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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1992

2. El principio de subsidiariedad en el Tratado de la Unión Europea firmado en Maastricht


El Tratado de Maastricht asigna objetivos a la Comunidad y señala, a la vez, que la Comunidad actuará dentro de los límites de las competencias que el Tratado le atribuye. En él las relaciones entre las competencias nacionales y comunitarias deberán ser regidas y equilibradas por el principio de subsidiariedad. En la delimitación de los ámbitos de competencia, el Tratado hace referencia expresa, en el artículo 3 B, párrafo segundo, al principio de subsidiariedad de la manera siguiente:

"En los ámbitos que no sean de su competencia exclusiva, la Comunidad intervendrá, conforme al principio de subsidiariedad, sólo en la medida en que los objetivos de la acción pretendida no puedan ser alcanzados de manera suficiente por los Estados miembros y, por consiguiente, puedan lograrse mejor, debido a la dimensión o a los efectos de la acción contemplada, a nivel comunitario" (TRATADO, p.13s.).

Dos observaciones:

(a) Resulta interesante la elección que se hace en el texto "versión castellana" (que coincide con la alemana pero no con la francesa en este punto) al formular de una manera positiva este principio. Constantinesco ya había hecho notar (cf.1, p.220) que en la formulación existen dos alternativas: la positiva ("la Comunidad intervendrá en la medida..."), la cual deja relativamente abiertas las posibilidades de la Comunidad; o la negativa ("la Comunidad no intervendrá sino y tan sólo en la medida en que..."), que restringe las posibilidades de la Comunidad y que obligaría a las instituciones comunitarias que quieran hacer valer la subsidiariedad a aportar una prueba más exigente. Ambas formulaciones muestran las dos facetas de la subsidiariedad, pero la positiva, que es la que parece tomar el texto, fomenta el desarrollo de la Comunidad.

(b) El a.3.B incluye una formulación que se asemeja más al principio de efectividad u optimización que al de subsidiariedad (cf. Faber, p.1135), o al menos se trata de un híbrido que incluye en su formulación a ambos.

El a.3.B aunque habla explícitamente del principio de subsidiariedad, no considera a los Estados miembros como sociedades inferiores o subordinadas y no hace mención directamente a la relación entre las sociedades inferiores y las superiores. En cambio, si incluye el término "mejor" que es propio del principio de efectividad u optimización.

Si se quiere conservar el sentido original del principio de subsidiariedad, la interpretación y eventualmente la jurisprudencia deberán acentuar la prohibición que hace el principio, en el sentido de que todo lo que cada uno puede realizar por sí mismo y con sus propias fuerzas no debe ser transferido a otro nivel. El problema se encuentra en la interpretación que se pueda hacer del término "mejor" que contempla el artículo. El riesgo es que se puede cambiar de principio y en lugar de fortalecer las estructuras locales- y estatales lo que se fortalecería sería un tipo de centralismo europeo.

Un principio así formulado difícilmente puede estar sujeto a un control jurisdiccional, pues la cuestión de saber si algo se puede llevar a cabo "mejor" por medio de la Comunidad que por medio de la acción particular de los Estados miembros es de naturaleza política y no jurídica.

El texto ("la Comunidad intervendrá"... "sólo en la medida en que los objetivos de la acción pretendida no puedan ser alcanzados de manera suficiente por los Estados miembros y, por consiguiente, puedan lograrse mejor"... "a nivel comunitario") deberá entenderse en el sentido de que si la capacidad de acción de los Estados miembros (esfera inferior) se revela insuficiente, ésta no debe ser tomada a cargo automáticamente por la Comunidad. Sino al contrario, la Comunidad, por ser más amplia, deberá ayudar y sostener a los Estados a alcanzar los objetivos de la acción pretendida, respetando su naturaleza.


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