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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1992

1. Origen y originalidad del principio de subsidiariedad


En su origen, la subsidiariedad no tiene nada que ver con la Comunidad Económica Europea ni con el federalismo como tal, sino que nace del catolicismo europeo de finales del siglo XIX y principios del XX, y su formulación como principio se debe al Vaticano (cf. Adonis/Jones, p.179).

Resulta sorprendente el hecho de que el origen del principio de subsidiariedad, fundamento de la Unión Europea, no se encuentre explícitamente en ninguna de la Constituciones de los Estados firmantes de Maastricht (cf. Schindeler, p. 215). Sin embargo, esto no quiere decir que la subsidiariedad no se encuentre de una manera parcial o bajo algún aspecto en las Constituciones de varios de estos Estados cuando se hace referencia a las facultades que tiene cada Estado federado.

El principio de subsidiaridad tampoco es producto de tradición comunitaria (l'acquis communautaire), a pesar de que últimamente ha adquirido una enorme popularidad dentro del marco de la Unión Europea.

Es cierto que ya desde 1951, en el art. 5 del tratado constitutivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) se encuentran trazas de la subsidiariedad: "La Comunidad cumplirá su misión mediante intervenciones limitadas".... "Las instituciones de la Comunidad ejercerán estas actividades con un aparato administrativo reducido, en estrecha cooperación con los interesados." (TCCE, p.25 s).

El tratado de Roma (1957), que instituyó la Comunidad Económica Europea (CEE), atesta en sus artículos 114, 116, 215 y 235 que la subsidiariedad se encuentra implícita en ellos aunque tienen principalmente una función procesal (cf. Constantinesco, 1,p.36).

A su vez, el Acta única Europea (AUE) introduce en el derecho europeo originario, de manera limitada y tan sólo en materia de medio ambiente, la primera formulación de la subsidiariedad, en el art.130 R, apartado 4: "La Comunidad actuará en materia de medio ambiente en la medida en que los objetivos contemplados en el apartado 1 ( =conservar, proteger y mejorar la calidad del medio ambiente; protección de la salud de las personas; garantizar una utilización prudente y racional de los recursos naturales) puedan conseguirse en mejores condiciones en el plano comunitario que en el de los Estados miembros considerados aisladamente. Sin perjuicio de determinadas medidas de carácter comunitario, los Estados miembros asumirán la financiación y la ejecución de las demás medidas" (ACTA, p.16).

1990 fue el año del (re) descubrimiento del principio de subsidiariedad; apareció en el vocabulario de la Comunidad a iniciativa del Presidente de la Comisión, Jacques Delors (cf. Constantinesco, 1, p.35). Y no es sino hasta el Tratado de Maastricht (1992) cuando el principio de subsidiariedad se trata explícitamente y se considera como un principio constitucional de la integración europea.

Más conocido entre los teólogos que entre los políticos, este principio tiene su origen en el tomismo y su forma definitiva la adquirió en una encíclica papal.

El principio de subsidiariedad en su expresión actual tiene su origen en la Doctrina Social Católica; fue formulado por el Papa Pio XI en la encíclica Quadragesimo Anno, en 1931, dentro del contexto de la lucha contra el totalitarismo. La encíclica de Pio XI retoma las ideas de León XIII, quien en la encíclica Rerum Novarum 40 años antes formuló los principios de la Doctrina Social de la Iglesia Católica.

Los derechos del individuo, de las sociedades intermedias y de los grupos sociales fueron defendidos en la encíclica de Pío XI contra el creciente totalitarismo de entre-guerras; esto es, frente a los regímenes fascista, socialista y comunista, que buscaban politizar o incluso aplastar a la Iglesia (cf. Adonis/Jones, p.180).

En la encíclica Quadragesimo Anno el principio de subsidiariedad es formulado así:

"Como no se puede quitar a los individuos y dar a la comunidad lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo e industria, así tampoco es justo, constituyéndose un grave perj u¡cio y perturbación de recto orden, quitar a las comunidades menores e inferiores lo que ellas pueden hacer y proporcionar y dárselo a uña sociedad mayor y más elevada, ya que toda acción de la sociedad, por su propia fuerza y naturaleza, debe prestar ayuda a los miembros del cuerpo social, pero sin destruirlos y absorberlos" (Q.A.79; p.93).

La Doctrina Social Católica lucha contra dos concepciones extremas. Por una parte, la Iglesia se opone a la postura extrema del individualismo y rechaza el dejar todo al individuo sin intervención del Estado; la Iglesia considera al ser humano como un ser esencialmente social que necesita de los demás seres humanos. Por otra parte, la Doctrina Católica toma posición contra la postura extrema del totalitarismo, pues considera un error el que el Estado esté facultado para hacer todo, ya que los individuos, las sociedades intermedias y los diversos grupos sociales perderían así toda la eficacia de su iniciativa y de sus propios medios. Además, la Iglesia entiende que el ser humano, por ser persona, es un fin en sí mismo y no debe ser considerado como un simple medio. Un ser humano no debe ser absorbido como una pieza dentro de un todo estatal, pues perdería su ser, su iniciativa y sus propias fuerzas.

Más tarde Juan XXIII en Mater et Magistra (1961), aplica la subsidiariedad no sólo al papel de la autoridad pública dentro de la economía (estimular, regular, complementar sin remplazar), sino incluso a cuestiones de ayuda regional por parte del gobierno central.

En Pacem in Terris (1963), Juan XXIII extiende la subsidiariedad a los asuntos internacionales, los cuales por su complejidad requieren una intervención supra-nacional que no debe limitar la esfera de acción de la comunidad política nacional, y mucho menos tomar su lugar (cf. Adonis/Jones, p.182).

Pacem in Terris se hace ver que la misión propia de la "autoridad mundial es examinar y resolver los problemas relacionados con el bien común universal en el orden económico, social, político y cultura¡, ya que estos problemas, por su extrema gravedad, amplitud extraordinaria y urgencia inmediata, presentan dificultades superiores a las que pueden resolver satisfactoriamente los gobernantes de cada nación.

(141). Es decir, no corrresponde a esta autoridad mundial limitar la esfera de acción o invadir la competencia propia de la autoridad pública de cada Estado. Por el contrario, la autoridad mundial debe procurar que en todo el mundo se cree un ambiente dentro del cual no sólo los poderes públicos de cada nación, sino también los individuos y los grupos intermedios, puedan con mayor seguridad realizar sus funciones, cumplir sus deberes y defender sus derechos". (P.T. 140 y 141; p. 248)

Finalmente, se debe decir que el principio de subsidiariedad encuentra su fundamento teológico-filosófico en el tomismo. Santo Tomás defiende la tesis de que cada nivel de ser tiene su responsabilidad y sus potencialidades, las cuales deben ser respetadas y aprovechadas (cf.S.C.G.1.3,c.69-70; p. 278s).

1.1. Originalidad del principio
1.2. Subsidiariedad y federalismo
1.3. Lo que no es la subsidiariedad

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