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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1992

EL FUEGO NUEVO

Author: Joaquín Gallo[Nota 1]


"Fuego nuevo" son palabras que nos llenan de alegría. La novedad de una nueva luz, de un nuevo fuego, alienta con su lumbre nuestra vida.

Son palabras que llenan de significado dos ambientes distintos, pero paralelos, lleno de espiritualidad uno, y de esperanza el otro.

I

Por un lado pensamos en la ceremonia litúrgica, impresionante, de la celebración de la Resurrección de Cristo que se lleva a cabo en la noche del Sábado Santo cada año, cuando en medio de la oscuridad completa, el sacerdote enciende una luz, el Fuego Nuevo que significa, y lo pregona por tres veces, que Cristo ha resucitado; cada pregón lo va diciendo con voz más fuerte y con tonalidad mayor dando cada vez más ímpetu al espíritu del anuncio de la Resurrección: Lumen Christi que significa que la luz de Cristo ilumina las conciencias y el espíritu de los fieles que suelen abarrotar en esa ocasión los templos.

El anuncio de la Resurrección lleva a cada hombre a pensar en la gracia que nos infundió Jesús manifestando su gloria y la invitación que nos hace a una nueva vida mejor y a un creciente amor a los demás.

Desde la más remota antigüedad el hombre se preocupó de la iluminación de su domicilio y de su templo, usando diversos medios, uno de ellos la candela. Además de las teas o astillas de madera resinosa, se empleó alquitrán, aceite, sebo, cera, etc., y en los que se sumergía una mecha de esparto que encendida, daba luz.

Se llamaba "lucerna" a la lámpara de aceite contenido en un recipiente de arcilla, hierro u otro metal; "candela" significaba la vela de sebo y "cereus" era la vela de cera.

El origen de los cirios en la Iglesia Católica, ya como medio de iluminación, ya como acto litúrgico, se remonta hasta los orígenes mismos del Cristianismo.

Se usaron y se usan los cirios en la administración de los Sacramentos. En el Bautismo, el cirio, símbolo de la fe y de la luz, es tan esencial que a este sacramento se le dio en latín el nombre de iluminatio, es decir: iluminación.

Dentro de la Misa, para la Comunión, los cirios tienen que encenderse, asimismo al llevarla a los enfermos y al darla por Viático a los moribundos. Se usa también una candela o cirio en el momento de la muerte: se enciende en manos del moribundo como símbolo de su fe, de sus buenas obras y de su esperanza en la resurrección y en la vida eterna.

Se emplean los cirios en la consagración o profesión de las personas dedicadas a Dios al recibir el ministerio o al profesar.

Se usan los cirios para impetrar la protección del cielo o como ofrendas de gratitud de los fieles a las imágenes de su devoción por los favores recibidos, costumbre antiquísima y que aún perdura sobre todo en los santuarios más concurridos.

Pero, sobre todo, se emplean los cirios para los Oficios divinos que se realizan en el altar: la Misa, la Comunión, la Exposición y Reserva del Santísimo, las funciones y bendiciones solemnes, etc.

El Cirio Pascual es una vela mayor que las ordinarias, algunas veces de tamaño y peso verdaderamente colosales; se enciende con las velas prendidas directamente con el fuego sagrado bendecido el Sábado Santo, y se coloca en un candelabro grande delante o junto al altar. Al bendecirse las fuentes bautismales, se sumerge el Cirio Pascual tres veces en el agua de ellas, cada vez más profundamente.

La Iglesia en sus primeros tiempos, empleaba en los altares la cera o un aceite balsámico, cuyo perfume se esparcía por el lugar sagrado; pero luego se emplearon más los cirios. Actualmente la Iglesia autoriza el uso del aceite tan sólo para la lámpara que arde siempre ante el Santísimo Sacramento. Para todos los demás actos del culto se usan los cirios. La cera con que deben elaborarse es de abeja, mater apis, sin permitirse el sebo ni la bujía esteárica.

El Cirio Pascual es el anuncio de una nueva vida. Éste se encendía antaño frotando dos maderos secos para sacar la chispa; y el sacerdote, con la nueva luz, iba ofreciendo el Fuego Nuevo a los fieles para que a su vez encendieran gozosos su candela y con ella la luz que representa la Resurrección de Jesús y el amor a todo lo divino.

El Cirio Pascual permanece encendido durante el tiempo de Pascua y en las festividades sacras posteriores durante el año. Símbolo de Cristo, antiguamente se apagaba el día de la Ascensión, en el que subió al Cielo y desapareció de la vista de los hombres, pero dejándonos su ejemplo y su amor que es luz, esperanza, felicidad y vida.

Tiene, pues, el Fuego Nuevo eclesial un enorme significado para los fieles católicos y los enciende de amor, fe y gratitud. Pues el fuego es símbolo de transformación y regeneración hacia una vida espiritual mejor.

II

Al Fuego Nuevo lo celebraban también nuestros antepasados indígenas cada 52 años, cuando la constelación Je las Pléyades o Cabrillas, llamados por ellos Tianquiztli (por la semejanza con una multitud como en los tianguis) pasaban por el cenit.

Todo quedaba en silencio, a oscuras, pues se pensaba que al terminar el ciclo podría también terminar la vida y el mundo. Pero al cerciorarse de que esto no ocurría, se encendía, en en Cerro de la Estrella ubicado al Sureste de la Ciudad de México, en Iztapalapa, el Fuego Nuevo con la esperanza de que, por lo menos, la vida duraría otros 52 años. Al encenderse el Fuego Nuevo se tocaba el teponaztli, el atabal, la chirimía y se hacía oir el ronco sonar del caracol, para anunciar el inicio del nuevo ciclo; la alegría se manifestaba con danzas y embriagueces. Era una ceremonia impresionante, narrada por quienes estudiaron las costumbres de los pueblos primitivos, sobre todo Sahagún.

Los movimientos astrales "eran sumamente importantes para los antiguos mexicanos ( ... ) que tenían un conocimiento exacto del año solar y de los ciclos de Venus y de las Pléyades", dice Johanna Broda.

Pensaban que el Sol podía perecer, y esto hacía "del mundo un escenario de tensiones y para prevenir los destinos adversos, era vital conocer los ciclos del Sol y de todos los cuerpos celestes que, de un modo o de otro, se muestran en relación con él: la Luna, la gran estrella (Venus), Tianquiztli (las Pléyades), Mamalhuaztli (Cinturón y espada de Orión), Cólotl (Escorpión), Colotlixáyatl ("Rostro de Escorpión"), Citlalxanecuilli (¿Osa menor?), Citlaltlachtli ("Juego de pelota de las estrellas"), y otros cuerpos celestes identificados como distintas constelaciones", dice don Miguel LeónPortilla.

César A. Sáenz nos da datos muy interesantes en su libro "El Fuego Nuevo", sobre esta ceremonia: "El fuego se producía al hacer girar fuértemente y con las palmas de ambas manos, un palo cilíndrico dentro del agujero de un madero rectangular, ya que el roce intenso entre las dos maderas secas producía lumbre." "Al madero en forma rectangular los aztecas llamaban teocuahuitl (madero divino) que también era conocido, como xiuhcoatl; el palillo cilíndrico terminaba en forma semicónica, especie de asta o saeta, y se halla dibujado en los Códices en forma de flecha y al cual le nombraban mamalhuaztli (lo que perfora o taladra). Xiuhcoatl mamalhuaztli era también la designación que se aplicaba al conjunto de ambas maderas..."

"En cuanto a la conmemoración del ,siglo' o ciclo de 52 años éste existió, igual que el año de 365 días y el Tonalpohualli de 260 días, desde muchos siglos anteriores al de cualquier pueblo de origen nahua -y desde luego de los aztecas- pues ya eran conocidos con anterioridad por los mayas, de manera que los demás pueblos mesoamericanos lo adoptaron precisamente de los rnayas."

Las fuentes consultadas y la lógica lleva a la conclusión de que el último Fuego Nuevo se celebró el año 1507 -que muy probablemente sea el representado en el Códice Borbónico- y que la llegada de los españoles habría interrumpido el que debía celebrarse en 1559.

En la conmemoración que se llevaba a cabo cada 52 años hacían los de México y toda la comarca -dice Sahagún- una gran fiesta que se llamaba toxiuh molpilia (atadura de los años), que coincidía con el xiuhtzitzquilo (comienzo del Año Nuevo).

Hecha la lumbre se encendía una gran hoguera que podía verse desde Tenochtitlan, donde sus habitantes ofrecían penitencia o autosacrificio...

"De la hoguera tomaban el fuego -que antes había sido apagado en todas partes- y lo llevaban en teas de pino a los diferentes pueblos cercanos y los de México lo conducían al Templo de Huitzilopochtli y luego a los aposentos de los sacerdotes y ministros de los ídolos. De allí lo tomaban los habitantes de la Ciudad y lo llevaban a sus respectivas casas, y lo mismo hacían los sacerdotes de otros pueblos".

Posiblemente el primer Fuego Nuevo celebrado en Mesoamérica tuvo lugar en Xochicalco, presumiblemente en una especie de congreso de pueblos, pues en los bajorrelieves de la Pirámide aparecen glifos nahuas, zapotecos y teotihuacanos, así como la representación de personajes en estilo maya, con tocados en forma de cabeza de serpiente emplumada.

Si se retrocede siete u ochos ciclos de 52 años a partir de 1507, como parecen sugerirlo símbolos de Xochicalco, podemos ubicar el primer festejo del Fuego Nuego en 1143 ó 1091.

La festividad cívico-religiosa del Fuego Nuevo, basada en sus grandes conocimientos astronómicos, llenaba de esperanza el corazón de nuestros antepasados.

Dado que el Fuego Nuevo del Cirio Pascual representa en la Iglesia Católica la alegría de la Resurrección de Cristo y el deseo y esperanza de una mejor vida; y el Fuego Nuevo de los antiguos mexicanos también hacía renacer la esperanza de vivir otro ciclo, destaco este paralelismo entre ambos, pero toda proporción guardada.


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