©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1992

NINA BERBÉROVA. (EL SUBRAYADO ES MÍO)

Author: Selma Ancira[Nota 1]


NINA BERBÉROVA, (El subrayado es mío) 1992, Barcelona, Ed. Circe, 329 p. ISBN 84-7615-834-3.

Junto con Marina Tsvietaieva, Nina Berbérova es otro de los grandes aportes de las letras rusas a la literatura del siglo XX, aun cuando ha sido reconocida con cierta lentitud. Al igual que ha ocurrido con muchos de los escritores rusos (blancos) de la emigración, su descubrimiento ha sido tardío, aunque no tanto como se cree. Es verdad que fue necesario esperar a que la descubriera Actes du Sud en Francia (1984) para que se publicara en España (1987). Pero también es verdad que ya en 1969 se había publicado su autobiografía (El subrayado es mío) en Estados Unidos. Además, en los círculos de los emigrados rusos (a cuya azarosa existencia ha dedicado una parte considerable de su obra) comenzó a ser una escritora reconocida cuando en 1936 escribió la biografía de Chaikovski que, por otro lado, pronto se tradujo a varios idiomas. Unos años más tarde publicó, también en París en donde entonces vivía, Mitigación del destino, un volumen con seis de sus mejores relatos, que fue acogido con gran entusiasmo por la colonia rusa. Si los editores franceses no la leyeron entonces fue porque no quisieron o no supieron. La descubrieron, en cambio, Gorki, Nabókov y Jakobson que la alentaron y apoyaron para que continuara escribiendo.

De la misma manera que todos los grandes escritores, Nina Berbérova despliega en su obra una gama de registros que le permite crear los más diversos personajes, situaciones y ambientes. Por la manera en que traza sus personajes se revela como una audaz continuadora del psicologismo ruso del siglo XIX. Ya en El lacayo y la puta, por ejemplo, se percibe una evidente prolongación de la tradición literaria rusa, pero marcada por el sello de su personalísimo estilo narrativo. Lo mismo ocurre con La acompañante, una pieza magistral dentro de la mejor literatura rusa o con Astahev en París, que no puede sino recordarnos a Chéjov y muy en particular La gaviota. Nina Berbérova es concisa en su escritura y no se pierde en detalles que podrían restarle fuerza a sus narraciones. Esto da como consecuencia otras dos constantes en sus relatos: la brevedad y, sobre todo, la agilidad. El resultado: la pureza, el carácter impecable del relato.

Otra cosa peculiar en sus cuentos y novelas es el universo de sus personajes: el mundo de los emigrados rusos. Es cierto que no son pocos los escritores rusos (y no rusos) exiliados que jamás pierden de vista el origen (Milan Kundera se reveló como una excepción en La inmortalidad), pero el tratamiento de Nina Berbérova es sumamente original. Sus personajes sobreviven inmersos en la miseria, la desesperanza, la sordidez y no son capaces de integrarse a su tierra adoptiva. Al igual que su creador, los personajes de Berbérova tuvieron que elegir entre Rusia sin libertad y la libertad sin Rusia, y eligieron la libertad, pero anímicamente continúan viviendo en Rusia. De allí su postración.

El lenguaje de Nina Berbérova presenta dos marcadas vertientes. En ocasiones es enormemente sencillo, casi transparente, como ocurre en El final de la Biblioteca Turguéniev, y en ocasiones puede ser terriblemente intrincado, difícil, como en algunos pasajes de Roquenval, todavía inédito en castellano. Esta dualidad no es ni artificial ni inexplicable. Deriva de los asuntos, a cuyas exigencias Nina Berbérova adapta magistalmente el lenguaje. Cuando el tema que trata requiere transparencia, no hay opacidades; cuando se complica, la complejidad de la frase crece y exige un esfuerzo por parte del lector.

Además de la narrativa, Nina Berbérova ha cultivado la biografía como género literario. Sus incansables rastreos e investigaciones a propósito de Chaikovski, Borodín o Blok se han convertido en magníficos relatos de las vidas de estos artistas rusos. Chaikovski y Borodín no son ajenos al mundo occidental, y Nina Berbérova, con sus libros, enriquece el conocimiento que tenemos de ellos. Pero su tarea es completamente distinta cuando decide revelarnos la existencia de una personalidad, a la que en la alta sociedad londinense se tenía por "la mujer más inteligente de su tiempo": Mura Budber. Esta mujer había permanecido prácticamente en el anonimato, tanto dentro como fuera de las fronteras rusas. Nina Berbérova decide buscar, indagar, rescatar hechos y datos del olvido, y el resultado de todas las pesquisas se traduce en una valiosa biografía de la condesa Zakrévskaia, también llamada condesa Benckendorff y baronesa Budberg, enigmática personalidad que tanto tuvo que ver con la cultura de su país en el exilio.

Tanto en estas obras, como en su autobiografía El subrayado es mío, Nina Berbérova se apoya, como ella misma lo ha señalado más de una vez, en los hechos. Sobre todo, con el fin de "mantener la objetividad". Aunque esto tiene un valor innegable, en ocasiones la conduce a cierta falta de análisis tanto de comportamientos como de situaciones, como cuando sin contextualizar y sin profundizar en el tema, constata, por ejemplo, el ostracismo al que fue condenada Marina Tsvietáieva por la colonia rusa en Francia. Es cierto que las biografías resultan molestas cuando se apoyan demasiado en el análisis, pero el biógrafo responsable está obligado a ir al menos un poco más allá de la superficie, a indagar las razones o las causas de las conductas de sus biografías. No basta con evocar un llanto o una risa. A pesar de esto algo hay que es verdaderamente muy valioso en todas las biografías de Nina Berbérova: su manera de recrear los ambientes de la emigración rusa que, más que sentidos, fueron percibidos por ella intelectualmente y sirven de inspiración y de modelo a muchas de esas obras suyas que ahora han convertido a Nina Berbérova en una leyenda viviente.

SELMA ANCIRA

Filóloga, Univ. de Moscú.


Inicio del artículoRegreso