyeron a procurarle "su gran reputación y a estimular los deseos de que se ampliase aún más el número de posibles lectores poniéndola en castellano."[Nota 24] Francisco Pi y Margall, por su parte, dice que cuando el padre Mariana publicó la obra en latín "recibió de los hombres doctos de varios pueblos de Europa calurosos aplauso?. [Nota 25] Parece que hubo otros motivos que impulsaron al autor a llevar a cabo la traducción al castellano. Georges Cirot, cuyos estudios sobre el padre Mariana y su obra todos los eruditos reconocen como muy seguros, afirma que las Historiae no logr aron en Europa, ni por aproximación, el éxito editorial que tal vez esperaba el jesuita. Unicamente en Alemania tuvo la obra amplio conocimiento y aprecio (ediciones deBaltasar Lippius, en Maguncia, 1605, y de Claudius Marnius et haeredes en Francfort, 1606). Se exagera, desgraciadamente, el conocimiento común del latín por esos anos; y E.S. Bates, en su excelente libro Touring in Europe in 1600, [Nota 26]nos hace volver a la realidad en este respecto.

Por otra parte, la misma España ofrecía un público lector de latín muy reducido. Además, los impuestos de cuatro maravedíes por pliego eran demasiada carga para el poder adquisitivo de los españoles aun de entonces. Con todo, el caso de Valencia, en donde al fin del año 1597 ya se habían agotado los ejemplares de la obra allí enviados (tal vez por ser puerto de salida hacia Italia), es una honrosa excepción.

Cualquiera de las dos explicaciones favorecería, de cualquier modo, la publicación de una versión castellana para uso de los nacionales. Ahora bien, para nuestro actual propósito, además de poder precisar los motivos para efectuar la versión, también sería importante dilucidar la autoría o verdadera paternidad literaria de esa traducción. ¿Fue Mariana el traductor, el único traductor, al castellano, de su propia obra? Tanto la edición de 1601, como las de 1608, de 1616 y de 1617 así parecen atestiguarlo. En las portadas de los ejemplares correspondientes se lee: "Histotial General de/España Compuesta Primero en Latín/después buelta al castellano por Juan de Maríana,lD. Theólogo de la Compañía de Jesús .. [Nota 27] Además, las palabras del padre Mariana en su prólogo a la versión parecen no dejar lugar a duda: En la traducción no procedí como intérprete sino como autor; no me até a las palabras ni a las cláusulas; quité y puse con libertad, según me pareció más acertado." Y, luego, las palabras que más directamente han motivado la curiosidad de esta investigación: "( ... ) que unas cosas son más a propósito para gente docta y otras para la vulgar. Cada ralea de gente tiene sus gustos, sus aficiones y sus juyzios,', [Nota 28] afirmación del autor que parecerá respaldada por esta otra de él mismo en su tratado De Rege et Regis Institutione, (Toledo, 1598): ..."No sólo puede parecer a mí una cosa ya otros otra, sino que aun yo mismo puedo ver hoy de un modo lo que ayer ví de otro muy distinto"...

Ante estas palabras sentimos la tentación de buscar para la diferente visión una razón del desengaño barroco como lo entendieron Ernst Robert Curtius,[Nota 29] Gustav René Hocke, [Nota 30] y Arnold Hauser. [Nota 31] Este último, en El manierismo, crisis del Renacimiento, nos habla de "un yo fluctuante y cambiante" y lo ejemplifica arquetípicamente en la posición 'ensayística' de Montaigne, para quien hay valores, pero lo que no hay son valores válidos para todos, en todo momento, en toda circunstancia, o valores que sean siempre válidos para la misma persona [Nota 32] ( ... ) porque la naturaleza humana es inestable, móvil, en modificación constante; porque se encuentra siempre en estado de paso, fluctuante entre diversas situaciones, inclinaciones y estados de ánimo..."[Nota 33] ¿Coincidiría Mariana con esa conciencia heraclítea de Montaigne (II n' y a aucune constante existence, ny de nostre estre, ny de celui des objects. Et nous, et nostre jugement, et toutes les choses mortelles, vont coulant et roulant sans cesse. Ainsi il ne se peut establir rien de certain de ¡'un á l'autre, et le jugeant et le jugé estans en continuelle mutation et branle")? [Nota 34] ¡Cómo contrasta ésta con la posición de Tucídides: "Una verdad para siempre tan acorde, además, con el espíritu de los estoicos! ¿Rozará esto la "doble verdad" a que alude el mismo Hauser [Nota 35] y que malévolamente alguien emparentaría con alguno de los ambiguos consejos sutilmente 63 sugeridos en los Monita secreta presuntamente jesuíticos, publicados en Cracovia, en vida de Mariana (1614) y, segun los cuales, "un idiota pobre es un idiota, y un idiota rico es un rico'.[Nota 36] Pero puede haber muchas más razones que sólo ésas o distintas de ésas.

La autoría de la versión castellana no se apoya solamente en las palabras del padre Mariana. Tomás Tamayo de Vargas, el fiel defensor de su obra frente a los mezquinos ataques de Pedro Mantuano, escribe en la Racón de la Historia del p. D. Juan de Mariana (Toledo, 1.616): "En la traducción, aunque no ai letra que no sea del padre Mariana, algunos le desearon ayudar, pero fuéles imposible (¿i a quién no?) alcanzar la grandeza del estilo latino, no sólo para igualarle, mas para entenderle; i así no fué maravilla aver algún descuido que en su censura pudo dejar de advertir aun su mismo autor."[Nota 37]

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