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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1992

3.2. Funciones de la subsidiariedad


Según la opinión de Constantinesco (cf. 2, p. 39 s.), la subsidiariedad tiene dos funciones: una como principio de legitimación política y otra como principio operacional.

a) Como principio de legitimación política la subsidiariedad llega a obtener un enorme consenso, pues propone una Comunidad que concentra sus esfuerzos en ciertas áreas delimitadas en donde su acción es más eficaz que la de los países miembros. En este sentido la subsidiariedad ha sido una respuesta política a una inquietud política, puesto que no se trata de una Comunidad que busca concentrar el poder vaciando las competencias de los Estados miembros.

La subsidiariedad, por otra parte, refuerza una tendencia observada desde hace más de diez años, en el sentido de una mayor atención a las colectividades públicas infraestatales. La subsidiariedad introduce una nueva idea de distribución de poder entre la Comunidad, el Estado y la región, eliminando el problema de que la Comunidad pueda aspirar a usurpar competencias que las Constituciones nacionales han reconocido o devuelto a las entidades infraestatales. Aquí la subsidiariedad se convierte en un principio que adquiere una doble función: puede ser utilizado para la integración comunitaria y para la regionalización de los Estados miembros (cf. Heintzen, p. 321).

Esto debe desembocar en una nueva relación entre las entidades infraestatales y la Comunidad. De hecho, antes de Maastricht (cf.Constantinesco, 1, p. 222 s.), ya se había hablado de una representación específica de las entidades regionales, ya sea como un partido en el Parlamento Europeo o como un Consejo de Regiones, cuyos poderes aún estarían por determinarse.

El problema que por otra parte plantea esta nueva relación es que se relativiza el monopolio de la representación internacional de un Estado por medio de su Gobierno, y esto al grado de que se puede uno preguntar si la integración comunitaria no diluirá las fronteras, aparentemente rígidas, que separan el orden interno del orden internacional.

b) Como principio operacional, la subsidiariedad limita las competencias de la Comunidad a las áreas en que ésta pueda probar que su intervención está justificada. Se trata, en cierto sentido, de un desplazamiento de la carga de la prueba que muestra que la acción de la Comunidad no debe substituir a la de los Estados, sino completarla y enriquecerla de una manera cualitativa (cf. Constantinesco, 1, p. 218). La subsidiariedad resulta así un mecanismo para determinar la carga de la prueba, puesto que corresponde a la Comunidad demostrar que su nivel de decisión es más eficaz para resolver un problema cuya naturaleza exige una decisión común. Así la Comunidad podrá ejercitar una competencia potencial, sólo si puede aportar la prueba de que su acción está justificada.


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