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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1992

1.2. Subsidiariedad y federalismo


La cuestión que surge es la de si un principio teológico-filosófico puede tener un contenido jurídico como para llegar a ser uno de los principios constitucionales de la integración europea. A la vez, habría que saber si de alguna manera este principio añade algo a la concepción federalista tradicional.

La originalidad de la subsidiariedad se ve claramente comparándola con el federalismo. Según Schindler (p.215), el federalismo y la subsidiariedad no se encuentran necesariamente relacionados; el federalismo no está forzosamente condicionado por la preeminencia de las sociedades más pequeñas sobre las más amplias.

La concepción federalista tradicional, nos dicen Adonis y Jones (p.193), incluye por lo menos tres ideas: una división específica de competencias, disposiciones para el ejercicio de la autoridad en áreas de competencias concurrentes, y una cláusula reservando poderes sin trabas a los Estados para actuar en todas las áreas no reservadas, única o concurrentemente, a la federación.

Por su parte, la subsidiariedad no es una fórmula neutral de la distribución del poder dentro de la sociedad; al contrario, gira en torno a una determinada concepción del orden social, subrayando al máximo la auto-ayuda (cf. Adonis/Jones, p. 183). En cambio, la concepción federalista no involucra necesariamente la idea de que lo que el individuo y las sociedades o asociaciones intermedias pueden realizar por su propia iniciativa y con sus propias fuerzas deba ser realizado por ellos mismos, a riesgo de resultar injusto un orden en el que una sociedad más amplia asuma esas facultades. Así, para efectuar la división de competencias entre la Comunidad y los Estados miembros, la subsidiariedad resulta ser un critero determinado que, sin estar contenida en ella, se puede añadir a la noción de federación.

De los 12 países de la Comunidad es sobre todo en la doctrina constitucional alemana en donde el principio de subsidiariedad ha sido formulado y desarrollado más ampliamente; en ella la subsídiaridad tiene principalmente tres funciones (cf. Constantinesco, 2, p. 37s.:) a) Es entendida como un principio de ética política; considera que la sociedad no está principalmente formada por individuos sino por comunidades diversas, dentro de las cuales se sitúa aquél para permitirle su pleno desarrollo. En esta concepción organicista de la sociedad se le reconoce una preeminencia a las comunidades más simples, las cuales deben realizar todas las tareas que les permitan sus propias fuerzas. b) Es también un principio de repartición de competencias, en el sentido de que es por medio de la subsidiariedad como se distribuyen las competencias entre los diferentes niveles de organización pública; cada nivel de poder no debe tener competencia para realizar sino lo que mejor pueda realizar. c) Es, por último, un principio que interviene en el ámbito de las competencias concurrentes. Permite la actualización de una competencia potencial de la Federación; sí ésta puede intervenir mejor que los Estados (Laender), entonces debe hacerlo, aunque los Estados ya hayan tomado, cada uno independientemente, las medidas apropiadas. De este modo, en el derecho constitucional alemán la subsidiariedad resulta ser un principio multifuncional, político y jurídico, que proteje a las personas en el seno de diversas comunidades.


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